Rosario: “Si Javkin decide no ser candidato, estoy dispuesto a refrendar la gestión”

Si el intendente no va a la reelección, Chale se siente “preparado” para ser candidato oficialista en 2027 pero será “una definición colectiva”. Descarta un acuerdo con La Libertad Avanza y advierte sobre el impacto del modelo económico en el empleo local.

Si el intendente no va a la reelección, Chale se siente “preparado” para ser candidato oficialista en 2027 pero será “una definición colectiva”. Descarta un acuerdo con La Libertad Avanza y advierte sobre el impacto del modelo económico en el empleo local.

A cuatro meses de que comience a rodar el cronograma electoral de 2027 —el puntapié inicial será el próximo 7 de febrero con el cierre de alianzas—, el secretario de Gobierno de la Municipalidad de Rosario, Sebastián Chale, no esquiva el bulto y pone sobre la mesa sus aspiraciones de pelear por la intendencia. En un mano a mano con Rosario/12, el funcionario repasa el tablero político local, desgrana los desafíos estructurales de una ciudad que busca consolidar su autonomía y analiza el impacto de la crisis socioeconómica sobre el tejido productivo y laboral rosarino.

—A 130 días del inicio formal del cronograma electoral cabe una sola pregunta: ¿vas a ser candidato a intendente?

—Voy a serlo si eso lo define el espacio y, sobre todo, el propio intendente. La primera opción hoy es Pablo [Javkin], eso está claro. Si hay una definición de que la gestión tenga continuidad a través de un candidato, siento que hay cierto entendimiento de que puedo ser la persona que refrende eso, que defienda los proyectos en marcha. Pero bueno, para eso, obviamente, va a ser una definición colectiva que me excede. Me siento preparado, como ya lo dije varias veces, y estoy dispuesto.

—Hay un gran desafío en Rosario, definir la autonomía a través de una carta orgánica municipal. ¿Qué va a pasar con ese proyecto y qué rol debe encarnar un intendente en ese sentido?

—Creo que la autonomía tiene que, además de expresarse en una carta orgánica, empezar a materializarse en acciones y cambios sustanciales. Uno de ellos es la movilidad y el transporte, probablemente el principal, no tengo duda de eso. También creo que hay un desafío muy grande en la integración de todos los barrios; la ciudad tiene que proyectarse hacia la profundización de un estándar urbano más homogéneo. Esto quiere decir: todos los barrios sin zanjas, con buenos servicios, pavimento y una recolección de higiene acorde a la altura del tiempo que vivimos. La autonomía es un paso adelante que simplifica la gestión diaria y nos da identidad, pero ahora viene un momento de realizaciones: ir más rápido con las urbanizaciones, resolver las cuestiones de los asentamientos, las usurpaciones y el acceso a la vivienda. Ahí radica el verdadero desafío de este tiempo.

—No es habitual que una ciudad con las dimensiones de Rosario esté supeditada históricamente a una capital provincial más chica como Santa Fe. En este avance autonómico, ¿hasta dónde puede influir el peso político local?

—Esto tiene mucho más que ver con quiénes interpretan la política provincial y cómo influye Rosario en ella que con la cuestión formal de la autonomía en sí. Vivimos distintas etapas. El gobierno provincial anterior tenía un peso específico y una asignación de presupuesto muy volcada hacia la ciudad de Santa Fe. En cambio, esta gestión (de Pullaro) ha priorizado no solamente los recursos hacia Rosario, sino también en qué aplicarlos. La agenda de seguridad apostó fuerte aquí y se acordaron obras de infraestructura clave. Lo que no puede ocurrir es que el intendente de Rosario sea un “convidado de piedra” en las decisiones provinciales. Valoro mucho este entendimiento actual: el cambio más importante fue que el propio intendente pudo llevar las carpetas con las veinte obras prioritarias para que la provincia las sume. Tiene que ver con una relación de fuerzas en la política.

—¿Qué herramientas institucionales tiene Rosario para garantizar que esa sintonía no dependa de la coyuntura o de la buena voluntad política de turno?

