Una casa que custodia cuatro siglos de memoria en Colonia Caroya

Hace 400 años, el jesuita Diego de Torres tomaba posesión efectiva de la Estancia de Caroya. La compró en 200 pesos de entonces y se abocó a la organización del que fue el primer establecimiento rural de la Compañía de Jesús en Córdoba.

Hace hoy exactamente 400 años, el jesuita Diego de Torres tomaba posesión efectiva de la Estancia de Caroya. La compró en 200 pesos de entonces y se abocó a la organización del que fue el primer establecimiento rural de la Compañía de Jesús en Córdoba.

“Firme aquí, padre”, le indicó el oficial de Justicia Juan Bautista Daniel al fraile jesuita Diego de Torres.

El fundador y primer rector del Colegio Máximo de Córdoba (inaugurado en 1610) estampó su rúbrica debajo de la de doña Isabel Funes y de la del capitán Damián Pérez de Villarreal, esposo en segundas nupcias de la dama patricia.

En presencia de varios testigos, el notario dio fe de la transacción y fechó el acta: “8 de diciembre de 1616”.

Lo hizo luego de que Cristóbal Funes, hermano de doña Isabel e intermediario en la operación inmobiliaria, recibiera los 200 pesos convenidos con el sacerdote para la sesión definitiva de la estancia.

Antes, para sanear el título de la propiedad y evitar problemas futuros, De Torres arregló en 250 pesos el pleito judicial que Pedro Fernández Bandurreira les había entablado a los vendedores.

Este sastre astuto había pedido prestado parte del campo para guardar hacienda y reclamaba el reconocimiento de las supuestas mejoras que le había hecho a la propiedad.

El resultado incierto de ese juicio y la relación de amistad que Bandurreira mantenía con el entonces gobernador de Tucumán, Luis Quiñones Osorio (con jurisdicción sobre el latifundio en cuestión), motivó a Isabel Funes y a su consorte a vender la finca que formaba parte de las tierras, que en 1574 había recibido en merced el capitán Bartolomé Jaime, vecino cofundador de Córdoba.

En la fecha señalada, hace hoy exactamente 400 años, Diego de Torres tomó posesión efectiva de la Estancia de Caroya y se abocó, sin perder tiempo, a la organización del que fue el primer establecimiento rural instalado por la Compañía de Jesús en la provincia de Córdoba, y sostén económico de la misión evangelizadora y educativa de la orden religiosa en esta parte del mundo.

Extensión

La propiedad tenía entonces una extensión, de norte a sur, de 5,2 kilómetros por unos 43 kilómetros de este a oeste. Se producían trigo y maíz, se criaban vacas, bueyes, mulas y caballos.

También se hacía vinagre para curar las heridas, vinos y aguardientes, entre otras bebidas.

Con esos propósitos, se la dotó de puestos, corrales, potreros, tajamares y acequias para el riego de los cultivos y el funcionamiento de los molinos.

Se levantaron talleres de carpintería y herrería, de curtiembre y tejidos, jabonería y panadería, hornos para quemar cal y cocer ladrillos, ranchería para empleados y las casas para los padres jesuitas y los hermanos estancieros.

Antes y después

En septiembre de 1574, el gobernador Lorenzo Suárez de Figueroa dio en merced las tierras donde luego se constituiría la Estancia de Caroya al capitán Bartolomé Jaime.

Este vecino cofundador de Córdoba cedió luego la propiedad a Juan Maldonado, cuando este tomó por esposa a su hija Lucía González, en noviembre de 1596.

Cinco décadas después de que el padre Diego de Torres tomara posesión y organizara el establecimiento de producción agropecuaria, la compró el fundador del Colegio Nacional de Monserrat, presbítero Ignacio Duarte y Quirós. El acaudalado teólogo le sumó a la producción, de granos y vinos, la de frutas, miel y derivados del algarrobo.

También la destinó como solar de veraneo para los alumnos monserratenses.

En la época de las guerras independentistas (1814-1816) se montó en la Estancia de Caroya la primera fábrica de armas blancas del país, abastecedora de las puntas de bayoneta para el Ejército del Norte.

En 1854, la finca pasó a manos del Estado Nacional y en 1876 el entonces presidente Nicolás Avellaneda (formado en el Colegio Monserrat) dispuso albergar en sus cuartos a familias de inmigrantes provenientes de la región italiana de Friuli.

Fue el embrión de la hoy pujante Colonia Caroya, ubicada a 45 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba, a la vera de la ruta 9.

Patrimonio de la Humanidad

Monumento. El 14 de mayo de 1941 se declaró Monumento Histórico Nacional.

Patrimonio de la Humanidad. El 29 de noviembre de 2000, durante la 24ª Sesión del Comité del Patrimonio Mundial, la Unesco declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad a la Casa de Caroya.

Museo. Hoy la Estancia Jesuítica de Caroya funciona como museo. Puede visitarse de martes a viernes de 9 a 19; y los sábados y domingos de 9 a 12 y de 17 a 20.

Fuente: La Voz