{"id":53910,"date":"2016-09-23T08:38:18","date_gmt":"2016-09-23T11:38:18","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=53910"},"modified":"2016-09-23T08:38:18","modified_gmt":"2016-09-23T11:38:18","slug":"rojo-corazon-salteno","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/rojo-corazon-salteno\/","title":{"rendered":"El rojo coraz\u00f3n salte\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p>Un viaje por los Valles Calchaqu\u00edes salte\u00f1os haciendo base en Seclant\u00e1s, para visitar las extra\u00f1as Cuevas de Acsibi y la laguna Brealito, dos parajes solitarios a los que se accede en camioneta y a pie. En el eje de la Ruta Nacional 40, una visita al pueblito de Molinos, con su reposado ambiente colonial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El principal circuito de viaje en Salta es el de los Valles Calchaqu\u00edes, que se suelen recorrer en uno o dos d\u00edas partiendo desde la capital provincial, para dormir una noche en Cachi y otra en Cafayate. El viaje es espectacular, pero la regi\u00f3n merece ser recorrida con m\u00e1s calma y esp\u00edritu explorador, sali\u00e9ndose de las rutas en busca de parajes solitarios donde los caprichos de la naturaleza crean cuadros surrealistas como las Cuevas de Acsibi y la laguna Brealito. Adem\u00e1s, en estos valles hay pueblitos con asombrosos perfiles coloniales, como Molinos y Chicoana, que a veces se pasan por alto o se visitan en un rato porque se cree que \u201cah\u00ed no hay nada\u201d.<\/p>\n<p>Pero la calma extrema y el silencio absoluto de esos pueblitos en la noche \u2013sin nadie en las calles\u2013 son algo sustancioso tambi\u00e9n, adem\u00e1s de la idiosincrasia de una gente cuya vida reposada parece estar a a\u00f1os luz del caos de nuestras ciudades. La cosmovisi\u00f3n de esas personas es, naturalmente, muy distinta de la nuestra.<\/p>\n<p>Para sumergirse en ese mundo proponemos aqu\u00ed un itinerario por los Valles Calchaqu\u00edes salte\u00f1os que incluya una parada en el pueblito de Seclant\u00e1s. Y salir a explorar sus alrededores y poblados vecinos con todo el tiempo del mundo, \u201cbajando varios cambios\u201d, para absorber por unos d\u00edas parte de la idiosincrasia vallista en armon\u00eda con el ritmo de vida de unas personas que, a simple vista, parecen desconocer qu\u00e9 es la palabra estr\u00e9s.<\/p>\n<p>El misterio de la laguna Brealito, semioculta entre las inmensas monta\u00f1as salte\u00f1as.<br \/>\nEL VIAJE Partimos en auto desde la ciudad de Salta por la RP68, para tomar luego la 33 con rumbo oeste por el Valle de Lerma. Juan, el chofer, nos ofrece un \u201cchicle ecol\u00f3gico\u201d para evitar el apunamiento, unas hojas de coca con las que se hace un acullico que se masca por largo rato. Y cuenta que una vez un periodista lo vio meterse las hojas de coca en la boca y lo mir\u00f3 por largo rato, con preocupaci\u00f3n. Hasta que se atrevi\u00f3 y le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfVos pod\u00e9s manejar bien as\u00ed?\u201d. A lo que Juan le respondi\u00f3: \u201cCuando lleguemos a los vi\u00f1edos no te voy a dejar comer uvas, porque si no te vas a machar\u201d.<\/p>\n<p>Todos masticamos las hojas de coca sin desconfianza, y a los 40 kil\u00f3metros nos desviamos a la izquierda por un camino que lleva hacia Chicoana, un calmo pueblito de casas bajas alrededor de una plaza central. El ambiente antiguo de Chicoana es muy uniforme, y por eso Lucas Demare film\u00f3 aqu\u00ed su cl\u00e1sico La Guerra Gaucha, en 1941. Este pueblo es considerado la Capital Nacional del Tamal, ya que por todos lados se vende esta rica comida hervida en hojas de chala rellenas con harina de ma\u00edz, charqui y carnes de vaca o de cerdo.