{"id":60395,"date":"2017-03-14T05:27:05","date_gmt":"2017-03-14T08:27:05","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=60395"},"modified":"2017-03-14T07:32:13","modified_gmt":"2017-03-14T10:32:13","slug":"pueblos-fantasma-la-argentina-desaparece","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/pueblos-fantasma-la-argentina-desaparece\/","title":{"rendered":"Pueblos fantasma: la Argentina que desaparece"},"content":{"rendered":"<p>Unos 800 pueblos est\u00e1n en riesgo de extinci\u00f3n; en la provincia de Buenos Aires, 200; con el tiempo perdieron el tren y, sin rutas asfaltadas, tambi\u00e9n las fuentes de trabajo<\/p>\n<p>Frente a la plaza principal, una vieja casona, casi en ruinas, mantiene en la fachada vestigios de sus mejores \u00e9pocas. Le faltan la puerta y las dos ventanas del frente, y sus muros y molduras apenas resisten, pero conserva un aire se\u00f1orial, empaque, distinci\u00f3n. Salvo por un detalle. En el vano de la puerta se asoma, erguida la cabeza, vigilante, el due\u00f1o de casa: un caballo. En lo que era el living retoza otro. Llevan viviendo all\u00ed, parece, mucho tiempo. La escena no tiene nada de buc\u00f3lica. El edificio centenario, con su glorioso pasado de m\u00e1rmoles y maderas nobles, es hoy refugio de las bestias. La imagen podr\u00eda ilustrar el ocaso de este pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires, San Mauricio, que vivi\u00f3 tiempos de esplendor hasta desaparecer debajo de arenas, pastizales y el olvido.<\/p>\n<p>No es un caso aislado. Hoy, ahora, un joven, una pareja o una familia est\u00e1n haciendo las valijas. No se van de viaje. Huyen. Dejan sus casas en alg\u00fan pueblo del pa\u00eds que ya no los contiene y al que no volver\u00e1n. Van en busca de trabajo, un m\u00e9dico, escuela, transporte. Futuro. Es un \u00e9xodo hormiga hacia las ciudades que comenz\u00f3 hace d\u00e9cadas y se ha convertido, al cabo, en un monumental desplazamiento de masas.<\/p>\n<p>El problema est\u00e1 en las dos puntas del camino: en muchos casos vivir\u00e1n peor, y a sus espaldas quedan localidades dram\u00e1ticamente destinadas a convertirse en fantasmas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el \u00faltimo censo, en la Argentina hay unos 2500 pueblos rurales (1,3 millones de personas, m\u00e1s 2,6 millones de poblaci\u00f3n rural dispersa), y de esos, unos 400 sistem\u00e1ticamente pierden poblaci\u00f3n y podr\u00edan extinguirse. Otros 400 apenas subsisten bajo la misma amenaza. Y 90 ya no aparecieron en el censo de 2001. Como San Mauricio, se apagaron.<\/p>\n<p>El \u00e9xodo del campo a las ciudades es particularmente grave por la distribuci\u00f3n demogr\u00e1fica del pa\u00eds. En la Argentina, donde cerca del 9% de la poblaci\u00f3n es rural, aproximadamente el 80% de los n\u00facleos habitados son localidades con menos de 2000 personas, mientras que s\u00f3lo 17 ciudades concentran el 60% de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Donde hay pocos, se van, y donde hay exceso, llegan m\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>No s\u00f3lo el tren<\/strong><\/p>\n<p>\u00abEs un drama, y como pa\u00eds no hemos sabido encontrarle una soluci\u00f3n -dice Agust\u00edn Bastanchuri, que hasta hace dos semanas dirig\u00eda Responde, la mayor ONG dedicada a generar oportunidades en pueblos rurales-. No se ha hecho nada para frenar una corriente migratoria que no para de crecer. Hoy, el 40% de la poblaci\u00f3n vive en el 0,14% del territorio. Por eso vemos a gente que se est\u00e1 hacinando en las periferias de los grandes centros urbanos cuando al menos en sus pueblos, incluso con dificultades de todo tipo, podr\u00eda vivir en condiciones mucho m\u00e1s dignas. Y sin desarraigo.