50 años y todo el cielo
Dicen que el desierto de Atacama en Chile es el lugar perfecto para ver el cielo en todo su esplendor. Dicen que ahí está el Observatorio Astronómico más potente del planeta.
20/03/2026 OPINIÓNDicen que el desierto de Atacama en Chile es el lugar perfecto para ver el cielo en todo su esplendor. Dicen que ahí está el Observatorio Astronómico más potente del planeta. El documental Nostalgia de la luz del cineasta Patricio Guzmán nos lo muestra. Un edificio enorme, rígido, casi brutal. Sus 66 antenas, nos permite vislumbrar esa intemperie que es el cosmos y al mismo tiempo advertir que nuestros pequeños ojos no lo avistarán jamás. Más bien ahí somos extranjeros, anónimos. Si tenemos la oportunidad de echar un vistazo con esas lentes tenemos que saber que somos clandestinos. Ponemos los ojos en un lugar al que no pertenecemos, a una zona secreta. Alguien especializado nos lo podría explicar. Dicen que hay explosiones, que se mueve constantemente, que hay guerras, que vemos luces y parpadeos de estrellas ya desaparecidas, que hay alineaciones perfectas. Es escaso lo que sabemos de esa inmensidad y sé que estoy usurpando un conocimiento que no poseo. Pero respecto de los saberes, prefiero este derroche al ahorro del pensar. Una simple promesa de emancipación y de resistencia. Después de todo el pensamiento debería sacudir todas las rutinas de la vida cotidiana y de lo que nos rodea aún en su enigma.
En estos días y ya en Argentina han ocurrido hechos más que agitadores. Como en el film de Guzmán, mientras en el observatorio astronómico se mira el cosmos, en Atacama las madres de los desaparecidos por la dictadura Pinochetista, buscan los restos de los asesinados entre las piedras. Es evidente que en ambos escenarios hay restos, orden, desorden y movimientos.
En Córdoba cerca del Centro clandestino La Perla se han encontrado 12 restos óseos de detenidos, torturados, asesinados y una pequeña piedra en la que de un lado hay un nombre y en su revés, una fecha. Esa sí que es una esquina inesperada, un tiempo histórico recuperado, restituido. Ya no están desaparecidos. En sus huesos retorna la historia, la política y el centellear de sus vidas. Es a través de esos ecos que el debate puede realizarse, que el pensamiento y los saberes pueden estar en correspondencia con las fuerzas históricas con las cuales está comprometido.
Atesoremos esos ecos, esas voces de otros que hablaron para que la suma de ellos se transforme en un pensamiento vivo, derrochón y enérgico formulado esta vez como si fuera la primera ocasión, aunque tenga larga data en este país.
12 nombres y una piedra son las voces de la historia que nos nombran a todos. Ellas nos devuelven nuestra vertiente originaria con el más maravilloso sonido, el de las palabras que hemos pronunciado.
Por Liliana Herrero