El viejo Teatro Municipal Mendoza: un ícono perdido

Otrora situado frente a la Plaza San Martín, fue el principal centro cultural de la provincia y representó el corazón de la actividad artística local, nacional e internacional entre fines del siglo XIX y principios del XX.

Otrora situado frente a la Plaza San Martín, fue el principal centro cultural de la provincia y representó el corazón de la actividad artística local, nacional e internacional entre fines del siglo XIX y principios del XX. Por un proyecto trunco, terminó demolido en la década de 1940.

Pionero en la escena artística de Mendoza, el Teatro Municipal fue el ícono de las actividades teatrales de la provincia en las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del XX, un espacio donde florecieron numerosos elencos locales y que atrajo a importantes figuras nacionales e internacionales.

Ubicado en la esquina de calles España y Gutiérrez, frente a la Plaza San Martín y donde hoy se levanta un moderno hotel de cuatro estrellas, propició además el desarrollo de innumerables eventos artísticos vinculados al cine, la música y la literatura, como también fue sitio de conferencias y disertaciones científicas, políticas y sociales. Se convirtió en un verdadero faro de la cultura mendocina hasta su desaparición en la década de 1940, a causa de la ambición urbanística y el desdén por la preservación patrimonial.

Previo a la inauguración del Teatro Municipal en 1870 o 1873, según distintas fuentes (el mapa de la Ciudad de Mendoza de 1872 -«Plano Numa Lemos»- indica que éste estaba «en construcción»), existieron al menos otros dos teatros relevantes . Entre 1822 y 1829 funcionó una sala construida por la iniciativa de algunos amigos de la cultura, y se la considera como la primera sala de espectáculos públicos que funcionó en la provincia después de la independencia

Posteriormente, entre 1851 y 1852, se construyó un segundo teatro más grande e importante. Según la investigadora Susana Tarantuviez, se denominaba ‘25 de Mayo’ y tenía un escenario de 18 metros de largo y una capacidad para 2000 personas, ofreciendo frecuentes representaciones y conciertos. Podría haber sido conjuntamente el punto de inspiración vocacional para algunos jóvenes mendocinos que estrenaron sus obras fuera de la provincia, como el poeta Leopoldo Zuloaga en Chile con su comedia «El gobierno de Nazar».

Tras el terremoto de 1861 y la posterior reconstrucción de la ciudad de Mendoza, los vecinos y las autoridades consideraron la urgente necesidad de levantar un nuevo teatro que reuniera la dinámica artística que hasta entonces estaba desperdigada en salas y espacios improvisados y temporarios. La solución provino de un ciudadano francés, que a través de su testamento donó un galpón situado en la ochava noroeste de las calles Gutiérrez y Suipacha (hoy España), enfrente de la entonces denominada Plaza Cobo con su majestuoso reloj, que sería destinado al futuro inmueble.

En su testamento, el donante del terreno estipuló que solamente cedería su propiedad para la construcción de un teatro. Este documento se convirtió en una pieza clave (y de conflicto) en los acontecimientos ocurridos décadas más tarde.

Grande y de cartelera abundante
El Teatro Municipal fue el único edificio sostenido por un organismo de Estado (en este caso, el municipio de la Ciudad de Mendoza, aunque lo concesionaba a privados) y el más importante en su rubro hasta 1922, cuando se inauguró el Independencia. Con una superficie de 1500 metros cuadrados, poseía un escenario de 15 metros de largo y contaba con una capacidad de 755 localidades, distribuidas en 350 asientos en platea de piso, 104 en platea balcón y 200 en paraísos, más 24 palcos altos y bajos. Lindante al edificio había un bar donde los espectadores se reunían en los intervalos y fines de cada función.

Aprovechando la ubicación estratégica de Mendoza en la ruta entre Buenos Aires y Santiago de Chile, el Teatro Municipal fue escenario predilecto para cientos de compañías nacionales e internacionales que realizaban giras en Argentina y otros países de la región. De todos modos, sin descuidar la producción local, albergó y formó grupos artísticos mendocinos que ocupaban buena parte de la cartelera, ya sea con funciones propias o como soporte de las agrupaciones foráneas.