\u00bb<\/p>\n<p>Los expertos coinciden en que no hay un solo factor que explique el \u00e9xodo rural. Son muchos. En primer lugar, el cierre de ramales ferroviarios, que conden\u00f3 al aislamiento a cientos de localidades para las cuales las v\u00edas eran una suerte de cord\u00f3n umbilical; despu\u00e9s, falta de trabajo (por cierre de industrias, cambios en la matriz productiva, tecnificaci\u00f3n del campo), y adem\u00e1s, d\u00e9ficits estructurales en salud, educaci\u00f3n y caminos. \u00abSon poblaciones que quedaron desconectadas. Si no se reinventan, no hay forma de salvarlas -dice Bastanchuri-. El despoblamiento del campo y la concentraci\u00f3n en las ciudades es un proceso muchas veces provocado por el propio Estado y no hemos tenido pol\u00edticas p\u00fablicas que atendieran el problema. En algunos casos hubiese bastado con construir una ruta o asfaltar un camino.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Pueblo \u00abcon futuro\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>El fen\u00f3meno abarca todo el pa\u00eds, pero especialmente la regi\u00f3n pampeana. En la provincia de Buenos Aires, la m\u00e1s afectada, hay unos 200 pueblos que est\u00e1n en v\u00edas de extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>El de San Mauricio es un caso especial. Fundado en 1884 por un inmigrante italiano, Mauricio Duva, cerca del l\u00edmite con La Pampa y junto a lo que hab\u00eda sido la c\u00e9lebre Zanja de Alsina, parec\u00eda tener un destino de grandeza. Creci\u00f3 en tierras cedidas por Duva, un pr\u00f3spero estanciero, a un ritmo vertiginoso. Se anticip\u00f3 a la llegada del tren y pronto tuvo su iglesia, escuela, farmacia, destacamento policial y hotel, y alrededor de la plaza se alzaron casas de cuidada arquitectura, la Sociedad de Fomento y Socorros Mutuos y el almac\u00e9n de ramos generales. La principal construcci\u00f3n, despu\u00e9s de la iglesia y a metros de ella, era la residencia del fundador, con sus 400 metros cuadrados cubiertos, m\u00e1rmol de Carrara, frescos en paredes y techos, sala de armas, sala de lectura y, por detr\u00e1s, un gran parque. Todo marchaba bien en San Mauricio, enclavado en el coraz\u00f3n de f\u00e9rtiles praderas a 528 kil\u00f3metros de la Capital Federal y a 21 de Am\u00e9rica, la otra localidad fuerte del partido de Rivadavia. Fue el primero en la zona en tener electricidad, florec\u00eda el comercio, se instalaban f\u00e1bricas, naci\u00f3 el Sporting Club y aumentaba la poblaci\u00f3n: lleg\u00f3 a tener 1800 habitantes.<\/p>\n<p>Su due\u00f1o -porque eso era: un pueblo con due\u00f1o\u00ac- fue por m\u00e1s. Intent\u00f3 convertirlo en cabecera del partido, plataforma para el despegue definitivo. Pero la elegida fue Am\u00e9rica y ah\u00ed comenz\u00f3 el declive. Poco a poco fue perdiendo peso pol\u00edtico, recursos, actividad econ\u00f3mica y gente. Mientras Am\u00e9rica era bendecida con fondos y rutas pavimentadas, hasta convertirse en ciudad, San Mauricio fue quedando aislado (a\u00fan hoy s\u00f3lo se llega por tierra), sin vigor y sin destino. Despu\u00e9s, sin tren. Aun bajo amenaza de extinci\u00f3n, no se hizo nada. Dos kil\u00f3metros de asfalto la hubiesen unido a la ruta 70. En 2001, una inundaci\u00f3n termin\u00f3 la faena: en dos d\u00edas cayeron 300 mil\u00edmetros. Cuando se fue el agua, la mayor parte de sus 67 habitantes ya no estaban y nunca volver\u00edan. Ni siquiera los Duva, tambi\u00e9n signados por la tragedia. Mauricio hab\u00eda vendido su estancia y muri\u00f3 en Buenos Aires pisado por un colectivo. Su hermano y mano derecha, Jacinto, en el campo, aplastado por un carro.