Villa 31: Integración que desintegra

El Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta argumentó que un ministerio en medio del barrio "Padre Carlos Mugica" cohesionaría la zona. Ocurrió lo contrario.

El Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta argumentó que un ministerio en medio del barrio «Padre Carlos Mugica» cohesionaría la zona. Ocurrió lo contrario.

Al final de la calle Perette, una amplio paseo que funciona como unas de las arterias de ingreso a la Villa 31, se encuentra la nueva sede del Ministerio de Educación de la Ciudad. La calle es ancha y prolija, las casas a los costados están arregladas y pintadas de colores, los comercios se cuentan por decenas y allí, al final de todo, se levanta una imponente mole de vidrio de siete pisos que sintetiza el programa de integración y urbanización impulsado por el gobierno porteño en la 31. Sin embargo, ni los vecinos del barrio ni los trabajadores del Ministerio están contentos: mientras que los primeros cuestionan la necesidad de un ministerio en un barrio sin hospital y con manzanas que no tienen agua desde julio, los otros denuncian episodios de inseguridad e irregularidades en la obra.

Hace un mes, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires oficializó la mudanza del Ministerio de Educación a la nueva sede ubicada en la Villa 31 (o Barrio Padre Mugica, como sus habitantes prefieren llamarlo). El polo educativo «María Elena Walsh» es una enorme estructura de 26 mil metros cuadrados con una fuerte una estética corporativa que alojará un total de 2200 trabajadores, centralizando, de esta manera, el personal del ministerio que se encontraba desparramado en diferentes sedes. Como parte de un proyecto de «integración social y urbana», el gobierno porteño pidió un crédito de 51 millones de dólares al Banco Interamericano de Desarrollo – según indicaron fuentes del Ministerio – para construir una nueva sede. Enmarcado en el proyecto de urbanización del barrio que Horacio Rodríguez Larreta impulsa hace unos años, el objetivo de construir un nuevo Ministerio de Educación en la 31 era – según el Ministerio – darle un impulso comercial a la zona y «romper con la creencia de los barrios marginales son inaccesibles».

Así fue como se embelleció y amplió Perette, la calle sobre la que se ubica el Ministerio. Se construyeron unas bicisendas y se instaló una terminal de EcoBicis. Comenzaron a funcionar tres nuevas líneas de colectivos que ahora ingresan al Barrio Mugica, el 33, el 45 y el 132. Frente a la nueva sede se encuentran las nuevas viviendas que el gobierno de la Ciudad construyó para relocalizar a sus vecinos y, entre ellas, hay un parquecito que es regularmente regado. Sin embargo, a una cuadra de las mangueras que irrigan el pasto del Ministerio, los vecinos del barrio están sin agua desde abril. Los colectivos que ahora entran al barrio ingresan solo desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la tarde, es decir durante el horario de trabajo de los empleados y empleadas del Ministerio. Y, como si fuera poco, las 1200 nuevas viviendas que acompañan el paisaje del Ministerio son el foco de varias denuncias de irregularidades por parte de los vecinos.

Prioridades
«Nos enteramos del Ministerio de Educación cuando ya empezaron a construirlo. Lo hicieron cuando lo que la comuna está demandando es un centro de salud, un hospital. Los Cesac no alcanzan y las ambulancias no entran al barrio, a menos que sea acompañado por un móvil de la policía. Nos pasó que gente se nos muriera porque los médicos se negaban a entrar», explica Walter Giracoy, consejero de la 31. «El edificio tiene agua, pero nosotros no. ¿Y nosotros qué somos?», agrega, enojado, Saúl Sánchez, presidente de la Asociación de Comerciantes del Barrio Padre Carlos Mugica, haciendo referencia a los problemas en el servicio de agua que algunas manzanas del barrio sufren desde julio. Saúl, que se instaló en el barrio en los 90′ y que tiene un local sobre la calle Perette, destaca sentirse «ilusionado» por el caudal de nuevos potenciales clientes que empezaron a circular frente a la entrada de su local desde que se mudó el Ministerio. Sin embargo, el comentario se pierde en la avalancha de críticas que, tanto él como varios vecinos que lo acompañan, comienzan a lanzar contra las irregularidades y contradicciones de las políticas del gobierno porteño en el barrio.

