La muerte de los niños wichi en el norte provincial era una tragedia anunciada

Salta carece de un sistema de información actualizada sobre la realidad social, pero un informe del Ielde, de 2015, ya describía un panorama dramático.

Salta carece de un sistema de información actualizada sobre la realidad social, pero un informe del Ielde, de 2015, ya describía un panorama dramático.

La muerte de siete niños de las comunidades wichi es un síntoma: Salta es actualmente una provincia con muy bajo índice de desarrollo humano, con récord de necesidades básicas insatisfechas y con un Estado ineficiente para el control de la salud en las áreas marginales.
El problema no es exclusivo, sino que se trata de un fenómeno regional. También es cierto que la peor de las políticas que se pueden aplicar son las de la inercia, y eso es lo que ocurrió durante doce años.

Es evidente que estas mortandades se producen cuando los gobiernos abandonan las políticas sanitarias, que no consisten en publicar fotos de funcionarios inaugurando instalaciones, sino en garantizar que los agentes sanitarios puedan ejercer su función en cada hogar.

Sin embargo, aunque las muertes no hubieran ocurrido, la calidad de vida en un departamento como Rivadavia, con algo más de 30 mil habitantes en 25 mil kilómetros cuadrados, con más de la mitad de hogares que habitan en ranchos y calefaccionan con leña, sin acceso a agua potable obligan a tomar medidas inteligentes y a largo plazo para garantizar la inclusión.
En esta ocasión, funcionarios nacionales y representantes de organismos internacionales vinieron a Salta a interiorizarse de la realidad social. Lo cierto es a nadie debió sorprender esta crisis nutricional, ya que es la consecuencia lógica en comunidades que carecen de lo básico y viven alejadas del mundo al que pertenecen las dirigencias políticas, los jueces y la intelectualidad.

Es más fácil mostrarse solidario cuando ya no hay nada que hacer que desarrollar políticas menos glamorosas pero que garanticen calidad de vida.

Información vs. especulación 
Un trabajo publicado en 2015 por el IELDE, de Salta, que dirige el economista Jorge Paz, titulado “Desarrollo Humano en la Argentina y en Salta”, ya había descripto el escenario de las áreas rurales más alejadas de la provincia y había señalado que “los pueblos aborígenes son los más pobres en las áreas más pobres”.
En ese informe se registraban indicadores tales como expectativa de vida, acceso al alimento y a la educación y calidad de las viviendas. No solo el Estado incumplió sus obligaciones: el IPPIS debió estar más atento para resguardar a los hermanos.
Los aborígenes del chaco no necesitan “autopercibirse” como originarios, ya que “son originarios”, hablan la lengua, viven en sus tierras y no necesitan usurparlas a sus vecinos. Sin embargo, el INAI prefiere asignar los fondos que les corresponden a ellos para inventar comunidades legitimadas arbitrariamente y nombrar caciques que son simplemente punteros. Políticos. Esto es lo que pasa en los valles Calchaquíes y solo sirve para condenar a los “hijos de la tierra” a un desamparo aún mayor.
Los organismos internacionales pueden llegar a brindar buenos aportes, pero la solución depende de los salteños. En Salta, una intromisión de entidades ajenas, como el CELS, logró que la Corte Interamericana de Derechos Humanos frenara por veinte años la normalización de los títulos sobre los lotes fiscales 14 y 55.

Desarrollo humano 
“Por desarrollo humano se entiende aquí a todo lo que tiene que ver con las capacidades de las personas. Tanto las capacidades ya adquiridas (o resultados), como así también las potenciales, que están reflejadas en los procesos de acumulación de capacidades humanas, principalmente a través de la educación y la salud. … Salta, como otras provincias, principalmente del Nordeste y del Noroeste del país, se encuentra en una situación de desventaja relativa en términos de desarrollo humano. Los niveles educativo y sanitario tanto en cantidad como en calidad, están por debajo del promedio nacional y la tendencia en el tiempo a lo largo de la última década, dista de ser satisfactoria. Por su parte, los indicadores de trabajo decente ubican a la provincia en la parte más baja de la escala nacional, y los niveles de pobreza y desigualdad social son ostensiblemente más elevados que en el resto del país, sólo para mencionar algunos ejemplos de los temas tratados en las páginas que siguen”, anticipaba el IELDE en 2015.
Ese equipo de investigadores no hacía pronósticos, sino que mostraba la realidad. Y como decía Piero en una canción popular de innegable sello setentista, “las cosas se cuentan solas, solo hay que saber mirar”.

Gobernar es jugarse
Realidades como las de los aborígenes y los criollos del interior profundo exigen un cambio de políticas.
El mundo urbano tiene dos actitudes: el pragmatismo de imponer lo que se piensa que es lo mejor, sin consultar a los destinatarios, y la veleidad progresista de suponer que la gente sería feliz si pudiera volver al imaginario paraíso de los guaraníes y los wichi, una especie de edén anterior a la llegada de los españoles, los jesuitas y el mundo contemporáneo.
Todos los seres humanos quieren disfrutar de la vida.
En términos de Jorge Paz, el desarrollo humano se define como “el proceso tendiente a ampliar las opciones de que dispone la población”.
Las tres opciones consideradas esenciales consisten en: una vida larga y saludable, conocimientos y recursos materiales. Sin esto, las demás oportunidades permanecen inaccesibles. “La base sobre la cual se seleccionaron estos aspectos y no otros es la importancia de conocer cuál es la capacidad que debe poseer la gente a fin de participar en la sociedad y contribuir a ella”.

La libertad de decidir 
En un libro de Bruce Marshall, “A cada uno un denario”, un cura francés le brinda amparo a una chica judía perseguida por los nazis. En medio de ese drama, la joven le pregunta por qué la ayuda y le advierte: “Los que te ayudan buscan tu cuerpo; y si son curas, buscan tu alma”.
Desde mediados del siglo XVIII, la pedagogía busca los mejores caminos para que la educación sea una construcción del educando y no la imposición de un docente. O la seducción de una causa. Con los aborígenes pasa lo mismo. Hay que dejarlos ser ellos mismos, sin recetas y con respeto. Advierte el IELDE: “El desarrollo humano reconoce dos facetas: la primera alude al fomento de la capacidad humana y la segunda, al fomento de la capacidad adquirida. Esta última requiere de la libertad política, económica y social, como así también de las oportunidades de ser creativos y productivos y de disfrutar de auto respeto personal y de los derechos humanos”.
Nada de esto se hizo en los últimos doce años. Y nada de esto se hará si no se modifican los criterios políticos.

Fuente: El Tribuno