<\/p>\n<p>Hoy, todo lo que se ve es una naturaleza muerta. Casas abandonadas y en ruinas. Construcciones de las que s\u00f3lo quedan cimientos. Una tropilla de caballos pasta en la plaza desierta. Por si faltaran espectros, en la calle que viene de la ruta, cerca de la entrada, hay un desarmadero de autos. A dos cuadras, un criadero de chanchos. De pronto, el silencio es interrumpido por la llegada de una camioneta Toyota. Su conductor, de unos 60 a\u00f1os, baja y se queda mirando el espect\u00e1culo sobrecogedor de un pueblo que es cementerio de s\u00ed mismo. La curiosidad le dura un instante. Lo invade una nube de mosquitos y huye despavorido. Ahora sabe que all\u00ed hay caballos, insectos hambrientos, restos de lo que se so\u00f1aba como ciudad pujante, y no mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>El \u00e1ngel guardi\u00e1n<\/strong><\/p>\n<p>La \u00fanica habitante estable y reconocida parece ser Ana Ubando, una enfermera municipal de 63 a\u00f1os. Est\u00e1 a cargo de la sala de primeros auxilios, para atender a la poblaci\u00f3n rural de la zona. Vive sola, en lo que era el hotel. No del todo sola: tiene ocho perros. \u00abA falta de personas, ellos son mi compa\u00f1\u00eda\u00bb, sonr\u00ede. Lleva all\u00ed cuatro a\u00f1os, en los que ha sido testigo de los \u00faltimos latidos del pueblo. \u00abCuando llegu\u00e9 todav\u00eda quedaban unas pocas familias. Pero se fueron los Fern\u00e1ndez, los Bengochay&#8230; Hace tres a\u00f1os muri\u00f3 Catalina Marino, sobrina del fundador. Y bueno, ac\u00e1 estoy. Resistiendo.\u00bb<\/p>\n<p>A San Mauricio le queda un \u00e1ngel guardi\u00e1n. Es el profesor e historiador Alberto Orga, vecino ilustre de Am\u00e9rica, que se ha dedicado a bucear en el pasado del partido y se resiste a la desaparici\u00f3n del pueblo que hab\u00eda nacido con aires de grandeza. \u00abSan Mauricio es un museo a cielo abierto, un orgullo de Rivadavia y pedazo grande de nuestra historia. Y lo estamos perdiendo. Cada d\u00eda se muere un poco m\u00e1s\u00bb, dice. En su casa, varios cuadros, pintados por su mujer, retratan los viejos tesoros del pueblo, como la capilla y la casona del fundador, v\u00edctimas del abandono y el saqueo.<\/p>\n<p>Como un cruzado, el profesor Orga viene luchando contra la pena capital a la que ha sido condenado San Mauricio. Una y otra vez vuelve, organiza actividades, clama por ayuda, promueve su restauraci\u00f3n. Y deja carteles. Uno, en la vereda de la capilla y con las ruinas de fondo, dice: \u00abValoremos este lugar\u00bb. Otro: \u00abSan Mauricio, Patrimonio Cultural\u00bb, pero est\u00e1 en el piso; se cay\u00f3 o lo tiraron. Y a un tercero, que coloc\u00f3 hace a\u00f1os durante una de sus tantas cruzadas, el destino del pueblo lo ha vuelto a\u00fan m\u00e1s ir\u00f3nico: \u00abUn lugar con futuro\u00bb.<\/p>\n<p><strong>De la carne al turismo<\/strong><\/p>\n<p>concentr\u00f3 la atenci\u00f3n del auditorio sin hablar de rindes, retenciones, nuevas tecnolog\u00edas o tipo de cambio. Era Marcela Ben\u00edtez, una ge\u00f3grafa y doctora en sociolog\u00eda que 12 a\u00f1os antes hab\u00eda dejado sus investigaciones en el Conicet sobre poblaciones rurales en riesgo para crear la ONG Responde y dedicar su vida al rescate de esas localidades. \u00abTenemos que hacer algo, y tenemos que hacerlo ya -dijo-. No podemos conseguir que vuelva el tren, pero s\u00ed asfaltar los caminos. Caminos que si llueve se vuelven intransitables dejan a los pueblos sin maestros y sin m\u00e9dicos. Y sin maestros ni m\u00e9dicos no hay forma de que puedan sobrevivir.\u00bb<\/p>\n<p>Frente a la dimensi\u00f3n del fen\u00f3meno, la misi\u00f3n de Responde y de otras ONG, como Proyecto Pulper\u00eda, dirigida por el periodista Leandro Vesco y que trabaja en la provincia de Buenos Aires, se torna tit\u00e1nica por la escasez de recursos, la inacci\u00f3n del Estado y, a veces, la falta de voluntad en los propios pobladores. \u00abNosotros no hacemos asistencialismo -explicaba Ben\u00edtez-. Presentamos proyectos innovadores, por ejemplo, ligados al turismo, o una reconversi\u00f3n productiva. Pero la mayor reconversi\u00f3n es de la gente, que tiene que ser la protagonista del cambio. Si se involucra, todo es posible.