Las nuevas líneas de colectivos que ahora ingresan al barrio es uno de los temas de discusión. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires presentó el nuevo recorrido de las líneas 33, 45 y 132 como un hito simbólico en la integración de la Villa 31. Sin embargo los y las habitantes del barrio no lo ven tan así. «Para el gobierno de la Ciudad somos un guetto. No podes construir semejante monstruo que trasladaron del corazón de Buenos Aires y ponernos una línea de transporte que entra de las 7 de la mañana, hace un corte a las 11 y vuelve a entrar a las 16 hasta 19. ¿Por qué motivo? Todo por el Ministerio de Educación», se indigna Saúl Sánchez. Además, según comenta Saúl, existen tres líneas de colectivos (el 5, 73 y 25) que dejaron de ingresar a la villa desde la llegada del nuevo ministerio.

«No vamos a decir que la presencia del Estado es algo negativo, porque es algo positivo. Pero hay que ver en dónde aparece», explica Sofía González, comunera del Frente de Todos. «Sobre los terrenos de la YPF en donde se encuentra el Ministerio se iban a construir 2500 viviendas, pero a raíz de que el gobierno de la Ciudad modificó el proyecto original que se había votado en el 2009, las 2500 viviendas se convirtieron en 1200 casas y un Ministerio de Educación. Vos pensá que sólo el 10 por ciento de la gente del barrio Mugica va a ser relocalizada, todo lo demás va a quedar como está. ¿Vos lo ves urbanizado?», pregunta González mientras señala las paredes sin revoque, las calles embarradas de tierra y la telaraña caótica del tendido eléctrico que se eleva sobre nuestras cabezas. «Ahí es cuando entendés por qué Larreta, a pesar de tanta obra, perdió las elecciones en el barrio», comenta.

Urbanización
En 2018 se sancionó un nuevo proyecto de urbanización que preveía la construcción de 1200 nuevas viviendas en el ex playón de YPF. A diferencia del proyecto sancionado en el 2009, la Ley 6129 no fue consensuada con los vecinos y vecinas de la 31, motivo por el cual disparó numerosos cuestionamientos. Uno de los mayores problemas consiste en que las escrituras de las casas nuevas – que son entregadas por medio de créditos blandos a 30 años – cuentan con un cláusula que sostiene que el incumplimiento del pago de la hipoteca (o de los servicios públicos) por tres meses habilita el remate de la propiedad. En un contexto de crisis como el actual, estos detalles no sólo ponen en riesgo la propiedad de la casa, sino que además preparan el terreno para producir una situación de desalojo por medios legales. «Están planeando a largo plazo un desalojo sin topadora», indica Sofía González.´

Los y las habitantes del barrio Mugica denuncian, además, la presencia de varias irregularidades en el proceso de adjudicación de las viviendas, así como desprolijidades y malos manejos. Lorenza, por ejemplo, es una vecina del barrio que, el día que el gobierno de la Ciudad censó las casas que se habrían de relocalizar al nuevo barrio, no se encontraba porque era víctima de violencia de género. Su pareja de entonces la había perseguido con un cuchillo por la calle y ella, de pura suerte, logró escapar. Los encargados de organizar el traslado, sin embargo, no le terminaron adjudicando una casa y ahora ella vive sola en el medio de una manzana arrasada. Solo su casa se mantiene en pie. El resto fue demolido, y no tiene ni agua ni luz: «Ahora me quieren mandar a una transitoria hasta que me construyan mi casa. Me muestran un plano en el que me dicen que me van a construir tres piezas, sala, cocina. Hermoso. Pero una delegada que trabaja del gobierno me dijo que ahí no iba a haber casas, que ahí iban a construir un espacio verde. ‘Te están mintiendo, Lorenza’, me dijo», cuenta, con voz pausada, Lorenza, quien supo convertirse en un ejemplo de las consecuencias que estas irregularidades tienen sobre la vida de los habitantes del barrio.

Los habitantes del Barrio Mugica no son los únicos que no están conformes con la nueva sede del Ministerio de Educación. En este momento ya hay alrededor de 800 personas que ya comenzaron a trabajar en la nueva sede (a la espera de que los más que mil que faltan se reintegren luego de las vacaciones) y ninguna de ellas está muy satisfecha con el traspaso. Desde que se oficializó la mudanza a principio de enero, se sucedieron numerosos hechos de inseguridad que, sumadas a las complicaciones en el acceso al barrio y una serie de accidentes que ocurrieron las últimas semanas, tienen a muchos trabajadoras y trabajadores molestos y preocupados.

