Difícil de creer
¿Vamos a volver a discutir la legitimidad de los votos de la Sierra? Hace 5 años un maestro campesino ganó una elección a presidente. Su nombre es Pedro Castillo, un rondero de Cajamarca, que no figuraba siquiera en las encuestas repartidas en Lima (terminó ganando)
23/04/2026 EL MUNDO¿Vamos a volver a discutir la legitimidad de los votos de la Sierra? Hace 5 años un maestro campesino ganó una elección a presidente. Su nombre es Pedro Castillo, un rondero de Cajamarca, que no figuraba siquiera en las encuestas repartidas en Lima (terminó ganando). Ahora, quienes lo removieron del cargo sin respetar las garantías constitucionales, violando el reglamento, sin los votos mínimos que pide la ley, quieren volver a impugnar los votos “serranos” que, de nuevo, contra toda la falsedad narrativa difundida año tras año, optaron por él. Por su figura. Por su partido. La historia se repite. Racismo o democracia, deberíamos decir. Otra vez. Hace 4 años decían “los indios no saben votar”. Ahora quieren volver a Cajamarca y a Puno a anular sus votos. A “observar” las actas electorales para que las “revise” el jurado electoral que no “revisa” en todos lados. Es importante destacar esto, antes de que sea demasiado tarde.
Cuando Castillo fue removido, 52 personas fueron asesinadas. Nadie levantó un monolito por ellas. Siguen reclamando. Esas muertes no sucedieron en cualquier parte. Sucedieron en Puno, Juliaca, Ayacucho, Cajamarca: donde hoy los votos se inclinan nuevamente por el partido de Castillo, Juntos por el Perú. Como la gente no los acompaña, dicen, sencillamente, que esa gente (esos indios de “mierda”, esa gente “basura”, porque el racismo aflora en contextos electorales) “no saben votar”.
Titula el diario La República “En 7 días se resolverán las actas observadas”. Casi un millón de votos están en manos del JNE. Personeros de Renovación Perú, con el apoyo de Fuerza Popular, partido de Keiko Fujimori, han impugnado actas de sufragio de Cajamarca, Puno y otras regiones favorables a Juntos por El Perú. (Pedro Castillo, como dijimos, es de Cajamarca) Por lo tanto, casi un millón de votos están en manos de los Jurados Electorales Especiales. Los resultados se podrán conocer posiblemente en 7 días más. La elección fue hace más de una semana. Perú no sabe aún quienes disputarán la segunda vuelta. La brecha entre el segundo y el tercero es de apenas 13 mil votos. Quedan aún 5 mil actas por revisar.
La fiscalía “interina” de la Nación presentó, mientras sucede esto, una denuncia constitucional contra el candidato Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, luego de que éste quedara en el balotage contra Keiko Fujimori (quien se presenta por cuarta vez consecutiva), por presunto delito de negociación incompatible y aprovechamiento del cargo cuando lideró el ministerio de cultura. Durante varios años no hizo nada. Es curioso que la fiscalía “interina” (porque la fiscal real Delia Espinoza fue mal removida de su cargo, por “abrir carpetas” a congresistas, lo cual era y es su función de fiscal) se active ahora, en consonancia con los intereses del “pacto”, contra un candidato victorioso que no está alineado. Es curioso que siempre se perciben actos contra un solo espectro político. No contra los demás. Pareciera que los tiempos de la elección determinan los tiempos de la Fiscalía. Las inhabilitaciones recurrentes (contra figuras progresistas) antes de la elección también debieran ser sujetas a algún análisis. La OEA hace tiempo advierte contra las “tachas” en el sistema electoral peruano. Las “tachas” siguen, pese a los informes.
La oficina nacional de procesos electorales (ONPE), hoy en el ojo de la tormenta, reconoce que su personal olvidó 4 cajas con cedulas de Surquillo en el vehículo de traslado. Cuatro cajas de votos en el baúl de un auto. “Olvidadas”. Las mismas fueron enviadas a un programa de televisión. La policía ingresó en vivo al estudio a recuperar los votos… el viernes pasado. (Dos días después: “ONPE: 155 actas en Cusco no se contabilizan tras retraso en entrega de material electoral por malas condiciones climáticas”). Para muchos, son “fallas logísticas”. Para otros, son algo más que eso. De los segundos, a su vez, no todos tienen argumentos legítimos. Nieto pide sustentar las acusaciones. Aliaga pide, en cambio, “revisar” los votos de la Sierra porque es difícil que gente “sin instrucción” pueda entender cómo votar…
Tiene razón Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, cuando afirma que de no haber sido un “blanquito” el que llamó a la insurgencia, (como sí hizo López Aliaga, ex alcalde de Lima, que censuró hace dos años el informe de Amnistía Internacional sobre las 52 muertes, y que amenazó con sodomizar en 24 horas a un miembro de la Junta Electoral si no declaraba nulas las elecciones, el “plan Morrocoy”) ellos ya habrían sido detenidos.
