{"id":104745,"date":"2020-07-06T08:06:20","date_gmt":"2020-07-06T11:06:20","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=104745"},"modified":"2020-07-06T08:06:20","modified_gmt":"2020-07-06T11:06:20","slug":"rosario-la-historia-del-comedor-de-los-maestros-de-las-flores","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/rosario-la-historia-del-comedor-de-los-maestros-de-las-flores\/","title":{"rendered":"Rosario: La historia del comedor de los maestros de Las Flores"},"content":{"rendered":"<p>Dos veces por semana, docentes y vecinos preparan comida para el barrio. Adem\u00e1s piden por una Eempa en la zona.<\/p>\n<p>La emergencia es la comida y no es de ahora. Hace un a\u00f1o Carolina \u2014alumna de la primaria para adultos N\u00ba 65 de barrio Las Flores\u2014 vio una cruda escena de esa urgencia, cuando un grupo de chicos apenas retiraban la vianda en la Escuela Serrano iban hasta la esquina, buscaban un rinconcito y desesperados se pon\u00edan a comer all\u00ed mismo. En las escuelas los chicos y las chicas ten\u00edan asegurada la comida de lunes a viernes, pero eso se cortaba el fin de semana y el hambre no pod\u00eda esperar. \u201cHac\u00eda poquito que yo hab\u00eda venido a vivir ac\u00e1 y cuando vi que los chicos del fondo hac\u00edan eso se lo coment\u00e9 al profe. \u00c9l me dijo de hacer una comida en casa y ah\u00ed sali\u00f3 la idea de hacer algo\u201d, cuenta Carolina. El profe es Daniel Medina y la propuesta que coordina junto al docente Eduardo Matuc fue armar en la casa de Carolina un comedor comunitario para los vecinos de la zona. Empezaron los s\u00e1bados y ahora la sostienen martes y viernes. Cada d\u00eda dan unas cien raciones. Adem\u00e1s de ayuda para poder sostenerla, piden mejoras en la higiene p\u00fablica y que se habilite por la noche una Eempa en el barrio.<\/p>\n<p>Son las doce del mediod\u00eda, es viernes y el fr\u00edo se hace sentir en Las Flores. A un costado de la parroquia Nuestra Se\u00f1ora de Itat\u00ed, un grupo de mujeres y hombres ya hacen la cola para retirar el plato de comida del d\u00eda. A pocas cuadras de ah\u00ed, cerca de Espa\u00f1a y 5 de Agosto \u2014la colectora sur de Circunvalaci\u00f3n\u2014 comienza a prepararse un guiso de lentejas con pescado en \u201cEl comedor de los maestros\u201d, tal como bautizaron a esa respuesta surgida entre alumnos y docentes. Como en muchas barriadas populares, en tiempos de cuarentena lo que aqu\u00ed se refuerzan son salidas y formas de protecci\u00f3n colectivas.<\/p>\n<p>Carolina tiene 40 a\u00f1os y vive con Marcelo (su pareja) y cuatro hijos en una humilde casita ubicada a una cuadra de la Escuela de Educaci\u00f3n T\u00e9cnico Profesional y Secundaria Orientada N\u00ba 407. La calle corre paralela a Espa\u00f1a y no tiene nombre. \u201cLe pusimos Ciudad Perdida\u201d, cuenta Carolina sobre ese pasaje de tierra que termina detr\u00e1s del Hospital Regional Sur.<\/p>\n<p>A su vivienda se ingresa por un pasillito que se abre en un peque\u00f1o patio donde dos mujeres j\u00f3venes pican las verduras sobre una mesada. Dentro de la casa, entre mates y chicos que toman mate cocido, Carolina prepara la comida. Marcelo es cocinero y fue uno de los primeros que se puso el proyecto al hombro. Pero como ahora est\u00e1 trabajando, es ella la que hoy se encarga de los preparativos. \u201cEsto lo vamos a tener listo para las dos de la tarde\u201d, anticipa. Parada en el medio del comedor de su casa, revuelve una olla grande con el almuerzo que se cocina al calor de un mechero. Mezcla el pescado despinado con las cebollas y el agua. El vapor trepa por su rostro y con el barbijo se le dificulta respirar. Pero igual se las arregla para estar en cada detalle: da indicaciones a los maestros para que traigan las lentejas, le dice algo a uno de sus hijos y recuerda el origen de esta respuesta solidaria sostenida a fuerza de compromiso.