Neuquén; los laburantes que se ganan la vida aun con el calor infernal

Están en las calles haciendo todo tipo de trabajos. Este jueves hubo muchos anónimos buscando su sustento cuando el termómetro marcaba más de 41 grados y la ciudad estaba a punto de derretirse.

Están en las calles haciendo todo tipo de trabajos. Este jueves hubo muchos anónimos buscando su sustento cuando el termómetro marcaba más de 41 grados y la ciudad estaba a punto de derretirse.

Ganarse la vida en la calle no es una tarea fácil. Es más que digna, pero cuando las condiciones climáticas no acompañan, como en la tarde de este jueves con más de 40 grados, se convierte en una labor que merece toda la admiración.

Hay quienes pedalean para llevar repartos; otros que levantan paredes sin otra sombra que la que le da un gorro; también están los que venden lo que pueden caminando bajo los rayos del sol o los que despachan combustibles en los playones de las estaciones de servicio o los que pintan las señales de tránsito en el pavimento hirviente o los que velan por la seguridad de todos parados de manera estoica en una esquina o los… la lista podría ser muy extensa.
Este jueves se convirtió -y seguramente quedará en las estadísticas- una de las jornadas más calurosas de los últimos años, con un registro de 41,4º y una sensación térmica de vaya uno a saber cuánto, dependiendo en qué lugar se encontraba cada quien cuando la temperatura comenzó a subir y no terminaba de parar.

Mientras miles de personas buscaban refugio y esparcimiento en las costas del Limay o en los clubes privados, tomando algo fresco, dándose un chapuzón y pasando la tarde con familia y amigos, muchos pequeños grandes héroes se ganaban su sustento bajo un sol implacable que amenazaba con derretir todo a su paso. Seguramente lo hacían en silencio, sin siquiera quejarse de su suerte, acaso cumpliendo con dignidad la tarea que tenían que realizar.

Siempre se habla de la palabra «laburante” para referirse a alguien sufrido que cumple horario y obligaciones a cambio de una paga para poder llevar el pan a su casa, aunque es un rótulo que no debería aplicarse a todos los trabajadores por igual.

El “laburante” en serio, es el que no conoce las comodidades de una oficina, que no tiene ventilador ni aire acondicionado y que -en muchos casos- ni siquiera recibe un sueldo en blanco ni los beneficios sociales que tiene una gran mayoría.

Vayan estas líneas a modo de homenaje para todos ellos que soportan y seguirán soportando muchas jornadas infernales más como las de este jueves sin chistar; para aquellos que tienen como único bálsamo apenas una botellita de agua fría o la sombra de un árbol y para tantos cuyas quejas no se ven más que en la expresión de sus ojos, en el cansancio de su cuerpo y en su piel curtida.

Fuente: La Mañana Neuquén