{"id":144891,"date":"2024-03-04T06:29:30","date_gmt":"2024-03-04T09:29:30","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=144891"},"modified":"2024-03-04T06:29:30","modified_gmt":"2024-03-04T09:29:30","slug":"el-golpe-de-la-recesion-habitos-y-consumos-a-los-que-la-clase-media-renuncia-por-la-fuerza","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/el-golpe-de-la-recesion-habitos-y-consumos-a-los-que-la-clase-media-renuncia-por-la-fuerza\/","title":{"rendered":"El golpe de la recesi\u00f3n: h\u00e1bitos y consumos a los que la clase media renuncia por la fuerza"},"content":{"rendered":"<p>La inflaci\u00f3n obliga a la clase media a privarse hasta de lo m\u00e1s peque\u00f1o, de los gustos cotidianos. Desde el caf\u00e9 hasta el taxi, se ajusta lo que se puede<\/p>\n<p>Los precios suben y los salarios no alcanzan. Las formas de consumir cambian por la fuerza y algunas directamente cesan. Ante una cotidianidad que no le da tregua al bolsillo, la clase media ya comenz\u00f3 a hacer malabares para lograr llegar a fin de mes. Se compra menos, se elige distinto y hasta los usos del tiempo libre se transforman. En los testimonios de la gente se vislumbra la pesadumbre y el disgusto.<\/p>\n<p>Productos de marcas m\u00e1s baratas y en menos cantidades es la principal medida que se adopta. Pero tambi\u00e9n muchos dicen chau a los planes nocturnos, las comidas son a la canasta, se persiguen promociones y descuentos, adi\u00f3s a los taxis y a veces hasta al colectivo, con la bicicleta como opci\u00f3n. Varones que renuncian al champ\u00fa, clientes que ya no compran manteca o ni qu\u00e9 decir quesos. Grupos de amigas que descartan, para cumplea\u00f1os, la costumbre de hacerse regalos. Estas son algunas de las declaraciones que se repiten y muestran que llegar a fin de mes requiere de un ajuste hasta en las cosas m\u00e1s cotidianas. Algo es claro: forzada por el delirio de precios que suben a lo loco e ingresos que se estancan, la clase media renuncia a la fuerza a h\u00e1bitos que eran parte de la vida regular y que hoy le son inaccesibles.<\/p>\n<p>Ernesto tiene 56 a\u00f1os, trabaja en una empresa period\u00edstica desde hace 25 a\u00f1os, es divorciado y tiene dos hijas. Se form\u00f3 el h\u00e1bito desde que recuerda de ir al bar a tomar un caf\u00e9 doble con una medialuna para leer. Una rutina que forma parte de su personalidad. Hace m\u00e1s de un mes las cosas cambiaron, espera que por no mucho tiempo. \u201cDirectamente no puedo afrontar el gasto. Depende lo que dure el mes son entre 25 mil y 30 mil pesos. No me lo puedo permitir\u201d, dice con amargura. \u201cCon la mam\u00e1 de mis hijas decidimos que la mayor parte de nuestros ingresos van a ser para la educaci\u00f3n de las nenas. Pagar el colegio, ingl\u00e9s y el club m\u00e1s los gastos de comida se lleva todo. Ya no me compro un libro. Por lo menos tengo casa propia\u201d.<\/p>\n<p>\u201cYa no vuelvo tanto a mi pueblo, el pasaje pas\u00f3 de 4.900 a 12.000 pesos, es mucho. Eso implica que veo menos a mi familia, a mis amigos, a mis perros, es muy triste. Por otro lado, intento no comprar cosas que antes consum\u00eda todas las semanas, como crema de leche\u00bb. Quien lo es dice Luca, un estudiante de la UNR oriundo de San Jer\u00f3nimo Norte. Su caso deja entrever una realidad: son muchos los que provienen de otras localidades y vienen a Rosario a estudiar. Algunos postergan su a\u00f1o acad\u00e9mico para m\u00e1s adelante, cuando el panorama mejore, otros con m\u00e1s suerte se ajustan en el d\u00eda a d\u00eda y dejan de consumir cosas peque\u00f1as que hac\u00edan a la cotidianeidad pero que, a fin de mes, representan una suma importante. Eugenia dice algo parecido: es de Victoria, el pasaje para volver los fines de semana le sale 7 mil pesos. Comer con los padres y estar el lunes supone, entonces, unos 14 mil.<\/p>\n<p>\u201cNo salgo a comer con mi novia, no me compro ropa y ya casi no juego al f\u00fatbol 5\u00a0con los pibes, antes lo hac\u00eda todas las semanas.\u00a0Compro la comida con tarjeta de cr\u00e9dito\u00a0en Empleados de Comercio para controlar lo que gasto y\u00a0pateo el gasto un mes para adelante\u201d, cuenta Franco, estudiante y trabajador en un local de ropa.<\/p>\n<p>Con respecto al tiempo libre, el ocio y las salidas nocturnas hay una coincidencia, tanto de varones como mujeres, a la hora de afirmar que\u00a0los fines de semana se pasan adentro\u00a0o, a lo sumo, se va a la casa de alguien, al parque o alg\u00fan espacio p\u00fablico a tomar algo.