«Hay un malestar enorme entre los compañeros porque han querido hacer de esto una campaña de integración del barrio, los han utilizado como ratas de laboratorio, y no resultó», explica la delegada de ATE del Ministerio de Educación, María de las Mercedes Reinoso. «La gente está asustada. Vos tenés a muchísimas personas que probablemente sea la primer vez que vayan a una villa, que están alejadas a ciertas realidades de la sociedad, y que se encuentran con que, inmediatamente después de empezar a trabajar, se empiezan a suceder algunos robos. Así empezaron los reclamos de mayor Seguridad», describe Reinoso, quien hace hincapié en la importancia trasladar la noción de inseguridad que están viviendo las y los trabajadores al ámbito de la precarización laboral que la mayoría de ellos sufre. Al igual que en muchas áreas del Estado porteño, una importante parte del personal del Ministerio de Educación es monotributista y no cuenta con beneficios como la ART.

«Yo no sé si la villa 31 por ser la villa 31 es más insegura que otros lugares. Lo que sí sé es que si vos ubicas las paradas de colectivos debajo de una autopista sin señalización, sin luminaria, alejada del barrio y sin nadie alrededor, sí va a ser necesariamente más inseguro que esperar un colectivo en el medio de Paseo Colón», indica, por su parte, una trabajadora del Ministerio de Educación que pide que no se de a conocer su nombre. La trabajadora denuncia que el problema no es tanto el barrio sino la forma en la cual el gobierno de la Ciudad encaró el proyecto de integración.

«El traspaso de Paseo Colón a la Villa 31 tenía como objetivo integrar a la gente del barrio y eso fracasó rotundamente. Porque el objetivo era habilitar medios de transporte público que generasen un flujo de entrada y salida de personas y, así, integrar el barrio. Y la realidad es que las líneas de colectivos no están funcionando como deberían funcionar. Así que se está haciendo el traslado de personas con medios que son privados y que solamente nos llevan de un lugar al otro a los que somos empleados del ministerio», explica la trabajadora, haciendo referencia a las dos combis privadas que salen del Monumento a los Ingleses frente a Retiro y trasladan a los empleados del Ministerio hasta el edificio. «Para integrar realmente al barrio los medios de transporte deberían ingresar las 24 hs, pero lo hacen solo hasta las 7 de la tarde», sostiene, en una línea similar a los vecinos del barrio Mugica, otra trabajadora del Ministerio. «Que no nos vendan que están integrando el barrio porque cuando el transporte es prácticamente privilegiado para la gente que trabaja en el Ministerio no hay integración», determina.

Efectivamente, las combis representan un problema no sólo porque contradicen el discurso de integración del nuevo Ministerio, sino porque además, frente a los complicaciones de acceso y salida del barrio, resultan insuficientes para las necesidades de los trabajadores. Sólo hay dos combis con espacio para 17 personas para un personal compuesto por 2200 personas. El viaje entre Retiro y el Ministerio es de 15 minutos, por lo que los tiempos de espera para subirse pueden llegar a más de una hora (situación que empeora cuando llueve). «Mientras tanto la ministra y el resto de las autoridades llegan al ministerio en auto y estacionan en el estacionamiento, que no es para todos los empleados. No caminan el barrio, ni conocen a los vecinos», agrega otra trabajadora.

Además de los robos, Reinoso denunció que el edificio no cuenta con el certificado de final de obra, es decir que el edificio todavía no está oficialmente habilitado. Las trabajadoras del ministerio que conversaron con Página/12 comentaron, además, que hubo tres ascensores clausurados y que, hace un par de semanas, una chica sordomuda quedó encerrada en uno de ellos. Por último, también se sucedieron algunos accidentes, como una chica que tuvo un ataque de epilepsia y otra que se esquinzó en una escalera, que causaron mucho malestar porque en ambos casos la ambulancia no quería entrar al barrio a buscarlas.

«Lo que yo veo es que acá vos tenés un barrio al que le faltan un montón de cosas, que no tiene agua desde hace meses, y vos le construiste un edificio inteligente. Un compañero lo dijo muy claro el otro día: este edificio es el hospital que le falta al barrio. Es obvio que eso va a generar una situación más antagónica de lo que ya es y la cara visible de todo esto somos nosotros, los empleados», finalizó una de las trabajadoras.

Fuente: Página 12