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed como muchas localidades no se reponen nunca cuando termina la actividad econ\u00f3mica que les daba sustento -tambos, miner\u00eda, f\u00e1bricas textiles-, otros convierten la crisis en una oportunidad. En Santa Fe, Saladero Cabal era poco m\u00e1s que un caser\u00edo sobre el r\u00edo San Javier levantado en torno de un frigor\u00edfico de la empresa brit\u00e1nica Bovril.<\/p>\n<p>Muchos d\u00e9cadas antes all\u00ed hab\u00eda funcionado un saladero de carne que se vend\u00eda al exterior como tasajo o \u00abcharqui\u00bb. Cuando una feroz crecida del r\u00edo convenci\u00f3 a Bovril de mudar la planta, sus pobladores se vieron ante el abismo. La mayor\u00eda abandon\u00f3 el lugar. Pero una inmobiliaria de la regi\u00f3n compr\u00f3 el enorme predio en el que estaba el frigor\u00edfico, 120 kil\u00f3metros al norte de la ciudad de Santa Fe, y lo lote\u00f3, dando origen a un pueblo nuevo, de 33 manzanas, con el mismo nombre pero un enfoque distinto: ya no vivir\u00edan de la carne, sino del turismo.<\/p>\n<p>Empezaron a explotar las playas sobre el r\u00edo, la pesca y un entorno de montes y campos definitivamente verde y apacible. \u00abPara\u00edso de la tranquilidad\u00bb es el eslogan con el que se promociona la localidad, constituida oficialmente como comuna en 1994.<\/p>\n<p>\u00abHoy tenemos una crisis de crecimiento -dice Oscar Ponce, docente de la escuela de doble turno de Saladero y que ha investigado los or\u00edgenes del pueblo-. Cada vez llegan m\u00e1s turistas, m\u00e1s pescadores de todo el pa\u00eds, y la verdad es que no tenemos una infraestructura adecuada para atenderlos.\u00bb<\/p>\n<p>La ONG Responde contribuy\u00f3, con ideas y fondos, al proceso de reconfiguraci\u00f3n. Se recicl\u00f3 un viejo edificio escolar para convertirlo en biblioteca, museo, cybercaf\u00e9 y lugar de encuentro de la comunidad. \u00abTendr\u00edamos que reunirnos m\u00e1s, trabajar m\u00e1s, porque somos una localidad muy joven, con mucho por aprender todav\u00eda\u00bb, dice Carina Payes, la delegada comunal.<\/p>\n<p>La chimenea del antiguo saladero, construida en 1873, se conserva como monumento en la plaza principal. Es un tributo al pasado, en un pueblo que se conjuga en presente.<\/p>\n<p><strong>Ordoqui, himno y lamento<\/strong><\/p>\n<p>\u00abNo nos vamos a ir. Aunque se vayan todos, aunque nos quedemos solos, de ac\u00e1 no nos vamos.\u00bb La que recita el himno de amor eterno a Ordoqui, localidad del partido de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, es Alicia S\u00e1nchez (53 a\u00f1os), una maestra jubilada que fue directora de la escuela del pueblo. Est\u00e1 junto a su marido, Roberto Berardo (60), contratista rural.<\/p>\n<p>El himno es tambi\u00e9n un lamento. Ordoqui pas\u00f3 de una poblaci\u00f3n de 1800 personas hacia fines de la d\u00e9cada del 30, a 170 en la actualidad. \u00abDebemos ser menos. El mes pasado se fueron 10 o 12\u00bb, dice Javier Benintende (42 a\u00f1os), apicultor.<\/p>\n<p>Floreciente de vida y trabajo en el coraz\u00f3n de la pampa h\u00fameda, a comienzos del siglo XX el partido atrajo a inmigrantes espa\u00f1oles, italianos, \u00e1rabes, jud\u00edos y vascos. El pueblo estallaba en construcciones y emprendimientos. Hoy hay que hacer un acto de fe para creerlo, pero ten\u00eda dos sastrer\u00edas, dos peluquer\u00edas, bazar, correo, clubes, librer\u00eda y un hotel, el Chanta Cuatro, famoso en la zona. \u00abTuvimos hasta tres carnicer\u00edas. El Chanta Cuatro, que siempre estaba lleno, ya no existe. Recorran un poco y van a ver: no queda nada. Ni m\u00e9dico\u00bb, dice Armando Garc\u00eda (60 a\u00f1os, todos en Ordoqui), que trabaja en la delegaci\u00f3n municipal.