{"id":147425,"date":"2024-06-14T05:47:01","date_gmt":"2024-06-14T08:47:01","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=147425"},"modified":"2024-06-13T19:11:52","modified_gmt":"2024-06-13T22:11:52","slug":"neuquen-aunque-se-quedo-ciega-saco-su-comedor-a-las-calles-para-calmar-el-hambre-de-personas-sin-hogar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/neuquen-aunque-se-quedo-ciega-saco-su-comedor-a-las-calles-para-calmar-el-hambre-de-personas-sin-hogar\/","title":{"rendered":"Neuqu\u00e9n: Aunque se qued\u00f3 ciega, sac\u00f3 su comedor a las calles para calmar el hambre de personas sin hogar"},"content":{"rendered":"<p>Do\u00f1a Julia alimenta a 35 personas todos los d\u00edas en Cuenca XV. Adem\u00e1s, reparte viandas los fines de semana, desde el Oeste hasta el Parque Central. Conoc\u00e9 su historia.<\/p>\n<p>El amor de Do\u00f1a Julia hace caso omiso a todos los obst\u00e1culos. Despu\u00e9s de m\u00e1s de dos d\u00e9cadas de serpentear las dificultades para alimentar a todos los que llegan a su comedor de Cuenca XV, entendi\u00f3 que el hambre le ped\u00eda un esfuerzo m\u00e1s. Y ahora, ya ciega y con los recursos que cada vez alcanzan menos, ella se las ingenia para salir a repartir platos de comida caliente entre las personas que encuentra viviendo en la calle.<\/p>\n<p>Al final del sector Nueva Jerusal\u00e9n, ah\u00ed donde la traza del camino se diluye en la tierra seca de la meseta, una peque\u00f1a puerta blanca parece estar siempre abierta. Cada mediod\u00eda, y por el lapso de una hora,\u00a0se abre como un vaiv\u00e9n para entregar viandas a m\u00e1s de 30 vecinos del barrio. Y el resto del tiempo, a\u00fan cuando parece cerrada, est\u00e1 dispuesta a abrirse para ayudar a otros, como si\u00a0las recetas del comedor fueran s\u00f3lo una excusa para\u00a0transformar las vidas m\u00e1s all\u00e1 del hambre.<\/p>\n<p>Hace ya varios a\u00f1os que Do\u00f1a Julia no ve.\u00a0Un glaucoma le carcomi\u00f3 los nervios \u00f3pticos en plena pandemia de coronavirus, cuando el miedo a un contagio pudo m\u00e1s que las sombras que se apoderaban del paisaje. \u00abHab\u00eda que estar ah\u00ed afuera, a las 4 de la ma\u00f1ana, haciendo fila para el turno. Por eso no iba y, cuando fui, ya era demasiado tarde; me dijeron que iba camino a la ceguera\u00bb, se lament\u00f3.<\/p>\n<p>Los m\u00e9dicos quisieron salvar lo poco que le quedaba de vista, pero unos cuantos minutos en la guardia le alcanzaron a Julia para decidirse a huir. Cuando estuvo ah\u00ed, en medio de un mar de personas con barbijo y con las camas atestadas de pacientes que no consegu\u00edan respirar, prefiri\u00f3 irse del hospital y sacrificar sus ojos para quedarse en este plano. As\u00ed, al menos, lo explic\u00f3 ella. \u00abImaginate si me quedaba, ahora estar\u00eda en otro lugar\u00bb, dijo como dando a entender que todav\u00eda ten\u00eda mucho para hacer en su casa.<\/p>\n<p><strong>Un comedor para las infancias<\/strong><br \/>\nY su casa es, tambi\u00e9n, su comedor. Es esa puertita blanca que conduce a una habitaci\u00f3n alargada y pintada con colores desgastados. Ah\u00ed, unas manitos infantiles se plasman sobre un lienzo ya amarillento y el dibujo de un \u00e1rbol se trepa por los muros con sus ramas imposibles. Al fondo, hay un horno pizzero y una cocina de gas despidiendo unos aromas que Do\u00f1a Julia reconoce con facilidad.<\/p>\n<p>\u00abHoy hay guiso de lentejas\u00bb, dijo, mientras \u00c9rica, su hija, revolv\u00eda por \u00faltima vez el guiso que borboteaba, agresivo, en una enorme olla de aluminio. \u00abMi hija tiene el secundario completo y se hab\u00eda anotado en un terciario de la Escuela de M\u00fasica, pero dej\u00f3 cuando yo me qued\u00e9 ciega, porque no ten\u00eda qui\u00e9n me ayudara a cocinar\u00bb, explic\u00f3.