<\/p>\n<p>El comedor comenz\u00f3 a funcionar el s\u00e1bado 20 de julio de 2019, en plenas vacaciones de invierno. Consiguieron la garrafa, un mechero, una olla prestada de una escuela y dos maestros carpinteros (Mario Villarreal y Edgardo Fern\u00e1ndez) les dieron palas para revolver. Ana Toribio, Corina Iocco y Nahuel Retamozo tambi\u00e9n estuvieron desde el inicio, al igual que vecinos como Hugo \u2014alias El Chavo\u2014 y Dar\u00edo \u201cLarry\u201dAbalos. Para la comida pidieron donaciones y entre los que respondieron de inmediato estuvo un grupo de maestros jubilados que se organiz\u00f3 para juntar los primeros alimentos. Despu\u00e9s, el boca a boca, las redes sociales y una nota publicada a fines de julio del a\u00f1o pasado en El Eslab\u00f3n ayudaron mucho a la difusi\u00f3n de la iniciativa.<\/p>\n<p>Daniel Medina se acerca a la olla para ayudar con la preparaci\u00f3n. Tiene puesto el guardapolvos que lo identifica como maestro, el mismo que usa cuando le da clases a Carolina y a sus compa\u00f1eros en la primaria nocturna N\u00ba 65, que hasta hace poco funcionaba en la Escuela Serrano. Una serie de episodios violentos hab\u00edan alejado en 2018 a muchos de sus alumnos y alumnas de la nocturna. Entonces decidi\u00f3 ir a buscarlos para que no pierdan el a\u00f1o. \u201cHicimos un proyecto de dar clase casa por casa. Ah\u00ed hubo un contacto estrecho con las familias y ahora estamos en la biblioteca de la 407 de 16 a 18.20. Ah\u00ed hay como 20 alumnos anotados y dentro de ellos est\u00e1 Carolina\u201d, cuenta sobre el aula radial que desde el a\u00f1o pasado funciona en el predio inaugurado en marzo de 2015. Varios de esos estudiantes reciben tambi\u00e9n la comida. Junto con Eduardo Matuc \u2014profesor de historia en los tres turnos de la 407\u2014 Medina participa de la agrupaci\u00f3n sindical Sim\u00f3n Rodr\u00edguez (integra el Frente Trabajadores de la Educaci\u00f3n de Amsaf\u00e9), desde donde organizaron campa\u00f1as para juntar ropa y frazadas para el barrio. Medina adem\u00e1s es director en la escuela que funciona en la Unidad Penitenciaria N\u00ba 3 y del aula radial de la Unidad 6.<\/p>\n<p><strong>Una olla a presi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Un reciente informe de la oficina argentina de las Naciones Unidas indic\u00f3 que casi la mitad (el 45,3 por ciento) de los hogares ubicados en villas y asentamientos del pa\u00eds hab\u00eda dejado de consumir alg\u00fan alimento por limitaciones en el ingreso. Y que para fin de a\u00f1o seis de cada diez ni\u00f1os de la Argentina iban a quedar sumergidos en la pobreza. Pero en Las Flores esos n\u00fameros tienen rostro.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Ey, Matuc!\u201d, grita un pibe que pasa en bicicleta. Hace veinte a\u00f1os que Eduardo Matuc es docente en Las Flores. Est\u00e1 parado a metros de la colectora, en la esquina, frente a un mural realizado para el \u00faltimo D\u00eda del Maestro (11 de septiembre) por el colectivo pol\u00edtico y art\u00edstico El Movimiento Rosario. En la pared est\u00e1n pintados una maestra y un maestro alrededor de una olla hirviendo, desde donde salen como humos las palabras trabajo, paz, educaci\u00f3n y salud. A un costado, dos frases: \u201cDonde hay un maestro est\u00e1 la escuela\u201d y \u201cDonde est\u00e1 la escuela est\u00e1 la patria\u201d.<\/p>\n<p>\u201cCon la cuarentena \u2014cuenta Matuc\u2014 parece que la gente empez\u00f3 a desprenderse de alguna ropa y pudimos conseguir cosas para el barrio. Algunas agrupaciones pol\u00edticas nos dieron una mano grande con mercader\u00eda y poni\u00e9ndonos en una lista del Banco de Alimentos\u201d. Una distribuidora de gas les dona dos cargas mensuales de garrafa. Cada gesto solidario fue clave en este tiempo para sortear el hambre. Dice que las ollas populares y merenderos est\u00e1n conteniendo m\u00e1s que los subsidios del Estado. Y que al haber varias, sean de organizaciones o de los propios vecinos, se coordinan para que no se superpongan y puedan asistir a todos los que necesitan un plato caliente.