La Municipalidad fomenta el ecoturismo en la extensa serranía de Metán

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El municipio y diversas organizaciones locales buscan explotar el enorme potencial del cerro El Crestón y sus alrededores.

En estos últimos tiempos los metanenses han comenzado a mirar de otro modo a las serranía del oeste. Allí está el cerro El Crestón, una mole de 3.269 metros sobre el nivel del mar, y 30 kilómetros al oeste de la ciudad de San José de Metán. Ahora, en el camino de acceso a El Crestón, a unos 7 kilómetros de la ruta nacional 34, se construye un refugio en la cima de una lomada.

Desde ese punto se puede observar el bello serpentear del río Conchas y la majestuosa cresta montañosa.
El sitio cuenta con albergues para varones y mujeres, baños, quincho, cocina comedor y asadores.

Pero lo hermoso del lugar es su entorno. Allí la naturaleza se expresa a través de sus inmensos árboles y de los seis ríos que nacen bajo de ese inmenso y denso tapiz vegetal.

Las Cañas, Yatasto, Metán, Conchas, Las Piedras y Blanco son los riachos que primero corren hacia el este y luego tuercen su rumbo en busca del Juramento.

La selva que cubre la falda oriental de los cordones, cuenta el profesor Eduardo Poma en su Historia de Metán, tapiza totalmente las sierras menores y las lomadas que van perdiendo altura en forma suave y escalonada a medida que avanzan hacia el naciente. allí el nogal entreteje su ramaje con el odorífero cedro, con la tipa y el lapacho rosado; el roble con el canelón, el viraró y los laureles, entre otros. «En las partes altas se encuentran bosques de alisos y pinos del cerro, única conífera de la región, mientras que en las que bajan hacia las llanuras, se ven los azules tarcos contrastando con el rojo de los ceibos, el cebil, el urundel, el pacará y el palo borracho», explicó Poma..

Y como si esa exuberante y verde selva fuese poco, sobre ella sobrevuelan animales de atractivos colores: mariposas, picaflores, loros cabeza roja, urracas azules, tucanes anaranjados y una gran variedad de palomas, horneros, benteveos, tijeretas y calandrias.

Más abajo, abundan los teros, las chuñas, las charatas y las perdices. En las lagunillas del verano suelen retozar vistosos patos, garzas blancas, gallaretas y zorros del agua. Entre las aves mayores de presa y carroñeras abundan las águilas, gavilanes, aguiluchos, chimangos, buhos, caranchos, cuervos, jotes y cóndores.

Y por supuesto, no faltan los mamíferos del lugar. Aún quedan por ahí, algunos yaguareté, pumas, gato montés, pecaríes, tapir o anta, tatú carreta, perezosos, osos hormiguero y suris. Más abundante son el zorros, zorrino, tortugas, comadrejas, vizcachas, liebres, pericotes y murciélagos. Entre los reptiles abundan lagartos, lampalaguas y serpientes venenosas como yarará y cascabel.

Y por supuesto, no faltan los insectos: las chicharras o coyuyos que cantan desde la primavera hasta el final del otoño; luciérnagas y tuco tuco que embellecen el cielo de la selva. Y por supuesto, no escasean aquellas alimañas que el hombre no deja de combatir.

Aves, mamíferos y bellos insectos como las mariposas, abren la posibilidad de que el refugio de El Crestón sea también una estación apta para desarrollar el turismo de observación de avifauna.

Observación de aves o birdwatching

Se trata de una actividad turística preocupada por el medio ambiente.

A pesar del avance de la tecnología y de los atractivos que propone la modernidad, existe una corriente que adquiere cada vez más fuerza y que gusta de las actividades en contacto con la naturaleza basadas en el respeto y cuidado del ecosistema. En un principio eran los viajeros naturistas quienes llegaban a Salta y complementaban su programa de esparcimiento con paseos al aire libre en lugares donde pudieran estar en contacto con la flora y la fauna en su entorno natural.

Hoy son cada vez más los salteños que hicieron propio ese tipo de prácticas. Fue precisamente el birdwatching u observación de aves la actividad que fue abriendo caminos.

Tanto aficionados como especialistas prefieren destinos alternativos fuera de la ruta del turismo masivo. Sus preferencias: áreas con hábitat naturales bien conservadas. Precisamente, la zona de la extensa serranía metanse cuenta con esas características.

Los beneficios llegan por partida doble. La observación de aves no solo fomenta el cuidado y el respeto al medio ambiente, sino que se trata de un tipo de turismo que genera un enorme flujo de divisas.

Fuente: El Tribuno, Salta