{"id":59666,"date":"2017-02-21T08:26:43","date_gmt":"2017-02-21T11:26:43","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=59666"},"modified":"2017-02-21T08:26:43","modified_gmt":"2017-02-21T11:26:43","slug":"chalten-la-meca-los-escaladores","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/chalten-la-meca-los-escaladores\/","title":{"rendered":"El Chalt\u00e9n: la meca de los escaladores"},"content":{"rendered":"<p>Los referentes del deporte llegan todos los veranos a la localidad patag\u00f3nica para subir a las cimas del cerro Torre y del Fitz Roy<\/p>\n<p>El r\u00edo verde marca el fin del paisaje \u00e1rido y el principio de este peque\u00f1o oasis donde la Patagonia muestra su cara m\u00e1s amable. Pero esta postal id\u00edlica enga\u00f1a. Detr\u00e1s de su aparente placidez, El Chalt\u00e9n es un lugar amenazante y amenazado.<\/p>\n<p>\u00abEl riesgo es convertirnos en una nueva Bariloche\u00bb, dice Alejandro Caparr\u00f3s, que se cri\u00f3 en Entre R\u00edos, recorri\u00f3 el mundo y ahora es el guardaparques al frente del Parque Nacional Los Glaciares.<\/p>\n<p>El pueblo tiene apenas 31 a\u00f1os y es el \u00fanico de la Argentina que la revista Lonely Planet, la gu\u00eda de los mochileros con tarjeta de cr\u00e9dito, ubic\u00f3 en su listado 2015 de lugares que hay que visitar (ocup\u00f3 el segundo puesto, despu\u00e9s de Washington y antes de Mil\u00e1n). Atrapado en un valle de cursos de agua y monta\u00f1as, no es m\u00e1s que un par de cuadras de asfalto donde se reparten casas de colores, restaurantes con salamandra y una escuela que en lugar de la t\u00edpica canchita de f\u00fatbol tiene una pared de escalada.<\/p>\n<p>Esta fachada de aldea de Heidi esconde una tensi\u00f3n que surge de los picos desparejos que la rodean. El pueblo depende de una sola industria, las monta\u00f1as, y su propia din\u00e1mica de crecimiento atenta contra la pureza que vienen a buscar los que viajan hasta aqu\u00ed.<\/p>\n<p>El Chalt\u00e9n se fund\u00f3 el 12 de octubre de 1985 para poblar una zona entonces en litigio con Chile. El gobierno de Ra\u00fal Alfons\u00edn cedi\u00f3 135 hect\u00e1reas del parque nacional para armar un pueblo y hacia all\u00ed viajaron algunos pioneros. No hab\u00eda nada, apenas alg\u00fan gaucho y los grupitos de escaladores que intentaban conquistar las cumbres de la zona. El turismo empuj\u00f3 el crecimiento, pero hay un riesgo en la expansi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEstamos al borde de hacer macanas\u00bb, admite Ricardo S\u00e1nchez. Due\u00f1o de uno de los locales de alquiler y venta de equipo de monta\u00f1a, se instal\u00f3 en 1991 y estuvo muy cerca de convertirse en el primer intendente electo de El Chalt\u00e9n. La ley de lemas hizo que, aunque sac\u00f3 el doble de votos, perdiera contra Ra\u00fal Andrade, amigo de la infancia de N\u00e9stor Kirchner, en las elecciones de octubre de 2015.<\/p>\n<p>La expansi\u00f3n est\u00e1 trayendo dinero, pero tambi\u00e9n tensiones, admite S\u00e1nchez. El pueblo necesita empezar a resolver cuestiones b\u00e1sicas, como construir una planta de tratamiento de basura y armar un cementerio. Tambi\u00e9n hay problemas de vivienda que resultan evidentes apenas se abandonan las calles c\u00e9ntricas. Decenas de carpas, domos y casas rodantes hacen las veces de hogar para los que llegan atra\u00eddos por oportunidades de trabajo.