{"id":161457,"date":"2025-12-10T05:56:29","date_gmt":"2025-12-10T08:56:29","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=161457"},"modified":"2025-12-10T05:56:29","modified_gmt":"2025-12-10T08:56:29","slug":"sur-o-no-sur-es-la-cuestion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/sur-o-no-sur-es-la-cuestion\/","title":{"rendered":"Sur o no Sur, es la cuesti\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>El presente de nuestra latitud se dibuja desde un pergamino de potencias, despojo y represi\u00f3n. Dos grandes mareas \u2014la revoluci\u00f3n mercantil del siglo XVI y la industrial del XVIII\u2014 nos legaron el mapa jer\u00e1rquico del mundo. Desde entonces, el colonialismo y su recomposici\u00f3n neocolonial operaron con el m\u00e9todo m\u00e1s antiguo: expulsi\u00f3n, trabajo forzado, disciplinamiento de cuerpos y territorios. De esa matriz provino una expropiaci\u00f3n eco-biopol\u00edtica que convirti\u00f3 al Sur en zona de sacrificio: patio trasero, cantera, sumidero. Hoy esa gram\u00e1tica se actualiza con disfraz reluciente: un tardocolonialismo 4.0, transhumanista y algor\u00edtmico, que encubre la vieja coacci\u00f3n con nueva pulcritud t\u00e9cnica y reinstala, en versi\u00f3n \u201csmart\u201d, la tr\u00edada depredaci\u00f3n, degradaci\u00f3n y violencia.<\/p>\n<p>Ante semejante evidencia,\u00a0el l\u00e9xico convencional de los Derechos Humanos \u2014abstracto, universalista, casi de laboratorio\u2014 hace tiempo acusa su fatiga:\u00a0promete m\u00e1s de lo que cumple y enuncia sin transformar.\u00a0Si la realidad es concreta, la teor\u00eda que pretenda interpelarla\u00a0debe abandonar la torre de cristal y descender al terreno.\u00a0Ello reclama un\u00a0gesto epist\u00e9mico subversivo: reponer la mirada desde el margen situado, desde las propias heridas.\u00a0No es el Norte el hacedor autorizado de las definiciones; su todav\u00eda centralidad geopol\u00edtica no legitima el monopolio sem\u00e1ntico. Peor, si los criterios de medici\u00f3n quedan capturados por \u00e9lites tecno-financieras. Las devastaciones estructurales \u2014guerras asim\u00e9tricas, expoliaci\u00f3n econ\u00f3mica, miseria programada\u2014 se volver\u00e1n sombras que el sistema nunca pasa a registrar.<\/p>\n<p>De contrario, la pol\u00edtica de los vulnerados exige un cosmopolitismo de abajo: no el universalismo vac\u00edo del m\u00e1rmol, sino el que emerge de la multitud que resiste. Llamemos a las cosas por su nombre: mercado sin l\u00edmites, fetichismo tecnocr\u00e1tico, colonialismo reciclado, patriarcado persistente. El idioma tradicional y desecado de los Derechos Humanos \u2014monocultural, individualista\u2014 tiende a imaginar una \u201cnaturaleza humana\u201d separada del mundo que la sostiene. Ese espejismo lava las manos del sistema que lo produce. La reconstrucci\u00f3n demanda un plural de mundos: la diversidad epist\u00e9mica como principio de realidad. La memoria de las indignidades no es nostalgia: es prueba de cargo. Sin ella, la teor\u00eda se vuelve ret\u00f3rica vac\u00eda.<\/p>\n<p>Y cambiar el \u00e1ngulo importa tanto como cambiar el contenido. Si invertimos la c\u00e1mara, la historia de los Derechos Humanos no empieza en las iluminaciones norc\u00e9ntricas, sino en las sombras que las rodean: masacres fundacionales, econom\u00edas del l\u00e1tigo, soberan\u00edas hipotecadas.\u00a0El crimen de los poderosos no es una anomal\u00eda sino una constante que elabora sus propios dispositivos de invisibilizaci\u00f3n.\u00a0All\u00ed se prueba que la barbarie no acompa\u00f1a a la civilizaci\u00f3n como accidente: la constituye. Y la consustancial herramienta del poder punitivo, como siempre nos ense\u00f1\u00f3 Zaffaroni, conserva la tentaci\u00f3n estructural del exterminio. Racismo, clasismo y sexismo no son manchas sobre una tela blanca, sino los hilos con que se teji\u00f3 la trama. Y, sin embargo,\u00a0el Norte persiste en leer al mundo como espejo que le devuelve su rostro, de modo que todo lo dem\u00e1s aparece siempre como borrador o un derivado.<\/p>\n<p>Desde este conf\u00edn\u00a0no s\u00f3lo es posible sino urgente ensayar la dislocaci\u00f3n necesaria: producir una contraimagen de los Derechos Humanos con materiales de nuestra experiencia, de modo de impedir el \u201cepistemicidio\u201d. Hay que volver contables las lesiones: mortalidad infantil, expectativa de vida, aire y agua respirables, alimento suficiente, acceso real a salud y recreaci\u00f3n, empleo digno. No son consignas, son pericias de verificaci\u00f3n para un derecho que pretenda eficacia.<\/p>\n<p>La tarea es doble: recuperar la vocaci\u00f3n emancipatoria del lenguaje de derechos y, a la vez, reconocer las micro-t\u00e1cticas de supervivencia que ya operan, invisibles al ojo unipolar. Cinco siglos de colonizaci\u00f3n \u2014y un tecnoceno que convierte al planeta en probeta psiqui\u00e1trica\u2014 obligan a actualizar el mapa fundacional y a dibujar uno propio, con br\u00fajula situada. La nueva narrativa jur\u00eddica que rescate lo humano y lo viviente no es un lujo de c\u00e1tedra: es un programa de emergencia. Si queremos que el derecho sea algo m\u00e1s que mera geometr\u00eda del poder, habr\u00e1 que devolverle espesor hist\u00f3rico y vocaci\u00f3n de inmediato remedio. S\u00f3lo entonces dejar\u00e1 de ser promesa y la palabra \u201chumano\u201d volver\u00e1 a tener entidad.<\/p>\n<p>Por\u00a0Alejandro Slokar<\/p>\n<p>*Juez y profesor titular UBA\/UNLP<\/p>\n<h6>Fuente: P\u00e1gina 12<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El presente de nuestra latitud se dibuja desde un pergamino de potencias, despojo y represi\u00f3n. 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