Malvinas no nos interpela a todos por igual

En su acto express y cerrado, antes de volar a Estados Unidos, aliado de Gran Betaña durante el conflicto bélico de 1982, el Presiente reconoció de manera apenas indirecta el derecho a la libre determinación de los kelpers, ingleses que ocupan las islas por la fuerza.

En su acto express y cerrado, antes de volar a Estados Unidos, aliado de Gran Betaña durante el conflicto bélico de 1982, el Presiente reconoció de manera apenas indirecta el derecho a la libre determinación de los kelpers, ingleses que ocupan las islas por la fuerza. Se trata de algo inédito en casi dos siglos, que además viola la constitución y podría ser causal de juicio político.

Casi en simultáneo, su vice, Victoria Villarruel, desde Tierra del Fuego sostuvo equivocadamente que «Malvinas es la única causa que nos unifica como nación». Equivocadamente, por dos motivos: porque Milei le demostró lo contrario y porque el compromiso que Villarruel, hija de un veterano, declara, es superficial y poco fiable.

Lo que expuso Milei hoy es un capítulo más del divorcio con su base social, que en diciembre de 2022 llenó las calles al grito de «los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». En este contexto, viene bien repasar los hitos de lo ocurrido entre 1833 y 1982, para ver a quiénes les importó realmente esta causa, en términos políticos e históricos.

El justicialismo llega al poder en nuestro país por primera vez en 1946, cuando se estrenaba la nueva arquitectura internacional de posguerra, con la ONU como nueva institución central, destinada a prevenir, procesar y resolver conflictos de manera pacífica, para evitar una nueva guerra mundial.

El primer desafío que enfrenta la ONU es el proceso de descolonización de los territorios que las declinantes potencias occidentales dominaban en distintos puntos del globo. La activa política del presidente Perón y su canciller Atilio Bramuglia logró incorporar la causa Malvinas en esa agenda.

Al año siguiente, 1947, con la guerra fría como telón de fondo, EEUU impulsa el Tratado Internacional de Asistencia Recíproca (TIAR), para defender al continente de amenazas foráneas, en teoría soviéticas. Argentina logra que la protección de ese tratado llegue también a Malvinas, a pesar de la condición de aliado de EEUU de Gran Bretaña.

Los otros pibes de Malvinas
Pero el acto de reafirmación de soberanía más importante por parte del peronismo no provino del gobierno sino de la resistencia, en tiempos de proscripción: el operativo Cóndor. Si en Qatar se cantó por los que fueron a la guerra, en el próximo mundial sería justo acordarse de estos otros pibes.

En 1966, un grupo de jóvenes peronistas se embarcó en un vuelo de Aerolíneas a Río Gallegos. Con la aeronave sobrevolando la Patagonia, desenfundaron sus armas y obligaron al piloto a cambiar de destino. Aterrizaron en Malvinas, tomaron algunos prisioneros e izaron banderas argentinas, por primera vez desde 1833.

El jefe de ese grupo era Dardo Cabo, entonces de 25 años de edad, que le bastaban también para ser el mayor. Dardo había nacido en Tres Arroyos, donde su padre Armando era obrero metalúrgico de la fábrica Istilart, la tradicional marca que todavía hoy, como hace un siglo y medio, provee de salamandras y cocinas a leña a todo el campo argentino.

Armando llegó a ser secretario general de la UOM y a coconducir la CGT junto con otros dirigentes. Fue muy cercano a Eva Perón y uno de los promotores de su candidatura a vicepresidenta. Con el golpe de 1955, pasó de inmediato a integrar la resistencia. Su hijo Dardo, nacido en 1941, tenía entonces catorce años. Esas experiencias (las huelgas, la clandestinidad, las detenciones) forjarían su personalidad y sellarían su destino.

El peronismo, como el oficio (a Dardo se lo recuerda como periodista por su tarea al frente de la revista «El Descamisado», pero fuentes de la UOM aseguran que también fue metalúrgico), es un linaje que se transmite de padres a hijos y no le esquiva el bulto a la tragedia cuando la historia lo exige.

Dardo fue legalmente detenido antes del 24 de marzo de 1976 y alojado en la Unidad 9 de La Plata. Al año siguiente, la dictadura ordenó su traslado a Sierra Chica, una excusa para fusilarlo a la vera de la ruta y fraguar un intento de fuga. Asesinaron a un patriota que arriesgó su vida por la causa de la soberanía nacional. Es difícil creer que tuvieran un genuino compromiso con la recuperación de las islas.

Sus socios civiles o sus hijos y herederos, son los que se destacaron, por ejemplo, por promover el obsceno acuerdo Foradori Duncan durante la gestión presidencial de Mauricio Macri. O, en el caso de Patricia Bullrich, proponer abandonar el reclamo por las islas a cambio de vacunas para el coronavirus. Las declaraciones anglófilas de Milei son las más escandalosas y peligrosas, pero no las primeras. Al liberalismo argentino hay que reconocerle la coherencia.

Cuesta creer que alguien comprometido con la causa Malvinas haya aceptado integrar este gobierno. Sin embargo, Victoria Villarruel, lo hace que sin ponerse colorada. ¿Repudiará Villarruel los dichos de Milei? ¿Se pronunciara por el juicio político? ¿Qué opina de aquel operativo Cóndor? ¿Qué representa para ella la figura de Dardo Cabo? ¿Se identifica con él y su gesta? ¿O más bien con sus asesinos, para los que milita la prisión domiciliaria o, directamente la liberación?

Por Marcial Amiel

Fuente: Página 12