La cartelera del Municipal fue muy profusa. Según la investigadora del teatro Graciela González de Díaz Araujo, en los años 1926 y 1927 alrededor de una veintena de agrupaciones teatrales y artistas solitarios presentaron sus espectáculos. Ese bienio arribaron a Mendoza las compañías nacionales de Brena Gutiérrez, Silvia Parodi y Enrique Orellano, THE-THE THY, Carlos Valicelli, Gloria Ferrandiz y Fanny Brena, y las internacionales dirigidas por los españoles Francisco Villaespesa y Eulogio Velasco, y el italiano Darío Nicodemi.

Entre los directores y actores mendocinos que representaron sus obras en el Municipal se encuentran Gregorio V. Muñoz con su comedia El loco de verano (acompañado musicalmente por el dúo Calvet-Cardone), Camila Quiroga, Miguel Martos y Ricardo Setaro, estos dos últimos ganadores de un concurso poético.

También en ese bienio pasó por el teatro el entonces famoso actor, modisto e imitador español Edmond de Bries, la cantante y actriz rusa nacionalizada argentina Berta Singerman y el dramaturgo sanjuanino Guillermo Petra Sierralta (cultor del «Teatro regional» con el mendocino Juan Draghi Lucero) quién estrenó el 25 de enero de 1926 su obra Sierra adentro, una comedia dramática de tres cuadros.

Primera función de «cine»
Un hito del Teatro Municipal fue la primera proyección de un film bajo «biógrafo» en Mendoza, ocurrida el 16 de agosto de 1899. Un artículo periodístico del diario Los Andesexplica que el empresario Luis Castellans, que tenía la concesión del teatro hasta el 30 de agosto de ese año, decidió ofrecer una gran despedida. Contrató a una compañía teatral española dirigida por el actor Eduardo Roldán que, entre otras cuestiones, ofrecía exhibiciones de «biógrafo».

El 16 de agosto montó en escena el juguete cómico (pieza teatral) «Juez y parte» y en pantalla exhibió una breve «cinta» denominada «Cuadros submarinos». En la función nocturna de ese día Roldán ofreció otra «cinta» llamada «Corrida de toros», que mostraba al conocido matador Luis Mazzantini en cuatro faenas sucesivas. La última proyección de la jornada fue «Maniobras militares». Este evento causó gran sorpresa y fue muy bien recibido por el público y la prensa, aunque presentó algunos problemas de iluminación en las exhibiciones diurnas que fueron subsanados cubriéndose con paños las claraboyas y ventanas.

Para este espectáculo se cobraron diversas tarifas: el acceso al palco costaba 8 pesos y a tertulia 2 pesos, mientras que el ingreso general era de 1 peso por persona. La programación de ocho funciones era ofrecida con un descuento del 10%.

La compañía de Roldán ofreció proyecciones hasta el 1 de septiembre y cuatro días después abandonó la ciudad en dirección a Córdoba.

Una ceremonia literaria por el Centenario de Mayo
El Teatro Municipal no fue ajeno a las celebraciones por los cien años de la Revolución Patria en 1910, al albergar el 25 de mayo de ese año a la noche los denominados «Juegos Florales», un certamen poético, cultural e intelectual que exaltó el sentimiento patriótico y progresista que imperaba en aquellos tiempos, y fue considerado como el «broche de oro» que cerró satisfactoriamente las actividades oficiales en la provincia.

Una crónica del diario El Debate, reproducida en el Álbum del Centenario 1810-1910 que se publicó unos meses después, ponderó triunfantemente los juegos florales al señalar que éstos «se han revelando como un espléndido exponente de la cultura artística de Mendoza, demostrando en una forma irrefutable, que si hay pioneros en la industria, fuertes comerciantes y poderosos capitalistas, hay también cultores del arte, cantores de la Patria en sus glorias imperecederas y cantores de la belleza en la idea, en la forma y hasta en su materialidad».

«En el gran certamen intelectual de anoche todo lo que Mendoza tiene de más valía en el campo social, en el político y en el intelectual, estuvo representado en forma selecta y digna, siendo el necesario y espléndido complemento de aquella fiesta, en que se cantó a la patria, a la belleza y al trabajo, en la medida del pentagrama musical, en el variado metro poético y en la prosa matizada y bizarramente castellana», agregó.