<\/p>\n<p>Para esta localidad de 116 a\u00f1os, ubicada a 42 kil\u00f3metros de la ciudad de Carlos Casares por camino de tierra, la tormenta perfecta fue la desaparici\u00f3n del ferrocarril, en 1977, y, despu\u00e9s, del polo lechero, su principal industria, la que le hizo vivir d\u00e9cadas enteras de prosperidad. Lleg\u00f3 a tener siete plantas l\u00e1cteas, entre ellas, Magnasco y Grillo. Una sola f\u00e1brica empleaba a 400 personas. La crisis del sector, el avance de la soja, las dificultades para sacar la producci\u00f3n y las inundaciones las convirtieron en inviables. Ahora los ordoque\u00f1os viven a merced de una actividad b\u00e1sicamente agr\u00edcola que, por el desarrollo tecnol\u00f3gico, ya no requiere tanta mano de obra. \u00abAdem\u00e1s, un pe\u00f3n rural gana 9000 pesos y trabaja diez horas -razona Benintende-. La verdad es que los j\u00f3venes quieren ganar m\u00e1s y no trabajar tanto. Por eso se rajan. Se van a Bol\u00edvar, Carlos Casares, Pehuaj\u00f3, Buenos Aires.\u00bb<\/p>\n<p>La pertinaz decadencia de las poblaciones rurales del partido -la vecina localidad de Hortensia pas\u00f3 de 1800 habitantes a 220- apenas ha inquietado a los gobiernos. \u00abCada tanto llegan algunos funcionarios, preguntan, averiguan, pero despu\u00e9s se van y no hacen nada. \u00a1Si por lo menos nos asfaltaran la ruta!\u00bb, dice S\u00e1nchez, la maestra dispuesta a resistir hasta el final.<\/p>\n<p>El pasado y el presente del pueblo parecen encontrarse en la vieja estaci\u00f3n del tren, desde la que sal\u00eda la producci\u00f3n de toda la zona. All\u00ed funciona hoy el \u00abCentro Cultural Integrador\u00bb, una biblioteca p\u00fablica. De vagones rugientes al silencio de una sala de lectura, ya nada es lo que era en los pagos de Ordoqui.<\/p>\n<p><strong>Ernestina, la del pr\u00edncipe<\/strong><\/p>\n<p>Si un pueblo figura en los mapas, pero no en las indicaciones de las rutas, es se\u00f1al de que su existencia est\u00e1 comprometida. Es lo que le pasa a Ernestina, en el partido bonaerense de 25 de Mayo: s\u00f3lo se puede leer su nombre al llegar, en el cartel de la entrada.<\/p>\n<p>No siempre fue as\u00ed. En 1926, Ernestina apareci\u00f3 en todos los diarios del pa\u00eds y, probablemente, del Reino Unido: fue visitado por el pr\u00edncipe de Gales, Eduardo VIII. Fue un paso fugaz camino de la estancia de los Keen, la familia fundadora, y de otra estancia en 25 de Mayo. Cuentan que la calle principal, a\u00fan hoy un imponente boulevard con palmeras, luc\u00eda engalanada, y que hasta la empedraron para la ocasi\u00f3n. Al pr\u00edncipe le habr\u00e1n llamado la atenci\u00f3n tres soberbios edificios, todos sobre esa calle, la San Mart\u00edn: el teatro, por el que pasar\u00edan figuras de renombre y que tambi\u00e9n fue usado como cine; el colegio de monjas, orgullo de la zona, y la iglesia neog\u00f3tica. La sorprendente Argentina de campos f\u00e9rtiles y audaces emprendedores sal\u00eda al encuentro de Eduardo VIII en un pueblo perdido de la pampa.<\/p>\n<p>En un extremo del boulevard San Mart\u00edn est\u00e1 la estaci\u00f3n del ferrocarril. Medio siglo despu\u00e9s de aquella visita hist\u00f3rica, el ramal, que ten\u00eda cuatro servicios diarios, empez\u00f3 a ser restringido, hasta que un d\u00eda el tren dej\u00f3 de pasar. Los 160 kil\u00f3metros que la separan de la Capital Federal se hicieron lejanos y tortuosos. Ernestina, que ya ven\u00eda ancl\u00e1ndose en el tiempo, poco a poco fue desplazada por Pedernales (ocho kil\u00f3metros por tierra). Del empedrado no queda nada, el teatro cerr\u00f3, las monjas se fueron y la iglesia apenas guarda sombras de su antiguo esplendor.