<\/p>\n<p>Pero hay otro peligro incluso m\u00e1s dram\u00e1tico que la sobreexplotaci\u00f3n tur\u00edstica y es el que enfrentan los escaladores. El Chalt\u00e9n es una de las mecas de los andinistas de elite del mundo, que todos los veranos llenan los bares con extra\u00f1os dialectos y relatos de grandes haza\u00f1as. Su juego, subir los picos nuevos y hacerlo m\u00e1s r\u00e1pido que el que lo hizo antes, es para intr\u00e9pidos y mucha veces termina en tragedia. En las \u00faltimas cuatro temporadas hubo 17 personas accidentadas en la zona de escalada de El Chalt\u00e9n, cuatro de ellas murieron.<\/p>\n<p>\u00abArriesgar es otra forma de sentirse vivo\u00bb, dice Rolando Garibotti, el decano de los escaladores de la zona. Puro hueso y m\u00fasculos -lleva un arito en la oreja izquierda-, \u00abRolo\u00bb escal\u00f3 su primer pico de la zona a los 15 a\u00f1os y hoy, cuando ronda los 45, dice estar semiretirado. En el medio estableci\u00f3 r\u00e9cords de ascensos que lo proyectaron de la Patagonia al mundo.<\/p>\n<p>Ahora est\u00e1 tranquilo. \u00abMe puedo quedar cortando el pasto un d\u00eda como \u00e9ste, que est\u00e1 ideal para escalar\u00bb, se r\u00ede se\u00f1alando la tarde calma que contradice al cartel que identifica su caba\u00f1a: \u00abWorld&#8217;s worst weather (El peor clima del mundo, por su traducci\u00f3n del ingl\u00e9s)\u00bb, en referencia a la tormentas que suelen azotar la zona. Cuando hay sol y buen pron\u00f3stico, como esta tarde de verano a mediados del \u00faltimo enero, el pueblo se vac\u00eda de escaladores, que corren a las monta\u00f1as.<\/p>\n<p>\u00abRolo\u00bb era uno de ellos, pero ya no m\u00e1s. Asegura que estar en la naturaleza es lo \u00fanico que lo sigue haciendo feliz, pero su forma de hablar, articulada y pol\u00edglota, lo aleja del estereotipo del buen salvaje.<\/p>\n<p>Antes que escalar, por estos d\u00edas asesora a los j\u00f3venes que se acercan a su casa en busca de consejos. Para ellos public\u00f3 Patagonia vertical, una gu\u00eda ilustrada de 367 p\u00e1ginas que disecciona las monta\u00f1as de la zona con datos t\u00e9cnicos e hist\u00f3ricos de sus rutas de ascenso. Es la biblia de El Chalt\u00e9n y los alpinistas sacrifican peso de comida y abrigo para llevarla en sus mochilas.<\/p>\n<p>\u00abRolo\u00bb defiende y pregona el estilo alpino, un sistema de escalada que es simple, directo y prescinde de los clavos martillados en las paredes y otros artefactos con que los primeros aventureros hicieron cumbre. Subir con esas ayudas no tiene sentido, sostiene en pol\u00e9micas que atraviesan el universo del alpinismo y lo tienen a \u00e9l como un fan\u00e1tico de los puristas, posici\u00f3n que le ha ganado enemigos. Habiendo conquistado casi todas las cimas del mundo, el juego ahora es hacerlo r\u00e1pido y con la menor cantidad de medios mec\u00e1nicos posibles.<\/p>\n<p>\u00abRolo\u00bb, sin embargo, ya no est\u00e1 dispuesto a arriesgar su vida jug\u00e1ndolo. La lista de muertos cercanos que cosech\u00f3 en sus tres d\u00e9cadas de escalada asciende a alrededor de treinta, pero fue el accidente fatal de un amigo, ocurrido hace poco m\u00e1s de dos a\u00f1os, lo que lo hizo abandonar su actitud temeraria. \u00abAntes no me hab\u00eda parado a pensar lo poco informado que es arriesgar todo lo que depara la vida por una experiencia puntual\u00bb, sostiene. Puesto a reflexionar sobre qu\u00e9 los lleva a realizar \u00abesta actividad de mierda\u00bb, como \u00e9l llama a su pasi\u00f3n, cree que los escaladores, como otros deportistas de riesgo, encuentran en su deporte una forma de lidiar con cierta \u00abinhabilidad para gestionar emociones\u00bb.