De manera similar a otros medios de prensa de la época del Centenario, El Debateensalzó con creces al Poder Ejecutivo provincial encabezado por Rufino Ortega, vinculando la fortaleza de los mendocinos con sus líderes políticos: «Si el pueblo de Mendoza ha estado a la altura de los próceres de Mayo, el gobierno que nos rige, ha estado también a la altura de este pueblo viril en el trabajo y grande en la conmemoración de las glorias patrias».

Sentencia de muerte
Si bien a partir de los últimos años del siglo XIX y más aceleradamente en los inicios del XX, se multiplicaron sustancialmente en la capital y sus alrededores teatros y cines de variable duración existencial (Eliseo, Variedades, Politeama, San Martín, Centenario, Palace), el Municipal se mantuvo como el referente del arte escénico en Mendoza, pese al flamante Teatro Independencia edificado contiguamente al no menos majestuoso Hotel Plaza, en calles Chile y Espejo e inaugurados en 1922.

Ya en 1929 el teatro fue blanco de los acreedores de la Municipalidad capitalina, quienes exigieron el remate del inmueble con el objetivo de conseguir que las autoridades municipales solventaran sus deudas. Incluso el 5 de marzo el edificio llegó a ser tasado en 205.773 pesos, pero sobrevivió al embargo.

Antes, en vísperas del Centenario de Mayo (1910) y durante la administración municipal del Leopoldo Frías, el Teatro Municipal había sido sometido a una serie de refacciones generales tanto en su frontispicio como en su interior, incluyendo un reforzamiento de su estructura con vigas de cemento y la construcción de más palcos, que permitió ampliar los espacios y ofrecer más comodidades a los espectadores.

Pero esas modificaciones fueron insuficientes, a juzgar por una nota del diario Los Andesde 1920: «Las reformas efectuadas han mejorado notablemente sus condiciones de aseo y confort, pero subsisten los graves inconvenientes de construcción, su escaso número de salidas, el reducido espacio de su platea, y el exceso de palcos, todo lo cual, influye desfavorablemente en el resultado de los negocios teatrales que en dicho coliseo se realizan».

En la década de 1940 el Teatro Municipal perdió suma importancia en los ámbitos gubernamentales. Las nuevas corrientes políticas, sociales y económicas que imperaban a nivel nacional y provincial repercutieron en el desarrollo urbanístico de Mendoza, que urgía levantar nuevos edificios públicos para la creciente estructura de las administraciones públicas.

A mediados de 1946 la Municipalidad de Capital resolvió construir un nuevo edificio municipal en reemplazo de la vetusta casona situada en calles Sarmiento y España. Dos nuevas locaciones fueron sugeridas en principio: unos terrenos ferroviarios cercanos a la estación Mendoza, dispuestos en el fallido Plan Regulador de 1941, y la Quinta Agronómica, sugerida en el Informe de la Comisión de Urbanismo, donde se estaba planificando la futura Casa de Gobierno de Mendoza y otras dependencias públicas.

Sin embargo, por iniciativa del comisionado municipal Jorge Segura, se decantó por la ubicación del teatro municipal y el contiguo edificio del Concejo Deliberante (ex Círculo de Armas, donde asesinaron al gobernador Carlos W. Lencinas en 1929), desechando de plano y sin motivos las dos propuestas anteriores.

La Municipalidad exhortaba la construcción de la nueva sede gubernamental aduciendo la jerarquía de la ciudad capital, la obsolescencia del edificio existente, una benéfica concentración de actividades (por entonces dispersas en varios edificios) en un solo complejo y el ahorro de recursos económicos por el cese de pagos en alquileres, entre otras cuestiones.

El proyecto contemplaba la edificación de un inmueble de más de 3.000 metros cuadrados con una inversión de 2.500.000 pesos moneda nacional, realizándose un concurso internacional que se ajustaba a las normativas vigentes, señala Jorge Ricardo Ponte en su libro Mendoza, aquella ciudad de barro. Mientras tanto, se avanzó en la demolición tanto del teatro como el ex club.