Para López Aliaga los votos de Cajamarca y el Perú rural no valen. Por eso piden de nuevo anular. No piden rehacer la elección, siquiera. No. Piden anular los votos de Cajamarca, de donde es oriundo Castillo. Piden anular los votos que no los votaron a ellos. Así de corto. Los votos “observados” serán “analizados”. El riesgo de que vuelvan a robar otra elección en Perú es real. Está cerca. Ni en una novela de realismo mágico terminan los votos de un colegio en un set de televisión. Donde entró la policía a buscarlos.
“Policía Anticorrupción realiza diligencias (frente a una pastelería ANCKY) por hallazgo de ánforas electorales en Surco”, informa un medio conservador (El Comercio). Es curioso de ver la imagen de cinco policías de negro en la puerta de una pastelería, que se encontraba cerrada. (“Inspeccionan puntos donde se abandonó material electoral que corresponde a cuatro mesas de votación de Surco, que, según ONPE, ya fueron contabilizadas) Es el diario conservador quien lo dice, no un medio de izquierda. Y buscan actas electorales frente a una pastelería, luego de haber ingresado, la noche anterior, a un set de televisión (en vivo) a llevarse votos válidos. No actas fraguadas. Sino actas legales, que estaban “perdidas” desde el día anterior, porque habían sido transportadas -y olvidadas- en el baúl de un auto. Dicen que la cadena de custodia no se perdió “antes”: pero el problema no es “antes”, sino “después” de que quedaran sin custodia en el baúl de un auto. Primero dijeron que estaban custodiadas por un funcionario de la ONPE. Luego admitieron que no había nadie y el control solo fue por “WhatsApp”. No se trata de “fallas” aisladas, de “inconvenientes” que se repiten: existe un patrón donde la “falla logística” es permanente, en todos lados. Esto puede ser, en el mejor de los casos, producto de una “descoordinación”. En el peor, de una manipulación de las actas. Pero la primera tesis parece más plausible. No la teoría conspirativa. Sino la “no coordinación”. Porque hace 3 años que el país no está constitucionalmente gobernado por nadie. Y nadie piensa estas “fallas” “logísticas”, estas “dificultades”, estos muchos “inconvenientes”, (este “caos”) como “parte” o resultado de lo anterior. Nadie lo asocia. Nadie lo “vincula” todavía con que no existe hace muchos años un presidente legítimo en el país. Que el presidente legal fue mal vacado y allí se potencia este “caos” institucional. Nadie quiere “reconocer” eso. No llegan tan lejos. Solo observan el “caos” sin “precedentes” (DATUM): pero como diremos sobre las 52 muertes: se las saca de “contexto”. A las víctimas también. Como a las “fallas” logísticas de la elección. No se las explica como parte de un “contexto” crítico más amplio, de un país mal gobernado, sin predominio de la ley. Sin “law enforcement”. Sin Estado de Derecho. Sin imperio normativo. Sin tribunal constitucional. Sin fiscalía. Sin defensoría del pueblo. Sin instituciones. Nadie asocia el “caos” de la elección con todo lo anterior.
La cancillería peruana también advierte sobre las “serias dificultades” para “entregar actas electorales del exterior”. Pareciera que todo el procedimiento electoral es difícil. Que cuesta mucho “votar”.
Escribió un usuario joven en redes: a la blanquitud limeña le parece bacán la indigenidad para vanagloriarse con sus amigos extranjeros de la grandiosidad de Machu Picchu, para apropiarse de sus estilos y diseños cerámicos y textiles, para tomarse fotitos coloridas con llamas. Para los blancos, la indigenidad es una abstracción, cuando no un objeto decorativo. Valen en tanto son el pasado, el folklore, el paisaje. Pero cuando esos “indios” pesan, votan, expresan sus aspiraciones, son sujetos despreciables, ignorantes, los “indios de mierda” de siempre.
Por Eugenio Zaffaroni y Guido Croxatto