<\/p>\n<p><strong>La atracci\u00f3n del Torre<\/strong><\/p>\n<p>Cuando al fin atardece, al fondo del valle se empieza a desdibujar el pico deforme del cerro Torre. Tiene poco m\u00e1s de 3000 metros, menos de la mitad que el Aconcagua, pero en sus paredes verticales y lisas, en su clima tormentoso y en el hongo de hielo que hace de \u00faltimo obst\u00e1culo para aquellos que se le animan, se cifran dos de los misterios m\u00e1s apasionantes de este rinc\u00f3n del mundo. El primero es cu\u00e1l es el sentido de subir monta\u00f1as. El segundo, qui\u00e9n fue el primer hombre que hizo cumbre en el Torre.<\/p>\n<p>Cesare Maestri tiene 87 a\u00f1os, es de Trento, una ciudad monta\u00f1osa del norte de Italia y sostiene que en 1959 \u00e9l fue el primero en llegar a la cima. Su ascenso junto a Toni Egger, que muri\u00f3 en la expedici\u00f3n, fue famoso en su momento y ahora es controversial. Muchos creen que Maestri nunca hizo cumbre. Indignado por las dudas que comenzaron a circular sobre su supuesta proeza, en 1970 volvi\u00f3 al Torre con un compresor de 135 kilos y coloc\u00f3 clavos en la monta\u00f1a para llegar a la cima. Aquello result\u00f3 un golpe publicitario, pero tambi\u00e9n una afrenta para los puristas de la escalada que, como Garibotti, creen que en la primera expedici\u00f3n Maestri minti\u00f3 y en la segunda, hizo trampa.<\/p>\n<p>Los clavos (y el compresor) quedaron en la monta\u00f1a y fueron usados por otros escaladores a lo largo de los a\u00f1os, hasta que en 2012 Hayden Kennedy y Jason Kruk, dos j\u00f3venes de Estados Unidos y Canad\u00e1, subieron prescindiendo de ellos y, de bajada, los quitaron. Lo hicieron como un gesto de rebeld\u00eda, para devolver al Torre su condici\u00f3n de monta\u00f1a ind\u00f3mita, pero en El Chalt\u00e9n hubo indignaci\u00f3n y una turba fue a buscarlos a su hospedaje. Tuvieron que ser rescatados por la polic\u00eda, que los interrog\u00f3 durante un par de horas y les requis\u00f3 los famosos clavos. Hoy est\u00e1n guardados en la oficina del guardaparque. Enlazados con un cordel amarillo y en una bolsa de pl\u00e1stico, es dif\u00edcil entender la pol\u00e9mica que alguna vez se gener\u00f3 por estos pedazos de hierro viejo.<\/p>\n<p>Luego de una caminata que incluso a los m\u00e1s entrenados les puede tomar unas cinco horas -hay que vadear un r\u00edo, atravesar un bosque y trepar un pedrero empinado-, el vivac de Piedra Negra resulta un para- \u00edso para los pies cansados. Ubicado a la vera del monte Fitz Roy, es uno de los campamentos que los escaladores usan de base para acceder a las monta\u00f1as. Hasta all\u00ed llegan con sus mochilas, cargadas con equipos t\u00e9cnicos, ropa, comida, carpas y bolsas de dormir.<\/p>\n<p>A la vera de un lago turquesa en el que flotan pedazos de hielo que se desprenden del glaciar que lo circunda, Piedra Negra es un terreno inclinado, pedregoso y rodeado de paredes de monta\u00f1as. No es bello, pero s\u00ed sorprende por la geograf\u00eda -parece el paladar de una boca deforme y mal cuidada- y el movimiento de escaladores de todo el mundo. Son las 19 y quedan m\u00e1s de tres horas de luz, pero la tribu de monta\u00f1istas ya est\u00e1 preparando la cena: polenta para los argentinos, manjares liofilizados para los extranjeros m\u00e1s pudientes. El plan en Piedra Negra es acostarse temprano y amanecer al alba para encarar hacia las cumbres.