Río de Janeiro: violencia fuera de control

Ni la policía ni los militares dominan la situación en Río de Janeiro. Las clases medias y altas adaptan sus vidas a la violencia cotidiana, pero los habitantes de las favelas afectadas no tienen salida.

Ni la policía ni los militares dominan la situación en Río de Janeiro. Las clases medias y altas adaptan sus vidas a la violencia cotidiana, pero los habitantes de las favelas afectadas no tienen salida.

Las aplicaciones para teléfonos inteligentes que advierten de tiroteos a los ciudadanos de Río registraron 700 incidentes en agosto, un 80 por ciento más que en el año anterior. Informados, los cariocas tratan de evitar zonas de alto riesgo como las carreteras “Linha vermelha” y “Linha amarela”. Quien tiene dinero, se mueve en un carro blindado. Los demás, pegan películas opacas en los cristales para evitar las miradas hacia el interior del coche.

En el barrio de clase media de Tijuca, los padres, preocupados, discuten sobre si deberían mudarse. En el distrito bohemio de Lapa, los bares y los clubes de samba se quejan del bajón de la clientela. Mientras tanto, en Ipanema y Leblon, las más lujosas áreas residenciales de Río, se incrementan los servicios de seguridad privada. Parques mal iluminados como el “Jardim de Alah”, que separa los dos nobles distritos, se evitan de noche.

Color de la piel y código postal

Si esto es incómodo para quienes viven “sobre el asfalto”, en los barrios residenciales regulares, imaginemos cómo golpea a quienes habitan los barrios bajos de las favelas. El riesgo de ser asesinado se determina en Río por el color de la piel y el código postal, asegura la politóloga Ilona Szabó. Un claro ejemplo: Vila Cruzeiro.

“Yo promulgaría aquí una ley para que todos se  quedasen en casa. Apenas se puede ir a la escuela, al trabajo o a hacer las compras, porque nunca se sabe lo que va a pasar”, lamenta Claudia Sacramento. Todos los días envía advertencias a sus vecinos a través de Whatsapp, Facebook, Twitter e Instagram. ¿Dónde está el tiroteo, a dónde se mueven la Policía y el Ejército, qué calles deben evitar los habitantes?

A fines de 2010, las fuerzas de seguridad expulsaron a las bandas de narcotraficantes y, a mediados de 2012, estacionaron aquí la unidad de pacificación UPP. Pero la policía hace mucho que se ha retirado. Bajo la ventana de Claudia, una cabina de policía vacía, repleta de agujeros de bala, representa su fracaso. La UPP nunca funcionó realmente. En lugar de programas sociales, el Estado apenas ofreció violencia contra violencia. Claudia lleva siete años enviando advertencias, “y probablemente continuaré haciéndolo mientras viva”.

Hasta el teleférico al Pan de Azúcar

La última semana de septiembre fue terrible, las escuelas y los jardines de infancia permanecieron cerrados. Los militares, que en febrero tomaron el control de la política de seguridad de Río de manos de la indefensa Policía, perseguían bandas de narcotraficantes.

“Los militares sencillamente entraron a las casas, las pusieron patas arriba, arrestaron a residentes inocentes. Los residentes desean volver a los viejos tiempos; quieren que los militares se vayan, porque no se sienten seguros con ellos”, asegura Claudia.

A los narcotraficantes se les conoce aquí desde niños, se vive entre ellos, explica: “El problema es que cuando el Estado invade repentinamente, luego las balas vuelan por todas partes. A una amiga casi la matan en su propia cocina. Pero cuando nos quejamos de esta violencia, dicen que nos inclinamos por los narcotraficantes”.

También en la favela Santa Marta, la primera a la que se asignó una UPP en 2008, hay ahora tiroteos diarios. Michael Jackson filmó aquí, en 1996, su video clip para el tema “They don’t care about us” (no les importamos). El año pasado, alguien le colgó una ametralladora al hombro a la estatua erigida en honor a Jackson. Ahora los tiroteos se escuchan hasta en Urca, el barrio considerado como más seguro en Río. Allí vive la clase alta, rodeada de complejos de edificios del Ejército.

A principios de junio, el idilio se agrietó. Antes de una acción policial en las favelas Chapéu Mangueira y Babilonia, los traficantes de drogas huyeron por la colina hacia Urca. En consecuencia, y por primera vez en sus 100 años de historia, el teleférico al Pan de Azúcar se detuvo.

Días después, los residentes de la favela descubrieron los cuerpos de los jóvenes ejecutados en el bosque. No hubo consecuencias para los policías sospechosos. “Esto es la favela, aquí se les permite hacer esas cosas”, dice André Constantino, quien ha sido presidente de la asociación de residentes de Babilonia durante años.

La prensa informó del suceso, “no porque murieron siete, ocho o nueve personas aquí, sino porque la lucha se extendió a Urca, porque el teleférico tuvo que ser cerrado por primera vez”, apunta Constantino, “nadie se preocupa ni por los que viven ni por los que mueren aquí”.

Michael Jackson tenía razón

Es imposible llevar una vida ordenada en las favelas. “La guerra contra las drogas ha cobrado un alto costo, enferma a las personas e incluso afecta el rendimiento escolar de los niños y adolescentes”, afirma a DW la socióloga Julita Tannuri Lemgruber. Según estudios, los niños de las zonas de conflicto tienen un rendimiento escolar más bajo. Aproximadamente cada cuarta escuela pública en Río está en zonas de conflicto.

La policía comienza sus operaciones precisamente cuando los estudiantes van camino a la escuela, relata Constantino. “Nos utilizan como escudos vivientes, lo que demuestra que las vidas de las personas no cuentan para nada aquí”. Constantino preferiría mudarse, “a cualquier lugar sobre el asfalto”. Allí, la policía no se permite estos tiroteos: “Este es un campo de exterminio de gente de piel oscura. ¿Cómo podría decir que me gusta vivir en un lugar donde hay dos cementerios secretos llenos de cuerpos enterrados?”

Aquí faltan ofertas educativas, enfoques culturales y políticos para salvar a los jóvenes, dice: “Pero el Estado brasileño no quiere salvarlos; quiere matarlos. Michael Jackson tenía razón: They don’t care about us.”

Fuente: Tucumán Hoy