<\/p>\n<p>De regreso en la ruta 33, dejamos atr\u00e1s el Valle de Lerma para entrar en la Quebrada de Escoipe por un t\u00fanel selv\u00e1tico de la yunga. Esta selva de altura es una mara\u00f1a vegetal de ep\u00edfitas, lianas, helechos, bromelias y altos \u00e1rboles que se amontonan aqu\u00ed porque las nubes se estacionan sobre los cerros descargando su humedad. Pero la selva desaparece en apenas 10 kil\u00f3metros y el paisaje cambia otra vez a cerros cubiertos con una suerte de \u201cterciopelo\u201d verde desde el pie hasta la cima, con cardones de brazos extendidos como candelabros.<\/p>\n<p>El asfalto se termina casi al mismo tiempo que la selva y cruzamos el arroyo Infiernillo, que pasa sobre la misma ruta y a veces, en verano, la corta durante algunas horas. Es muy dif\u00edcil pavimentar en esta zona, porque en verano llueve todos los d\u00edas y los r\u00edos bajan de la monta\u00f1a \u201cpecheando el camino\u201d.<\/p>\n<p>Siempre con rumbo hacia el oeste, subimos la Cuesta del Obispo, una de las rutas panor\u00e1micas m\u00e1s espectaculares del pa\u00eds. La ruta serpentea por la monta\u00f1a desde los 1900 metros sobre el nivel del mar hasta los 2470 de la Piedra del Molino, el punto m\u00e1s alto, ya dentro del Parque Nacional Los Cardones. All\u00ed nos detenemos un rato y vemos un c\u00f3ndor desaparecer dentro de una nube.<\/p>\n<p>Al comenzar la bajada reaparece el asfalto y se ven en la lejan\u00eda algunos caser\u00edos con una capilla solitaria. A los pocos kil\u00f3metros doblamos a la izquierda en el Camino de los Colorados, por la RP42, para llegar a Seclant\u00e1s e instalarnos en la hoster\u00eda de la finca Monte Nieva, una de las dos que hay en el pueblo.<\/p>\n<p>A diferencia de Cayafate y Cachi, Seclant\u00e1s no es un pueblo que viva del turismo, lo cual es parte de su encanto, ya que no hay carteles y casi no se ve gente por la calle. A la hora de la siesta el pueblo parece literalmente deshabitado. S\u00f3lo pasan, cada tanto, hombres a caballo.<\/p>\n<p>Seclant\u00e1s tiene 900 habitantes, calles empedradas, una hermosa iglesia sin cura levantada en 1830 y numerosas casas con cierta influencia morisca, ya que en el pasado se asentaron aqu\u00ed muchos inmigrantes \u00e1rabes. Esas casas tienen en algunos casos arcos ojivales y grandes patios internos de planta cuadrada alrededor de los cuales se disponen los cuartos a la sombra de las galer\u00edas. Todas las casas son de adobe y techo de ca\u00f1a, construidas en el siglo XIX. La casa de la familia Eraz\u00fa, por ejemplo, tiene 200 a\u00f1os. Otra tiene escrito en el dintel \u201cA\u00f1o del Se\u00f1or 1737\u201d.<\/p>\n<p>Como la mayor\u00eda de los pueblos de la regi\u00f3n, Seclant\u00e1s surgi\u00f3 de un n\u00facleo de espa\u00f1oles instalados aqu\u00ed para buscar agua, al abrigo de una monta\u00f1a alrededor del a\u00f1o 1710. El casco urbano surgi\u00f3 rodeando su hermosa Plaza de la Junta, donde se juntaron los gauchos de los Valles Calchaqu\u00edes antes de ir a pelear junto con los generales Belgrano y G\u00fcemes.<\/p>\n<p>Por la tarde salimos a recorrer el Camino del Artesano Calchaqu\u00ed, especializado en tejidos en telar, que va hasta el pueblo de El Colte. Los talleres est\u00e1n al aire libre bajo un techo sostenido por un palo, y varias de sus casas son ranchos de adobe decorados al frente con curiosas columnas griegas. Su especialidad son los ponchos, las chalinas y las mantas.<\/p>\n<p>Un misterioso chorro de agua brota de una pared de la cueva y pone fin a la caminata.<br \/>\nCUEVAS DE ACSIBIA la ma\u00f1ana siguiente partimos con el gu\u00eda de la Finca Monte Nieva, Fido Ab\u00e1n, en una camioneta 4&#215;4 en busca de las Cuevas de Acsibi, la excursi\u00f3n m\u00e1s importante que se hace desde Seclant\u00e1s. Se trata de un circuito poco conocido, original y sumamente extra\u00f1o, que combina una parte en camioneta 4&#215;4 y otra haciendo trekking por paisajes dignos de otro planeta.