<\/p>\n<p>Anita Rivera y Camila Monsalve, dos chilenas de 27 y 24 a\u00f1os, son pura alegr\u00eda mientras acomodan las cuerdas que usar\u00e1n cuando arranquen al d\u00eda siguiente a las 6. Quieren cruzar el glaciar antes de que el sol lo ablande y un plan posible es escalar el cerro Saint Exup\u00e9ry, pero su actitud es relajada. Antes que enfocadas en la conquista de cumbres, buscan el goce de estar en la naturaleza. \u00abEs un templo -dice Anita-. Disfruto estar al lado del agua, verla correr, ver las monta\u00f1as, sentir su energ\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>El mismo deslumbre m\u00edstico es el que transmite Vicente Pedregal, de 35 a\u00f1os, que tambi\u00e9n es chileno y tiene un trabajo \u00abformal, con camisa en una oficina\u00bb, pero se escapa a las monta\u00f1as para buscar paz. Con el torso desnudo para aprovechar el sol que se refleja en las piedras, contempla la cima del cerro Torre, que por una vez aparece despejada. \u00abDicen que si logr\u00e1s verlo sin ninguna nube alrededor es que el Torre te est\u00e1 hablando\u00bb, se entusiasma.<\/p>\n<p>La actividad es intensa, pero termina temprano: a las 21 en Piedra Negra s\u00f3lo se escucha el susurro del agua de deshielo que desagota la laguna. A\u00fan queda luz, pero los escaladores est\u00e1n dentro de sus carpas o recostados a la intemperie, apenas protegidos por sus bolsas de dormir. Duermen o intentan hacerlo, ansiosos por las cumbres a las que se enfrentar\u00e1n apenas salga el sol.<\/p>\n<p>\u00abEl riesgo es definitivamente parte de lo que hace de la escalada una experiencia satisfactoria\u00bb, dice Colin Haley. Compacto, met\u00f3dico, de brazos anchos y un tatuaje de estrellas en el brazo derecho, Colin tiene 32 a\u00f1os, es de Seattle, Estados Unidos, y se pasa los veranos en El Chalt\u00e9n. Es uno de los escaladores de la elite mundial, un r\u00e1nking que no es oficial pero que todos conocen y se establece, como en tantos otros deportes, mejorando los logros de quienes los precedieron.<\/p>\n<p>Colin es de los mejores en uno de los formatos m\u00e1s radicales de escalada: ascensos en solitario, prescindiendo de un compa\u00f1ero, lo que los hace m\u00e1s peligrosos porque no hay nadie para dar seguro a la cuerda con que los escaladores protegen sus movimientos. \u00abLas ascensiones en solitario son muy intensas y no son para todos. Ni siquiera para m\u00ed todo el tiempo. Pero me gustan las experiencias intensas\u00bb, dice Colin en La Senyera, el restaurante pionero de El Chalt\u00e9n, que est\u00e1 adornado con fotos de monta\u00f1istas y tiene platos nombrados en honor a los pr\u00f3ceres del deporte, incluyendo a Colin.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de desaf\u00edos f\u00edsicos y un contacto \u00fanico con la naturaleza, en su deporte Colin encuentra la adrenalina que, dice, ya no existe en el mundo moderno. La experiencia lo conecta con la \u00abintensidad primaria\u00bb de nuestros antepasados y su lucha por la subsistencia. Tambi\u00e9n lo expone a enormes riesgos. \u00abVarios amigos cercanos murieron escalando -dice Colin antes de hacer silencio y disimular su incomodidad con una media sonrisa-. Uff&#8230;, no s\u00e9 qu\u00e9 se puede decir al respecto. Es algo que, si sub\u00eds monta\u00f1as, ten\u00e9s que aceptar como una posibilidad. De otra forma est\u00e1 siendo na\u00edf. No quer\u00e9s eso y hac\u00e9s todo lo posible para evitarlo, pero no pod\u00e9s subir monta\u00f1as con la certeza de que no vas a morir.