{"id":82503,"date":"2018-10-07T19:51:55","date_gmt":"2018-10-07T22:51:55","guid":{"rendered":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/?p=82503"},"modified":"2018-10-07T19:51:55","modified_gmt":"2018-10-07T22:51:55","slug":"doce-anos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/argentinamunicipal.com.ar\/argentina\/doce-anos\/","title":{"rendered":"Doce a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>\u00abProhibida la boca, hablaban por los dedos. Hablaban el lenguaje verdadero, que es el que nace de la necesidad de decir.\u00bb Eduardo Galeano<\/p>\n<p>La historia que cuenta La noche de doce a\u00f1os es la historia de lo absoluto de la potencia humana: la capacidad sin l\u00edmite del hombre para hacer da\u00f1o, pero sobre todo, para sobrevivir y alzarse sobre ese da\u00f1o. Es lo que pas\u00f3 con Pepe Mujica, Mauricio Rosencof, Eleuterio Fern\u00e1ndez Huidobro y otros seis l\u00edderes tupamaros, entre 1973 y 1985. Doce a\u00f1os -se dice tan f\u00e1cil- en los que fueron tomados como rehenes por la dictadura uruguaya, y as\u00ed sometidos a condiciones a\u00fan m\u00e1s extremas que el resto de los presos pol\u00edticos. Pasaron a\u00f1os enteros sin ver el sol, sin pronunciar palabra y casi sin escucharla, ya que los soldados que estaban a cargo de su \u00abcuidado\u00bb ten\u00edan prohibido hablarles. Encapuchados y esposados en prisiones de dimensiones m\u00ednimas, h\u00famedas tumbas en las que faltaba el aire al punto de afectar la irrigaci\u00f3n sangu\u00ednea. Sin comida y sin agua. Visitados por ratas a las que decid\u00edan no comer porque prevalec\u00eda la necesidad de alg\u00fan contacto con lo vivo. Constantemente castigados f\u00edsica y psicol\u00f3gicamente, trasladados para que perdiesen la noci\u00f3n de tiempo y espacio. Como no hab\u00edan podido matarlos, buscaban volverlos locos, y as\u00ed se los dijeron. Y para eso los fueron despojando de toda dignidad: cagar y mear tranquilos, por ejemplo. \u00abNos hicieron cagar once a\u00f1os esposados y encapuchados\u00bb, cae en la cuenta Rosencof en Memorias del calabozo.<\/p>\n<p>Que es el libro en el que se basa la brillante, conmovedora, reveladora pel\u00edcula de Alvaro Brechner. Un texto que puede recibir los mismos adjetivos, y que lleva m\u00e1s de treinta a\u00f1os desde su primera edici\u00f3n. El libro fue escrito por Rosencof y Fern\u00e1ndez Huidobro como un largo di\u00e1logo que puede leerse con tonada uruguaya, un relato en primera persona del horror no exento de luminosos momentos de humor y de celebraci\u00f3n. Capaz de transmitir el grado de complicidad, conocimiento e intimidad al que llegaron estos tres rehenes, sin poder dirigirse la palabra entre s\u00ed durante a\u00f1os. Comunic\u00e1ndose a trav\u00e9s de los muros a golpes de nudillos, con un c\u00f3digo que inventaron y perfeccionaron. Imponi\u00e9ndose una meta y una batalla cotidiana: Resistir. Sobrevivir.<\/p>\n<p>El libro fue pensado expl\u00edcitamente con el fin de dejar testimonio de ese horror, y de ese sobrevivir. Es la historia de ellos tres y no de los otros seis -con los que se reencontrar\u00e1n en el penal al final de la peregrinaci\u00f3n, y que tambi\u00e9n lograr\u00e1n sobrevivir, a excepci\u00f3n de Nepo, Adolfo Wasem, que muere ya en ese \u00faltimo a\u00f1o de presidio, despu\u00e9s de haber pasado por lo peor- porque, como dicen los autores, es \u00fanica e intransferible: cada quien vivi\u00f3 su propia historia, f\u00edsica y mental. Mujica no forma parte de la larga charla de Memorias del calabozo, pero ley\u00f3 las pruebas e hizo comentarios, explican sus compa\u00f1eros en el libro, \u00abporque est\u00e1 muy ocupado con su tarea pol\u00edtica\u00bb. Vaya. Despu\u00e9s de vivir todo esto, estos tres hombres hicieron el Frente Amplio. Uno lleg\u00f3 a ser presidente de su pa\u00eds, el otro fue senador y ministro de Defensa, el tercero director de Cultura de la ciudad capital. Eso s\u00ed que es una pel\u00edcula.