Sin embargo el proyecto fracasó (nunca se conocieron las certezas de tal deserción) y lo que fuera el Teatro Municipal Mendoza se convirtió en un baldío, un lamento artístico que ni siquiera se pudo superar con la inauguración del nuevo Teatro Mendoza en 1949.

Un joven Osvaldo Neyra reflejaba ese sentimiento en un artículo escrito en 1961 para el diario El Tiempo de Cuyo, en el cual además esgrimió un tono muy crítico sobre la situación del ambiente teatral de la provincia: «La demolición del Teatro Municipal marcó época para el teatro profesional de Mendoza […]. Ahora el teatro independiente trata de lograr un nuevo encuentro con nuestro público, trayendo otras formas y otro espíritu, que no reconocerían los viejos recurrentes al desaparecido teatro».

Recién en 1969, un año después de la inauguración del actual edificio municipal en el Parque Cívico, Capital puso a la venta los terrenos del viejo teatro y la antigua sede concejal, un gran baldío en medio del centro de la ciudad que evocaba recuerdos nostálgicos y desidia oficial. El lote del antiguo inmueble teatral fue vendido a la constructora Isaac Kolton Inmobiliaria, y el otro quedó en manos del Banco Unión Comercial e Industrial (BUCI).

Mientras el BUCI pudo levantar un imponente edificio de 16.300 metros cuadrados con departamentos y donde fijó su sede central (hoy funciona la sucursal de otro banco), Kolton nunca pudo avanzar en sus proyectos porque únicamente allí podía levantarse un teatro. Esa traba legal estaba sustentada en dos herramientas: el testamento del propietario original como a la Ley Nacional 14.800 de 1959 que obligaba a construir una sala teatral donde hubiese existido otra.

Reconvertido en una playa de estacionamiento, el baldío del otrora teatro municipal fue rematado en 1991 a raíz de la quiebra de la empresa Kolton, por disposición del Primer Juzgado de Procesos Concursales y Registros. Lo adquirió el BUCI por un pago de 32.044.717 australes, para destinarlo a un edificio de oficinas y departamentos.

Pero con la venta y desaparición de esa entidad bancaria, a fines de la década de 1990 el terreno pasó a manos de un grupo inversor que tras superar los obstáculos legales construyó un hotel de cuatro estrellas, el Cordillera, que fue adquirido por la cadena NH en 2002.

Bibliografía
González de Díaz Araujo, Graciela. «Aportes para una historia del teatro en Mendoza (1925-1927)», Piedra y Canto. Cuadernos del Centro de Estudios de Literatura de Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo – Facultad de Filosofía y Letras CELIM, Mendoza, 1993.

Gobierno de Mendoza. Artículo diario El Debate del 26 de mayo de 1910, Álbum del Centenario. 25 de Mayo 1810-1910, Mendoza, 1910.

Grosso Dutto, José. «Los terrenos del ex Teatro Municipal de nuestra ciudad», Diario Los Andes, año CIX – número 36.646, 31 de marzo de 1991.

Guía General de Mendoza, Mendoza, 1940.

Los Andes. Centenario Diario Los Andes 1882 – 1982. Cien años de vida mendocina, número especial, Mendoza, 1982.

Los Andes. Cincuentenario 1882-1932 «Bodas de Oro», número especial, Mendoza, 20 de octubre de 1932.

Los Andes. Vistazo retrospectivo a la región de Cuyo al cerrar el año 1920, número especial, Mendoza, enero de 1921.

Neyra, Osvaldo. «Situación actual del Teatro en nuestra provincia». Cuarto Centenario de la fundación de Mendoza 1561-1961, edición extraordinaria, Diario El Tiempo de Cuyo, Mendoza, marzo de 1961.

Ponte, Jorge Ricardo. Mendoza, aquella ciudad de barro. Historia de una ciudad andina desde el siglo XVI hasta nuestros días, primera edición, Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, Mendoza, 1987.

Tarantuviez, Susana. «El Teatro en Mendoza en la época del Centenario», revista digital La Melesca, Mendoza, 25 de noviembre de 2016.

Fuente: MDZ Online