<\/p>\n<p>El docente dice que las necesidades son cada vez m\u00e1s urgentes. \u201cTengamos en cuenta \u2014explica\u2014 que venimos de cuatro a\u00f1os de ajustes que en el barrio se sintieron y mucho, con p\u00e9rdida de fuentes de trabajo, de programas educativos y sociales que antes permit\u00edan contener al menos las necesidades sociales\u201d. En ese contexto fue que hace un a\u00f1o decidi\u00f3 junto a Daniel y los vecinos ponerse en campa\u00f1a y trabajar para ayudar desde el comedor con la alimentaci\u00f3n de la gente del barrio. Las familias de sus alumnas y alumnos.<\/p>\n<p>\u201cEmpezamos los s\u00e1bados pero a los dos meses ya est\u00e1bamos dos d\u00edas a la semana por la necesidad que hay. Esto arranc\u00f3 hace casi un a\u00f1o, pero la cuarentena lo agudiz\u00f3 un mont\u00f3n\u201d, dice Medina. Y Matuc completa: \u201cLa gente del barrio sabe m\u00e1s o menos qu\u00e9 d\u00eda puede ir a buscar a un lugar y a otro. Y eso explica en parte que los barrios en este tiempo no hayan explotado\u201d.<\/p>\n<p><strong>Sin conexi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Las medidas de aislamiento social impuestas de forma preventiva ante la pandemia del coronavirus tuvo sus propias din\u00e1micas en las barriadas populares. La imposibilidad de que familias numerosas puedan cumplir con el \u201cquedate en casa\u201d en espacios m\u00ednimos deriv\u00f3 en cuarentenas comunitarias, m\u00e1s cercanas al \u201cquedate en el barrio\u201d.<br \/>\nTambi\u00e9n el acompa\u00f1amiento pedag\u00f3gico tuvo sus obst\u00e1culos en hogares con escasa conectividad. \u201cAc\u00e1 hay muy poca conectividad, casi nada. O hay un tel\u00e9fono para recibir las cosas de los cuatro chicos que van a la escuela. Pero tambi\u00e9n falta el v\u00ednculo con el maestro\u201d, reflexiona Matuc. Con los estudiantes de la secundaria al principio de la cuarentena intent\u00f3 coordinar por Facebook, pero al final decidi\u00f3 optar por armar grupos de WhatsApp, una herramienta que encontr\u00f3 m\u00e1s \u00e1gil para mantener el contacto con sus alumnos de los diferentes turnos de la escuela.<\/p>\n<p>El docente recuerda que con la anterior gesti\u00f3n nacional se cort\u00f3 la entrega de netbooks a las alumnas y alumnos. \u201cEso tambi\u00e9n jug\u00f3 un poco en contra. Y tambi\u00e9n nos encontramos con que todo se fue relajando y con el pasar de las semanas no hemos recibido de parte de nuestras alumnas y alumnos tantas respuestas como recib\u00edamos al principio\u201d, cuenta.<\/p>\n<p><strong>Un lugar de encuentro<\/strong><\/p>\n<p>Natalia Giraudo es docente reemplazante de ciencias sociales en la 407 y tambi\u00e9n colabora con el comedor de Las Flores. Tambi\u00e9n trabaja en la secundaria Don Bosco de barrio Ludue\u00f1a, donde dice que si bien hay din\u00e1micas m\u00e1s organizadas, la realidad social y educativa es pr\u00e1cticamente la misma. \u201cTambi\u00e9n nos manejamos con WhatsApp, se mandan documentos en PDF, pero si a una mam\u00e1 que tiene tres hijos le mandamos un trabajo por cada chico y materia le colapsa el tel\u00e9fono\u201d.<\/p>\n<p>El profe Daniel Medina da cuenta de un relevamiento que realizaron con alumnos y alumnas de primaria, donde los chicos y chicas relatan que la tarea escolar la hacen \u201ccuando tienen ganas\u201d o \u201ccuando pueden\u201d. Medina describe otra situaci\u00f3n: \u201cMuchos recibieron los cuadernillos de Naci\u00f3n y otros tareas que les preparan los maestros, pero en muchas casas tambi\u00e9n pasa que hay poco lugar para sentarse\u201d. Giraudo agrega otro ejemplo: \u201cSi los pap\u00e1s trabajan, el hermano mayor por lo general es el que cuida a sus hermanitos y se hace cargo de la casa o de hacer los mandados. Eso al momento de hacer la tarea se ve. Por eso queda claro que la escuela, adem\u00e1s del aprendizaje, es un lugar de encuentro, de socializaci\u00f3n y contenci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Las voces se superponen y entre ellas se escucha la de Carolina: \u201cProfe, necesito que me destapen esta lata\u201d. Todos colaboran: mientras Matuc agrega m\u00e1s agua, el profe Daniel revuelve la olla y las chicas terminan de cortar las \u00faltimas verduras. En un rato m\u00e1s las cien raciones del guiso van a estar listas para las 32 familias que suelen acercarse con un tupper a buscar su plato.