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo eligen cada men\u00fa? El ingenio parece ser el ingrediente m\u00e1s importante para todos sus platos. \u00abHoy no ten\u00edamos ajo, ni caldo. Tambi\u00e9n nos quedamos sin sal fina\u00bb, explic\u00f3 la mujer, que logr\u00f3 agudizar todos los sentidos ahora que su mundo se oscureci\u00f3.\u00a0As\u00ed, solo necesita el olfato para saber qu\u00e9 plato est\u00e1 cocinando su hija o c\u00f3mo disimular un producto o un sabor que les falta.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n usa el o\u00eddo para saber cu\u00e1l de todos sus vecinos est\u00e1 tocando a la puerta con un tupper vac\u00edo. No necesita verlos para saludarlos por su nombre. Ni siquiera para saber c\u00f3mo est\u00e1n. Con el tacto adivina el cabello largo de una de sus nietas, que tambi\u00e9n vino a buscar su vianda, o percibe la postura derrotada de Rodrigo, un ni\u00f1o que perdi\u00f3 la sonrisa porque as\u00ed, con el est\u00f3mago vac\u00edo, le toc\u00f3 renunciar a la infancia para hacerse cargo de sus hermanos.<\/p>\n<p>\u00abHoy no me diste un abrazo\u00bb, le reclama. Y cuando el nene se va con su olla caliente, Do\u00f1a Julia confiesa su estrategia. \u00abYo se lo pido y \u00e9l me abraza porque piensa que lo necesito yo, pero en realidad es \u00e9l el que lo necesita. Porque nunca lo abrazan en su casa\u00bb, explic\u00f3 la mujer,\u00a0que encuentra en esas vivencias de los dem\u00e1s los recuerdos m\u00e1s dolorosos de su ni\u00f1ez.<\/p>\n<p>Nacida en Cutral Co, la mam\u00e1 de Julia la entreg\u00f3 a un camionero cuando ella ten\u00eda apenas tres a\u00f1os. Termin\u00f3 en Alvear, en la provincia de Mendoza, con un papelito arrugado que era su partida de nacimiento y el \u00fanico resabio de su identidad. \u00abReci\u00e9n a los ocho tuve una mam\u00e1 que me llev\u00f3 a la escuela. No me hicieron cosas feas, no sufr\u00ed ning\u00fan abuso, pero s\u00ed pas\u00e9 mucha hambre y mucho fr\u00edo\u00bb, confes\u00f3.<\/p>\n<p>A ella todav\u00eda le duele. Cuando recuerda esos momentos, las l\u00e1grimas inundan la p\u00e1tina blanquecina de sus ojos ciegos. Pero tambi\u00e9n la llenan de fuerza. Y por eso sostiene un comedor hace veinte a\u00f1os, con o sin ayuda, y sale cada viernes a enfrentar el fr\u00edo de Neuqu\u00e9n con las viandas repartidas en prolijas bandejitas con papel film que pagan con su jubilaci\u00f3n m\u00ednima o con el sueldo que cobra su marido como empleado municipal.<\/p>\n<p>Cada vez que \u00c9rica la lleva del brazo a caminar por el Parque Central, se los cruza con m\u00e1s frecuencia. Se encuentra un colch\u00f3n en el piso o alguien ovill\u00e1ndose contra el fr\u00edo dentro de un cajero autom\u00e1tico. Y entonces entiende que el problema excede las fronteras de las calles de Cuenca XV para multiplicarse por una ciudad que parece estar llena de promesas. Pero que no siempre las cumple.\u00a0\u00abHay gente que es buena y otros que no, pero lo que s\u00ed s\u00e9 es que todos tienen el mismo hambre y el mismo fr\u00edo\u00bb, expres\u00f3.<\/p>\n<p><strong>Una ayuda que excede la comida<\/strong><br \/>\nEn ese sufrir encuentra rasgos de su propia historia.\u00a0\u00abMientras yo tenga fuerzas y pueda ayudarlos en algo, lo voy a hacer\u00bb,\u00a0afirm\u00f3 la mujer, que cocina todos los d\u00edas a las 12 y tambi\u00e9n espera los viernes para repartir las viandas por las calles, desde el oeste m\u00e1s profundo, por Novella, hasta el Parque Central. En el medio, ella y su familia ayudan en todo lo que pueden: albergan a un reci\u00e9n llegado que se qued\u00f3 sin rumbo, adoptan al perro que otra familia ya no puede mantener y hasta le arman un curr\u00edculum a un hombre que se qued\u00f3 sin hogar y sin trabajo.