<\/p>\n<p>Su l\u00ednea demogr\u00e1fica muestra una tendencia que parece irreversible. El censo de 1960 registr\u00f3 2000 habitantes; 30 a\u00f1os despu\u00e9s hab\u00eda ca\u00eddo a 253, y en el de 2010, a 145. \u00abEsto ya no es un pueblo, es una familia\u00bb, bromea una de sus vecinas en un video que aparece en Internet.<\/p>\n<p>La estaci\u00f3n del tren se ha convertido en destacamento policial. \u00abMenos de 150 personas, y toda gente mayor, imag\u00ednense: pocos problemas\u00bb, dice la oficial Wanda Resek.<\/p>\n<p>Rebeca Etcheverry (68 a\u00f1os), una maestra jubilada que vive con su marido frente a la iglesia, todav\u00eda recuerda cuando el pueblo ten\u00eda de todo. \u00ab\u00a1Hasta sastrer\u00eda! Hoy, para cualquier cosa tenemos que irnos a Pedernales. Ac\u00e1 no hay nada. Los j\u00f3venes se van porque no tienen trabajo. Van a Buenos Aires a trabajar de mozos, de remiseros, de empleados.\u00bb Ellos ya lo tienen decidido: se quedar\u00e1n. Por las tardes caminan hasta el bar Ernestina, que est\u00e1 a dos cuadras, y juegan durante horas enteras. Ella, al Chinch\u00f3n y a la Escoba de 15. \u00c9l, al pool. Una vez jug\u00f3 130 partidos en una sola semana. \u00abC\u00f3mo me voy a ir -dice Rebeca-, si hace 33 a\u00f1os que tomo mate con la misma vecina.\u00bb<\/p>\n<p><strong>\u00abLos pueblos no mueren\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Al igual que tantas localidades que atraviesan las mismas penurias, Ernestina vio c\u00f3mo se iba apagando su fuego mientras esperaba la mano salvadora del Estado, que nunca lleg\u00f3, y sin que desde sus mismas entra\u00f1as surgieran iniciativas para revertir el proceso. El desarrollo de un complejo de caba\u00f1as a la vera del impetuoso r\u00edo Salado, que est\u00e1 a s\u00f3lo dos kil\u00f3metros y es un para\u00edso para los pescadores, fue una inversi\u00f3n de gente de otro partido.<\/p>\n<p>Nelly, la se\u00f1ora que cuida la iglesia desde que las monjas se fueron, en 1992, y le dejaron la llave, tambi\u00e9n mira hacia afuera a la hora de buscar una explicaci\u00f3n: \u00abSomos el \u00faltimo orej\u00f3n del tarro. Nadie se acuerda de nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Encapsulados en el tiempo, detenidos y amenazados, cientos de pueblos de todo el pa\u00eds asisten a su declive con la esperanza de que algo o alguien llegue en su rescate. En el fondo, muy pocos creen que el destino pueda depararles el peor final: la desaparici\u00f3n. \u00abLos pueblos no mueren\u00bb, dijo un comerciante en una parrilla de General Villegas.<\/p>\n<p>General Villegas, a 50 kil\u00f3metros de donde yacen los restos de San Mauricio.<\/p>\n<h6>Fuente:\u00a0lt10.com.ar<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Unos 800 pueblos est\u00e1n en riesgo de extinci\u00f3n; en la provincia de Buenos Aires, 200; con el tiempo perdieron el tren y, sin rutas asfaltadas, tambi\u00e9n las fuentes de trabajo<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":60396,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[21],"class_list":["post-60395","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-informe-municipal","tag-argentina"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60395","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=60395"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60395\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/media\/60396"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=60395"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=60395"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=60395"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}