<\/p>\n<p>La imposibilidad de cumplir con el quedate en casa en espacios m\u00ednimos deriv\u00f3 en cuarentenas comunitarias, cercanas al \u00abquedate en el barrio<\/p>\n<p>En la charla se cuela tambi\u00e9n la realidad del barrio. Carolina dice que ahora est\u00e1 un poco m\u00e1s tranquilo, que hay un respiro, pero que \u201chubo un tiempo que estuvo feo\u201d. En este punto, destaca que la mano solidaria tambi\u00e9n es necesario tenderla hacia esos j\u00f3venes que se ven envueltos en situaciones complejas como las adicciones y el delito. \u201cNosotros hablamos mucho a los chicos que andan as\u00ed, soy muy de hablarles, \u2019corte mam\u00e1\u2019 y me gusta eso\u201d, dice. En este tiempo algunos j\u00f3venes se acercaron a colaborar en el comedor y ayudaron a cocinar. Junto a su mam\u00e1 Mar\u00eda, Nair es otra de las colaboradoras y cuenta que hay muchos pibes \u201cque est\u00e1n en la calle y toda su vida estuvieron solos\u201d, pero que cuando se acercan a una propuesta como la del comedor se sienten contenidos, ayudan y le encuentran \u201cotro sentido a las cosas\u201d. De hecho, los docentes tienen como proyecto futuro llevar distintos talleres para j\u00f3venes de Las Flores, aunque a\u00fan esto est\u00e1 en carpeta. La higiene p\u00fablica del barrio como el desmalezamiento y la limpieza de las cunetas son otros de los reclamos que mantienen en alto docente y vecinos, sobre todo en tiempos donde se pide extremar las medidas sanitarias.<\/p>\n<p>El comedor funciona en la casa de Carolina, alumna en la primaria para adultos.<\/p>\n<p><strong>Una Eempa para el barrio<\/strong><\/p>\n<p>El reclamo por una Escuela de Ense\u00f1anza Media para Adultos (Eempa) es otro de los pedidos que hacen los docentes. Daniel Medina cuenta que desde hace al menos cuatro a\u00f1os que buscan visibilizar la demanda. Ya juntaron firmas en el barrio y en varias ocasiones presentaron el petitorio ante el Ministerio de Educaci\u00f3n provincial, pero hasta ahora no tuvieron \u00e9xito.<\/p>\n<p>\u201cHicimos un relevamiento y lo que vemos es que hay pibes de 26 o 27 a\u00f1os que quieren terminar la secundaria, porque muchos abandonaron en segundo o tercer a\u00f1o al tener su familia y no pudieron volver\u201d, dice el docente. La Eempa m\u00e1s cercana es el que funciona en Oro\u00f1o y S\u00e1nchez de Bustamante. Por eso el pedido concreto es que se habiliten los cargos, porque aulas para que pueda funcionar hay. Por ejemplo, de noche en el edificio de la Escuela Serrano, del otro lado de Circunvalaci\u00f3n, en Las Flores Este.<\/p>\n<p>El profe Matuc dice que la demanda es alta, porque en muchos j\u00f3venes su escolaridad obligatoria qued\u00f3 truncada por tener que salir a trabajar o por embarazos adolescentes. La realidad es m\u00e1s dura a\u00fan cuando confirma que en no pocos casos tampoco est\u00e1n alfabetizados: \u201cEstuvimos ayudando al principio de la cuarentena en otra escuela, entregando bolsones y nos llam\u00f3 la atenci\u00f3n la cantidad de mam\u00e1s j\u00f3venes que no sab\u00edan leer ni escribir\u201d.<\/p>\n<p>Frente a la casa de Carolina, hay otro mural. De un lado, un polic\u00eda que se acerca amenazante hacia un grupo de hombres y mujeres abrazados entre s\u00ed. Uno de ellos le extiende el brazo en se\u00f1al de alto al uniformado. A un costado una quinta figura prepara la comida en una olla. Y para rematar el cuadro, una frase: \u201cLas Flores Sur quiere una Eempa\u201d.<\/p>\n<h6>Fuente: La Capital<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos veces por semana, docentes y vecinos preparan comida para el barrio. 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