<\/p>\n<p>Desde la nueva gesti\u00f3n del gobierno provincial los asisten con alimentos, pero los productos nunca alcanzan ante una demanda que se multiplica, incluso de familias que antes les hac\u00edan donaciones y hoy, sin trabajo, golpean la puerta blanca para pedirles una vianda. \u00c9rica estira como puede la \u00fanica botella de aceite que les dan cada semana y busca donaciones para que le rindan los paquetes de fideos. En las \u00e9pocas m\u00e1s dif\u00edciles, venden las cajas de pollos que les donan para comprar alimentos m\u00e1s econ\u00f3micos y as\u00ed llenar m\u00e1s platos.<\/p>\n<p>A\u00fan cuando cada vez cuesta m\u00e1s llenarse la panza, Do\u00f1a Julia planea un festejo con torta para el D\u00eda del Ni\u00f1o que llena sus o\u00eddos de m\u00fasica. \u00abMe gusta sentirlos jugando\u00bb, dice sobre una fiesta que ya no puede ver.\u00a0\u00abEs que en estos barrios conflictivos, los chicos son los primeros que tenemos que tratar de sacar porque la educaci\u00f3n viene de la casa, si no vienen a estos espacios, se quedan a la deriva con sus padres\u00bb, explic\u00f3.<\/p>\n<p>Por eso, ella hace hincapi\u00e9 en la educaci\u00f3n de sus hijos y nietos. Busca que la acompa\u00f1en en el comedor para que comprendan que hay realidades m\u00e1s dif\u00edciles que esa que les toca atravesar. Y se mantiene estricta.\u00a0\u00abSi vienen despu\u00e9s de la una, ya no les doy la vianda. Lo hago para que vengan directo desde la escuela, porque si no se juntan con otros grupitos y se ponen a fumar\u00bb, advirti\u00f3.<\/p>\n<p>Incluso en ese contexto, siempre busca un momento para jugar. \u00abCuando ya no nos queda mucho para cocinar, les decimos que vamos a comer polenta a la pizza, que es polenta dura con queso nada m\u00e1s. Pero nos dicen que es su plato favorito\u00bb, relat\u00f3 entre risas. \u00abSi hago postre, hago una especie de mazamorra con leche, harina y az\u00facar. Pero le invent\u00e9 un nombre: les dije que era postre ingl\u00e9s. Y se lo comen contentos\u00bb, a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n<p>As\u00ed, construyen recuerdos y lazos de comunidad. Do\u00f1a Julia ya alimenta a segundas generaciones en su comedor. \u00abEl otro d\u00eda fren\u00f3 un taxi y vi a un hombre gordito, nada que ver con el nene que ven\u00eda a comer. Pero me dijo que se acordaba de m\u00ed y me dej\u00f3 mercader\u00eda\u00bb, relat\u00f3 orgullosa. \u00abAlgunos te dan mucha alegr\u00eda pero hay otros que te duelen la situaci\u00f3n en la que est\u00e1n\u00bb, explic\u00f3.<\/p>\n<p>Por eso, hay veces en que Do\u00f1a Julia agradece haberse quedado ciega. Prefiere no ver los rostros cabizbajos ni las zapatillas rotas de los chicos que llegan con su tupper vac\u00edo. Se conforma con no saber c\u00f3mo es la cara de Rodrigo ahora, que ya perdi\u00f3 la sonrisa. \u00abAhora que no los veo, ya no es tan duro\u00bb, se consol\u00f3. Y aunque no le hace falta la vista para sentir lo que ocurre a su alrededor, prefiere calmar el hambre y el fr\u00edo as\u00ed: con pocas herramientas, pero con una entrega tan grande que se brinda sin mirar a qui\u00e9n.<\/p>\n<p>Para colaborar con el Comedor Do\u00f1a Julia pod\u00e9s comunicarte al tel\u00e9fono: +54 9 2994 20-6498. Necesitan alimentos, como harina o pan, y envases descartables para seguir entregando viandas.<\/p>\n<h6>Fuente: La Ma\u00f1ana Neuqu\u00e9n<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Do\u00f1a Julia alimenta a 35 personas todos los d\u00edas en Cuenca XV. Adem\u00e1s, reparte viandas los fines de semana, desde el Oeste hasta el Parque Central. 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