<\/p>\n<p>La camioneta parte desde la finca Monte Nieva para avanzar sobre el cauce seco de un r\u00edo de lluvia en medio de una amplia quebrada (el verano es la temporada de lluvias). Avanzamos despacio, r\u00edo arriba, calculando metro a metro las maniobras de la camioneta para evitar las piedras m\u00e1s grandes. A los costados crecen algarrobos achaparrados y la quebrada se convierte en un ca\u00f1\u00f3n de paredes sedimentarias que encajonan el viento. Luego de recorrer 16 kil\u00f3metros, comenzamos a caminar.<\/p>\n<p>Sobre las laderas de los cerros se levantan cardones de hasta 12 metros y a la media hora de caminata ingresamos al Ca\u00f1\u00f3n de Acsibi, con sus paredes rojas de 100 metros que se van angostando como si nos fuesen a aplastar. En este arenoso ca\u00f1\u00f3n el r\u00edo tiene agua todo el a\u00f1o y hay cuatro peque\u00f1as cascadas cuyos \u201cescalones\u201d debemos trepar por un costado sin mojarnos.<\/p>\n<p>En las ma\u00f1anas de invierno las cascadas se congelan, al igual que el agua en el suelo. La vegetaci\u00f3n se reduce a unos arbustos de cortadera y chilca, mientras aparecen unas extra\u00f1\u00edsimas paredes rojas cubiertas por una suerte de almohadillado de arcilla enclavado en la monta\u00f1a, que data de cuando todo esto fue el fondo de un lago.<\/p>\n<p>El ca\u00f1\u00f3n se angosta cada vez m\u00e1s hasta cerrarse, pero dejando un peque\u00f1o t\u00fanel que cruzamos en cuchillas, y luego se abre en una nueva quebradita. El lugar es de una sugesti\u00f3n absoluta, un laberinto natural de arenisca tallado por el curso del agua. Unos metros m\u00e1s adelante ya no se puede avanzar m\u00e1s y el ca\u00f1\u00f3n termina en una cueva de formas onduladas con una cascada interior. M\u00e1s que una cascada es un chorro de agua que brota misterioso de una pared de la cueva, donde la roca sedimentaria parece formar la cabeza de un p\u00e1jaro colgando del techo patas para arriba. En la entrada hay una roca gigante que parece haber ca\u00eddo para quedar precariamente atascada a unos metros del suelo: un paisaje entre surrealista y gaudiano, sin duda uno de los m\u00e1s ex\u00f3ticos del pa\u00eds.<\/p>\n<p>A la vera de la RN40 anda con paso tranquilo un solitario gaucho salte\u00f1o.<br \/>\nLAGUNA BREALITO A la ma\u00f1ana del segundo d\u00eda en Seclant\u00e1s partimos en veh\u00edculo para hacer un trekking hasta el Corral de Piedra, a 18 kil\u00f3metros del pueblo. Un angosto camino de tierra por donde no pasa nadie se interna entre las monta\u00f1as y Fido detiene la camioneta junto a un algarrobo para empezar a caminar.<\/p>\n<p>Vamos por un sendero entre cardones de 10 metros de altura y aparece una apacheta, una acumulaci\u00f3n de piedras ritual que hacen los caminantes como ofrenda a la Pachamama. Fido explica que en la zona de Seclant\u00e1s no hay latifundistas sino minifundistas sin gran poder econ\u00f3mico, que tienen una relaci\u00f3n m\u00e1s directa con la tierra. Por eso la espiritualidad ind\u00edgena es muy fuerte aqu\u00ed todav\u00eda.<\/p>\n<p>Durante la caminata aparecen burritos salvajes y vemos en la cima de un cerro a una se\u00f1ora con un bast\u00f3n cuidando sus cabras. \u201cEs do\u00f1a Lucrecia, que vive con su marido, Estanislao, en un rancho del otro lado del cerro, y que como han perdido sus documentos no saben su edad, pero tendr\u00edan alrededor de 100 a\u00f1os\u201d, explica Fido con un dejo de asombro, agregando que a veces encuentra a alguno de los ancianos trepado a un \u00e1rbol agarrando plantas par\u00e1sitas para alimentar a sus cabras.