<\/p>\n<p>Pero no es all\u00ed donde se enfoca La noche de doce a\u00f1os. El film se mete &#8211;y mete al espectador-en ese viaje que est\u00e1 al borde de la condici\u00f3n humana, pero que es al mismo tiempo lo m\u00e1s intr\u00ednseco y profundo de ella. Pone en acto esa potencia absoluta y creadora que Cornelius Castoriadis postula como \u00abimaginaci\u00f3n radical\u00bb: el ser humano puede todo lo que quiere. Y lo quiere todo. Estos hombres quisieron lo imposible. Quisieron vivir. Para poder hacerlo, necesitaron inventarse la certeza, la firme convicci\u00f3n, de que tal utop\u00eda era posible. Y hurgar en la asombrosa materia de la que finalmente estamos hechos, como lo descubren algunos que viven situaciones l\u00edmite como estos tupamaros, como revela la pel\u00edcula y tambi\u00e9n el libro.<\/p>\n<p>\u00abEst\u00e1bamos prendidos a la vida como la hiedra al muro. Prendidos de tal manera que disfrut\u00e1bamos los menores indicios de una naturaleza que nos estaba vedada. El pelechaje de una ara\u00f1ita, la impresi\u00f3n fugaz de una abeja en el calabozo, el voceo lejano de un ni\u00f1o, eran grandes acontecimientos del d\u00eda, que disfrut\u00e1bamos con intensidad\u00bb, analiza Rosencof mientras charla con su amigo. Y as\u00ed prendidos a la vida, los rehenes libran sus batallas: La obsesi\u00f3n por orinar y defecar \u00abcon autonom\u00eda t\u00e1ctica\u00bb los lleva a pelear a brazo partido por hacerse de \u00abla lata\u00bb. O por defender ingeniosamente la pelela de pl\u00e1stico rosa que le trajo su madre en una visita, en el caso de Mujica. \u00abNos sacaban una vez por d\u00eda al excusado. A veces, ninguna. Pero hay que reconocer que hubo d\u00edas en que nos sacaron dos veces\u00bb, observa sin perder el humor Fern\u00e1ndez Huidobro. \u00abEra un acontecimiento. El d\u00eda que nos sacaban de ma\u00f1ana y despu\u00e9s de noche, uno volv\u00eda con la sensaci\u00f3n de que hab\u00eda cambiado la situaci\u00f3n pol\u00edtica\u00bb, completa Rosencof.<\/p>\n<p>Seguir este di\u00e1logo despu\u00e9s de ver la pel\u00edcula -todav\u00eda inmersa all\u00ed, en esa claustrofobia, ese naufragio mental sin embargo l\u00facido que traspasa la pantalla- ofrece una doble revelaci\u00f3n. No se preocupe el lector, no voy a espoliar, solo cuento que hay momentos muy graciosos en la pel\u00edcula, sobre todo los dedicados a mostrar cu\u00e1n brutos eran los milicos (uruguayos). Una piensa que se trata de licencias humor\u00edstico po\u00e9ticas, porque no, no puede haber pasado eso de ese modo. Pero s\u00ed. En el libro est\u00e1 contado tal cual, tambi\u00e9n con mucho humor (y tonada uruguaya). \u00abPara los que vengan, lavemos los platos\u00bb, canta incre\u00edblemente Celia P\u00e9rez Cruz, en una de las escenas finales. Despu\u00e9s de todo lo vivido, les avisan que los van a soltar cuando Fern\u00e1ndez Huidobro est\u00e1 lavando los platos, ya en la \u00abtranquilidad\u00bb del presidio. Pero \u00e9l sigue fregando con esmero. \u00bfY para qu\u00e9 los lava?, le pregunta el guardia. \u00abPara los que vengan\u00bb, contesta \u00e9l. \u00abYo saldr\u00eda rajando\u00bb, corona el carcelero. As\u00ed pas\u00f3. Y est\u00e1 la pelela rosa (\u00abla escupidera\u00bb, dicen ellos) en la que el Pepe logra sembrar y hacer florecer cal\u00e9ndulas, y con la que sale abrazado, por toda pertenencia en el mundo, el d\u00eda final de su liberaci\u00f3n. Y as\u00ed pas\u00f3. Porque el ser humano puede todo lo que quiere. Y lo quiere todo.<\/p>\n<p>Por\u00a0Karina Micheletto<\/p>\n<h6>Fuente: P\u00e1gina 12<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abProhibida la boca, hablaban por los dedos. 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