\u00bb<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda y a un par de cuadras, mientras Colin habla, los riesgos de la escalada se hacen patentes de la peor manera. La comisi\u00f3n de auxilio est\u00e1 reunida atr\u00e1s del hospital porque hubo un accidente en el que muri\u00f3 I\u00f1aki Coussarit, un escalador de 24 a\u00f1os, de la zona. Una piedra se le cay\u00f3 encima mientras sub\u00eda el Fitz Roy y el grupo de voluntarios se organiza para subir a rescatar el cuerpo. Llevan los ojos rojos y el gesto abatido.<\/p>\n<p>Al frente del equipo est\u00e1 Carolina Cordo, una m\u00e9dica cordobesa que hace 23 a\u00f1os se estableci\u00f3 aqu\u00ed y tiene la cara curtida y el cuerpo anguloso de los escaladores. A su alrededor no hay nervios, ni apuro -ya no queda nada que hacer por I\u00f1aki, m\u00e1s que bajar su cuerpo de la monta\u00f1a-, pero s\u00ed dolor. Ella misma est\u00e1 consternada. \u00abSigo escalando pero cada vez con menos ganas\u00bb, admite. Como m\u00e9dica del hospital y miembro de la comisi\u00f3n de rescate, conoce el detalle de todos los accidentes ocurridos en la zona. Cuando le preguntamos cu\u00e1l es el atractivo de la escalada, por qu\u00e9 arriesgan su vida subiendo monta\u00f1as, ensaya una respuesta repleta de dudas: \u00abLa verdad, yo todav\u00eda no lo s\u00e9. Creo que es una actividad hasta un poco est\u00fapida si se quiere, \u00bfno? Porque no tiene mucho sentido. Pero creo que el atractivo es vivir en la naturaleza, superar una pared. Es algo medio personal\u00bb, intenta antes de rendirse. \u00abPero no, cada vez entiendo menos a los escaladores\u00bb, dice.<\/p>\n<p>Una imagen de Colin del 19 de enero pasado puede servir de explicaci\u00f3n. Tiene el gesto cansado y la cara embadurnada con protector solar. \u00abLuego de a\u00f1os de planear y so\u00f1ar estoy solo en la cima de la Torre Egger\u00bb, anuncia mientras graba una selfie en video. Es un d\u00eda calmo y soleado que permite admirar la infinidad del paisaje patag\u00f3nico. Est\u00e1 en la cumbre y debajo suyo se extiende el mundo del resto de nosotros. \u00abSe siente mucho la soledad ac\u00e1 arriba\u00bb, dice con una sonrisa de satisfacci\u00f3n que confirma lo obvio: Colin est\u00e1 feliz.<\/p>\n<h6>Fuente: Sin Mordaza<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los referentes del deporte llegan todos los veranos a la localidad patag\u00f3nica para subir a las cimas del cerro Torre y del Fitz Roy<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":59667,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[87],"tags":[29],"class_list":["post-59666","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-turismo","tag-santa-cruz"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59666","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=59666"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59666\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/media\/59667"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=59666"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=59666"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=59666"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}