<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante nos encontramos con un sendero con restos de pircas de piedra a los costados, de antig\u00fcedad incalculable. Se cree que lo abrieron los cac\u00e1n, la cultura aborigen local conquistada por los incas. Ese camino lleva a Cachi despu\u00e9s de unos 40 kil\u00f3metros, uniendo diferentes comunidades aisladas en la monta\u00f1a, y est\u00e1 en uso continuo desde hace siglos. Hoy lo utilizan los ni\u00f1os que viven en la monta\u00f1a para ir a la escuela.<\/p>\n<p>Con el Nevado de Cachi de fondo, llegamos a la laguna Brealito, donde se alimentan parejas de flamencos en escala migratoria. Trepamos un poco por unas piedras gigantes, algunas cuadrangulares con \u00e1ngulos rectos perfectos, que parecen los restos de un derrumbe descomunal. A un lado hay un alero con un antiguo centro ceremonial ind\u00edgena y pinturas rupestres en la pared, donde se ven figuras antropomorfas y varias caravanas de llamas con un aborigen al frente. Fido nos convoca para hacerle una sentida ofrenda a la Pachamama, y en un hoyo en el suelo coloca hojas de coca y chorritos de vino, agradeciendo por las lluvias y la abundancia de trabajo.<\/p>\n<p>Por la tarde regresamos a la finca a descansar un rato, para salir m\u00e1s tarde hacia Molinos, a 20 kil\u00f3metros por la Ruta 40, que es quiz\u00e1s el pueblo de los valles que mejor mantiene su sereno aspecto colonial. Aqu\u00ed tambi\u00e9n est\u00e1 la opci\u00f3n de quedarse unos d\u00edas en una hoster\u00eda, haciendo salidas cortas y tranquilas hacia otros pueblitos como Colom\u00e9, Amaicha y Tacuil.<\/p>\n<p>El Centro de Interpretaci\u00f3n de Molinos, en la Casa Hist\u00f3rica de Indalecio G\u00f3mez, es el punto de partida para diferentes circuitos a pie. Una de las salas del centro est\u00e1 dedicada al lugare\u00f1o Indalecio G\u00f3mez, coautor de la ley S\u00e1enz Pe\u00f1a, que instaur\u00f3 el voto secreto y obligatorio. Una de las caminatas que parten desde all\u00ed es a la Reserva Municipal R\u00edo Molinos, que bordea el r\u00edo para observar aves aut\u00f3ctonas como loros barranqueros, chiricotes y chimangos. Un trekking m\u00e1s exigente es el ascenso al cerro Overo, en tanto con una simple caminata de media hora se llega a un criadero de vicu\u00f1as dentro de la Finca Entre R\u00edos, creada en 1870.<\/p>\n<p>Desde Seclant\u00e1s Fido Ab\u00e1n organiza tambi\u00e9n caminatas a la Laguna Encantada, al Cr\u00e1ter de los C\u00f3ndores y al Valle Escondido, nombres que prometen venturosas sorpresas. Pero es hora de partir hacia otros valles, hacia otras inmensidades, en una provincia por cierto bastante chica para las proporciones de la Argentina, que se suele visitar en dos o tres d\u00edas, pero donde es posible pasar semanas sin encontrar monoton\u00eda en los paisajes.<\/p>\n<h6>Fuente: P\u00e1gina 12<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un viaje por los Valles Calchaqu\u00edes salte\u00f1os haciendo base en Seclant\u00e1s, para visitar las extra\u00f1as Cuevas de Acsibi y la laguna Brealito, dos parajes solitarios a los que se accede en camioneta y a pie.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":53911,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[87],"tags":[9],"class_list":["post-53910","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-turismo","tag-salta"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53910","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53910"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53910\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53911"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53910"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53910"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53910"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}