—La principal es tener una buena administración en Rosario. La autonomía no va a implicar subir ningún impuesto para financiar gastos de obra. Lo fundamental es contar con una gestión sólida y una política de inversión pública consistente. En esto no le quito responsabilidad al municipio; al contrario. En la gestión anterior decíamos que el intendente tenía que estar sentado en la definición del comisario o del jefe de la Unidad Regional. Hoy logramos mucho más que eso: me siento todas las semanas con el Ministerio de Seguridad y con el MPA para coordinar las intervenciones barriales, definiendo juntos dónde abordar. Eso hay que convertirlo en una política estable y sustentable en el tiempo, que no dependa únicamente de que haya buena sintonía entre los gobiernos.

—Desde el espacio oficialista provincial se observa la irrupción de figuras como Federico Angelini. ¿Podría haber una interna dentro del frente Unidos entre un candidato que represente a la Municipalidad y otro desde la perspectiva del Gobierno provincial?

—No creo que vayamos a un esquema donde cada nivel de gobierno tenga su propio candidato, porque el proyecto político es uno solo. Lo que sí puede haber algunas expresiones dentro del mismo espacio de distintos partidos: Angelini representando al PRO y a una visión de ese sector, probablemente un candidato del socialismo y, bueno, un candidato en nuestro caso que exprese el proyecto político que lidera Pablo, o el propio Pablo, desde ya. Me parece que se configurará un esquema de tres opciones con sus distintos matices, reforzando el valor que han tenido ambas gestiones en su respectiva responsabilidad dentro de un mismo espacio.

—En el plano económico, la ciudad pasó de registrar mínimos históricos de desempleo a liderar los índices de desocupación a nivel nacional. ¿Cómo analizás este retroceso?

—Rosario tiene una baja incidencia del empleo público en su totalidad y siempre funciona como un anticipo de las tendencias nacionales: cuando la actividad crece, es la primera en despegar, pero cuando cae, es la primera en sufrir. No obstante, si uno mira la estadística ampliada, la tasa de actividad en Rosario es altísima; hay mucha gente buscando trabajo, muy por encima del resto de los aglomerados urbanos. El mercado laboral no está teniendo la capacidad de absorción necesaria. Ninguna ciudad del mundo puede resolver esto por sí sola si no hay actividad, demanda e inversión. Nosotros estamos amortiguando el impacto a través de políticas sociales y promoviendo que no haya obstáculos para invertir, pero no es un escenario homogéneo. Los sectores que más mano de obra emplean son los más golpeados: la industria textil atraviesa una situación crítica, al igual que los electrodomésticos y la línea blanca que se fabrican aquí. En contrapartida, hay sectores dinámicos, pero con baja absorción de empleo. Y la construcción, clave para la ciudad, solo se sostiene por la obra pública, ya que la privada se ha visto afectada en todo el país.

—¿Ves a La Libertad Avanza participando en un acuerdo electoral con el frente Unidos?

—No, en un acuerdo electoral no lo veo; lo veo prácticamente imposible. No lo contemplo como una posibilidad.

—Al recorrer las galerías y centros comerciales se observa un panorama mixto de locales abiertos y cerrados, reflejando la resiliencia de una ciudad rodeada por un tridente fuerte como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. ¿Cómo da batalla Rosario en ese escenario?

—Rosario recuperó algo básico y esencial: cierta normalidad en la calle, con condiciones de paz urbana muy estables. Sin eso resuelto, no hay inversión ni crecimiento posible. La segunda fortaleza es que contamos con una comunidad empresaria muy potente, dinámica y con mucha tradición, además de una histórica articulación virtuosa entre lo público y lo privado sin ponerle palos a la rueda al que invierte. Nuestra debilidad histórica frente a Córdoba era la fuerte inversión provincial en aquella ciudad, algo que hoy se está revirtiendo porque Rosario es priorizada por la Provincia. El Estado nacional, en cambio, se ha retirado de la infraestructura intentando imponer reglas donde solo invierta el privado. No creo que eso afecte gravemente a Rosario, porque nuestra plaza sigue siendo atractiva, aunque sí dañará a otras regiones del país. Lo que necesitamos imperiosamente es que exista una recuperación macroeconómica general.

Fuente: Página 12