El temporal dejó en el Este de Mendoza cerca de mil casas que ya no pueden habitarse

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Claudia Solís intenta salvar lo que pueda de su casa en Santa Rosa. Un tercio de las viviendas del departamento es de adobe y 30 familias se han quedado sin techo. (Patricio Caneo / Los Andes)

Muchas viviendas han quedado tan deterioradas que no pueden repararse. San Martín, Junín, Rivadavia y Santa Rosa declararon la emergencia y buscan recursos para auxiliar a los damnificados.

La interminable lluvia que este fin de semana se desató sobre la provincia dejó en la zona Este un escenario preocupante en la mayoría de los departamentos, donde se cuentan casi un millar de viviendas que quedaron inhabitables por daños, roturas o derrumbes. La mayoría de los ocupantes de esas casas, casi todas humildes viviendas de adobe, han sido reubicados en lo de amigos o parientes, pero aún quedan decenas de familias viviendo en escuelas o dependencias municipales.

Los departamentos de Rivadavia, San Martín, Santa Rosa y Junín han declarado la emergencia habitacional y, agotados sus depósitos de materiales, buscan recursos en la Provincia y la Nación para auxiliar a los damnificados, que reclaman por una solución y que en algunos casos incluso amenazan con cortes de ruta.

En Santa Rosa, donde casi 30% de las viviendas son construcciones de adobe, la lluvia afectó a centenares de casas y provocó el derrumbe de 30 de ellas. «Son los casos más graves porque se trata de familias que se han quedado sin lugar donde vivir», explicó el intendente Sergio Salgado, que admitió lo difícil que está resultando reubicarlas, por lo que hay gente viviendo en dependencias municipales de Las Catitas, La Dormida y la villa cabecera.

El problema es que por temor a los robos, mucha de esta gente se niega a abandonar lo que quedó de sus viviendas y entonces la comuna los está evacuando con los muebles y dándoles un espacio en el salón municipal.

Claudia Rosario Solís vive con sus cinco hijos en una casa a orillas de una finca, en Santa Rosa. El sábado en la noche y en plena lluvia, se le vino abajo la pared de una de las habitaciones, lo que obligó a reubicar colchones y mantas en el resto de la casa. Igual, la construcción ha quedado muy debilitada y deberán dejarla en las próximas horas. «Nos hemos estado turnando para dormir y para vigilar las cosas», dice Tatiana (22), una de sus hijas mayores.

Un plan social para techos

En Junín, el diagnóstico municipal arroja la existencia de unas 200 viviendas con los techos seriamente dañados y 15 familias evacuadas a las que todavía no se ha podido reubicar. Los problemas se repiten en todos los distritos, pero en zonas de El Topón es particularmente grave porque a la lluvia se sumó la inundación que provocó el desborde de un desagüe que, según la comuna, no ha sido oportunamente limpiado por la Dirección de Hidráulica.

En Rivadavia, el panorama es igual de preocupante y hasta ayer, la comuna había detectado unas 200 viviendas que no pueden ser habitadas. «Algunas de esas casas se han derrumbado parcialmente, otras tienen las paredes sostenidas con palos y ahora hay que determinar cuántas de ellas pueden ser reparadas», señalaron desde el área de Prensa.

En algunas comunas proponen que el gobierno provincial implemente un plan social para techos en forma de subsidio. «Hay que encarar un trabajo serio en los techos de muchas viviendas, pero hacerlo en forma de subsidio porque se trata de gente que no tiene para un préstamo. Ese trabajo daría mejores resultados que la entrega que estamos haciendo ahora de nylon y palos como respuesta apurada a la emergencia», comentó una funcionaria con años de trabajo en lo social.

San Martín no es la excepción a los problemas que dejó la lluvia y el municipio atendió durante el fin de semana un millar de casos y hubo 800 personas autoevacuadas. «Tenemos 400 viviendas que no están habitables y con peligro de derrumbe», explicó Valeria Coria, subsecretaria de Desarrollo Humano y aclaró: «Cuando digo vivienda me refiero a todo tipo de construcción, desde casas hasta asentamientos». La situación incluye además a 17 familias de los barrios Venier y Villa Adela que debieron ser ubicadas en escuelas, lo que genera un problema extra para el Estado, con el pronto inicio de las clases.

A esto se suma el anegamiento de decenas de calles de tierra, la rotura de muchos asfaltos e incluso el corte preventivo en ruta 7 del puente que pasa sobre el ingreso a La Paz y que, como resultado de las lluvias, mostró un socavón que debió ser reparado por Vialidad y la empresa constructora con la compactación del terreno.

Fuente: Los Andes