\u00a0Se intentan\u00a0evitar los lugares que cobran entradas, las\u00a0latas de cervezas a precios demasiado altos,\u00a0y si los\u00a0espect\u00e1culos son a la gorra, mejor. Al encuentro\u00a0se llega ya comido\u00a0o, en su defecto, con un tupper para aportar a la\u00a0canasta comunitaria.\u00a0\u00bfTaxis? Se evitan.\u00a0El \u00faltimo aumento de la tarifa fue hace un mes, con una bajada de bandera a 1.176 pesos los viernes y s\u00e1bados a la noche. Quienes se trasladan los fines de semanas, caminan o andan en bici o, a lo sumo, eligen el transporte p\u00fablico.<\/p>\n<p>Carla es docente en el Superior de Comercio y tiene una hija de un a\u00f1o y medio. Para ella,\u00a0la organizaci\u00f3n y la rigurosidad son fundamentales\u00a0para combatir el aumento de los precios que, de todos modos, termina siendo una tarea desgastante. Ya no piden comida, ni se merienda ni desayuna afuera. Se cocina mucho y se freeza en cantidades. \u201cCompramos, cocinamos y freezamos un mont\u00f3n. No comemos lo que tenemos ganas sino lo que est\u00e1 m\u00e1s barato y lo que es de estaci\u00f3n.\u00a0Pa\u00f1ales compro cuando hay promoci\u00f3n bancaria\u00a0y lo hago en cantidad\u00a0para tener para rato.\u00a0Pero ropa y juguetes ya no consumo, uso lo que me han donado\u201d. Quienes son padres, se ajustan para brindarle lo mejor a sus hijos. Sin embargo, a veces, hasta los chicos sufren las consecuencias del aumento de los precios. \u00abLe tuve que explicar a Sarita que no pod\u00edamos ir a Sacoa como ella quer\u00eda, que es muy caro y los juegos duran muy poco. Es una nena de cuatro a\u00f1os y tuvo que entender eso\u00bb, comenta Andr\u00e9s, trabajador de prensa.<\/p>\n<p>Luc\u00eda es\u00a0psic\u00f3loga\u00a0y relata, preocupada, que ella y sus colegas empiezan a ver una ca\u00edda en la cantidad de pacientes. \u00abMuchos dejan o te piden hacer el encuentro cada quince d\u00edas y no una vez por semana. Yo misma le voy a proponer eso a mi psic\u00f3loga porque si no, se me va much\u00edsimo. Con colegas vemos que\u00a0la demanda baj\u00f3 mucho en comparaci\u00f3n con a\u00f1os anteriores. Es caro, y si no alcanza para comer, menos para la salud mental\u00bb. En este sentido, el Colegio de Psic\u00f3logos de Rosario establece, hasta el d\u00eda de hoy, 8.000 pesos el honorario referencial particular. Por supuesto, muchos atienden por obra social que, sin embargo, son un punto de conflicto importante. Son varios los que dejan las obras sociales y prepagas que ven\u00edan teniendo por otras m\u00e1s baratas para poder afrontar los gastos.<\/p>\n<p>Valentina es\u00a0cel\u00edaca\u00a0desde hace m\u00e1s de diez a\u00f1os. Fue dif\u00edcil adecuar sus h\u00e1bitos alimenticios y entrar a un mundo donde el cuidado es la \u00fanica herramienta para sentirse bien. Comer sin harinas implica no comer en ning\u00fan lado excepto aquellos espacios que espec\u00edficamente muestran el logo de las espigas tachadas. Hist\u00f3ricamente los precios de los productos para los cel\u00edacos fueron altos, ahora resultan imposibles pero, lamentablemente, ineludibles. \u00abTengo la \u00absuerte\u00bb de tener otras amigas cel\u00edacas y\u00a0hacemos compras comunitarias tratando de conseguir los mejores precios. Es todo un problema, porque no se pueden consumir cosas sueltas y lo envasado es m\u00e1s caro. Pero es obligatorio para nosotras comprarlo, es nuestra salud. Por eso tenemos que recortar por otro lado como, por ejemplo, las actividades que una hace o las salidas.\u00a0Compramos en distribuidoras de Buenos Aires tambi\u00e9n porque es m\u00e1s barato\u00bb.<\/p>\n<p>En el grupo de amigos de Amanda, de 25 a\u00f1os y empleada, hay una rutina interrumpida: la de hacerse regalos en los cumplea\u00f1os. \u00abSe termin\u00f3, se entiende a la fuerza, nos juntamos a festejar en un bar. Pero en vez de dar un libro o lo que sea al que cumple, el regalo es estar ah\u00ed y que cada cual se pague lo que vaya a tomar. En el futuro veremos, ahora es as\u00ed\u00bb, expone.<\/p>\n<p>Mucha organizaci\u00f3n y b\u00fasqueda constante para conseguir el mejor precio, la oferta justa, la promoci\u00f3n del d\u00eda. Al mismo tiempo, el encuentro con otros se hace necesario e ineludible para repartir gastos. Las calles se patean, los gustitos se restringen. La salud, si no es urgente, se pone en un segundo plano. El entretenimiento disminuye, cambia sus formas y, de pronto, pagar una entrada es un lujo para pocos.<\/p>\n<h6>Fuente; La Capital<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La inflaci\u00f3n obliga a la clase media a privarse hasta de lo m\u00e1s peque\u00f1o, de los gustos cotidianos. 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