Nuestro sistema de salud no es una mercancía
En tiempos donde algunos miden las políticas públicas desde un excel, es indispensable cuantificar el daño que están dispuestos a hacer con propuestas que buscan borrar nuestra historia.
01/04/2026 OPINIÓNEn tiempos donde algunos miden las políticas públicas desde un excel, es indispensable cuantificar el daño que están dispuestos a hacer con propuestas que buscan borrar nuestra historia.
Pensar el sistema de salud de Rosario como una moneda de cambio es un atropello digno de quienes jamás valoraron el trabajo de Binner, Cavallero y de los miles de trabajadores que todos los días ponen el cuerpo en el territorio.
¿Usar la autonomía para ceder autonomía?
Hoy la red de salud municipal tiene 330.000 rosarinas y rosarinos adscriptos, casi 94.000 atenciones por mes, más de 1.190.000 consultas ambulatorias y un promedio de 1.700 personas nuevas que se incorporan cada mes, muchas de ellas trabajadores que perdieron su obra social.
En el momento en que más gente nos necesita, la propuesta nunca puede ser soltarles la mano.
Estar cerca no es un slogan, ni mucho menos una cuestión de costos. Porque hace tiempo que nuestros centros de salud dejaron de ser “dispensarios” para transformarse en espacios de referencia barrial.
Nuestros médicos y médicas no solo “hacen consultorio”; escuchan, preguntan y acompañan, a veces con sonrisas otras con lágrimas.
Son los que además de vacunar o atender una consulta, acompañan a una mujer víctima de violencia, detectan tempranamente un caso de vulneración de derechos, que le dan los medicamentos a un adulto mayor o que siguen día a día casos de suma complejidad.
Las decisiones que hoy se toman a metros de la gente no pueden tomarse a 300 kilómetros de distancia.
Lo que está en juego no es abstracto. Porque no existe un sistema de salud como el de Rosario, y de eso estamos muy orgullosos y lo vamos a defender.
Sin sistema de salud municipal desaparecerían los 50 centros de salud con equipos y prioridades propias, la ampliación del ILAR y la decisión de transformarlo en un centro de atención para personas con TGD, el Vilela y su nueva sala de Oncohematología — que decidimos nosotros ampliarla y llevarla a estándares internacionales —, los 2.900 pares de anteojos entregados en 2025 cerca del domicilio de cada paciente, las 150 castraciones de animales semanales financiadas desde el primer nivel de atención, los 110 pacientes con enfermedades crónicas graves con médico a domicilio, el SIES y sus ambulancias en las calles, y la psicopedagogía, fonoaudiología y terapia ocupacional disponibles en el barrio.
Un ejemplo que aporta claridad: cuando la inflación y la inestabilidad de precios amenazaron la política de medicamentos, la Secretaría de Salud tomó la decisión de centralizar las compras.
El resultado fue precios que compiten con los provinciales, más del triple de oferentes y la garantía del medicamento para cada rosarino que lo necesita. Esa decisión fue posible porque la gestión es nuestra. Derivada a otra jurisdicción, no hubiera ocurrido de ese modo o directamente no hubiera ocurrido.
El convenio 770 ya establece una lógica de complementariedad que funciona: el municipio aporta gestión territorial, la provincia cofinancia tecnología.
Ese esquema es perfectible, y de hecho debería transformarse en ley, no depender del decreto del gobernador de turno.
Pero perfeccionar un convenio es exactamente lo opuesto a ceder la gestión.
Y hay un dato que no puede ignorarse: el 70% del presupuesto de salud es recursos humanos.
Transferir el financiamiento significa, en los hechos, transferir miles de trabajadoras y trabajadores a órbita rovincial. Eso no es reforma. Es una transferencia encubierta que ningún rosarino votó.
¿Por qué elegimos seguir teniendo un sistema propio? La respuesta es simple: porque lo que está en juego no es una ecuación contable. Es un modelo que funciona, que crece, y que le pertenece a los rosarinos.
Es la historia de una ciudad que se siente orgullosa de tener más y mejor salud pública que ninguna. Usar la autonomía para ceder autonomía no es una reforma es un oxímoron con consecuencias reales.
Por Soledad Rodríguez*
*Secretaria de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario.