El Plan Abre Familia se afianza en Rosario y lo estudian en varias partes de América latina

Este año llegará a una decena de barrios de la ciudad. Entre los logros se destaca el haber propiciado el regreso de chicos a las aulas

Este año llegará a una decena de barrios de la ciudad. Entre los logros se destaca el haber propiciado el regreso de chicos a las aulas

El Plan Abre Familia, que este año llegará ya a una decena de barrios de Rosario con un abordaje que releva problemas y necesidades críticas hogar por hogar, presentó ayer un balance preliminar de sus logros. Relevadas más de 2.500 familias, las primeras cifras muestran avances halagüeños en materia de documentación, incorporación a la escolaridad —el 60 por ciento de los jóvenes que la habían abandonado volvieron a estudiar— y capacitación laboral, en paralelo a mejoras de «infraestructura social» que se llevan adelante en el marco del Plan Abre (ver aparte). El director de Planeamiento Estratégico del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), Fabián Repetto, sostuvo que «la experiencia del Abre está siendo mirada por buena parte de América latina».

El paradigma que sostiene el plan es que el Estado no puede limitarse a ofrecer bienes y servicios en los territorios más vulnerables y menos integrados, sino que debe hacerse presente de forma más activa, articulando todas sus políticas sociales y con la participación permanente de los vecinos para definir qué intervenciones serán prioritarias.

«Antes la concepción era que el Estado se hacía presente a través de una serie de dispositivos, pero hoy, ante otros fenómenos, eso claramente no alcanza», afirmó el secretario General de la Municipalidad, Pablo Javkin.

Lanzado en 2013, intensificado durante los años siguientes y con el Abre Familia incorporado con fuerza a mediados de 2016, el Plan Abre contó con asesoramiento del Cippec desde sus inicios, por lo que la mirada de su director de Planeamiento Estratégico cobra especial valor.

«Hemos acompañado al Abre desde sus orígenes, tratando de analizar, aconsejar y hasta aprender de este tipo de experiencia de abordaje territorial que está mirando toda América latina», sostuvo Repetto, quien atribuyó al plan un «doble objetivo»: de «retos importantes en infraestructura urbana, pero desde una perspectiva de inclusión social».

Prioridades

Junto a Repetto ayer participaron de un diálogo con la prensa tres figuras clave en la implementación del programa: Javkin por la Intendencia, y Jorge Elder y Cecilia Mijich por la provincia, respectivamente secretario de Desarrollo Territorial y subsecretaria de Coordinación del Plan Abre de la Región IV (Rosario).

Mijich recordó que las dos experiencias (Plan Abre y Abre Familia) constituyen una «estrategia prioritaria» para la gestión provincial, con el objetivo de llegar a «aquellos barrios con mayor vulnerabilidad y donde puede haber mayores indicadores de violencia urbana».

El Abre, recordó, ya se despliega en 33 barrios de la ciudad sobre «tres grandes ejes: uno de infraestructura social, con una fuerte inversión vinculada a servicios y cuestiones urbanas; otro que tiene que ver con la convivencia y la participación ciudadana, y otro por supuesto con los abordajes familiares».

Esa última dimensión es la que vertebra el Abre Familia. Al respecto, Elder recordó que se trabaja con la certeza de que «hay familias que no llegan a las estructuras tradicionales del Estado», aun cuando sus instituciones (como escuelas o centros de salud) estén próximas.

Por eso, explicó, se visita hogar por hogar, donde se realizan «entrevistas de acción» para detectar si esas familias tienen cubiertos sus «derechos sociales universales», por ejemplo la documentación; si les corresponden beneficios a los que no están accediendo (como la asignación universal por hijo, la jubilación o los subsidios por discapacidad). También se mira el «hábitat» (si hay hacinamiento, si existe baño) y se pone especial acento en la franja juvenil.

De hecho, entre los grandes logros del Abre Familia alcanzados en lo que va del 2017 en cinco barrios de Rosario (Santa Lucía, La Palmera, Las Flores Sur, Polledo y Cullen y Sorrento), El Eucaliptal de Villa Gobernador Gálvez y Cabín 9 de Pérez, se mencionaron una reducción de déficit de documentación cercano al 26 por ciento, la reincorporación a la escolaridad del 60 por ciento de los jóvenes que habían abandonado sus estudios y el ingreso al nivel inicial del 100 por ciento de los nenes de 4 y 5 años que no lo habían hecho.

«Esta etapa del Plan Abre que pone en primer plano a la familia nos parece un paso importante, con enormes complejidades», aseguró Repetto, avance que calificó como «una gran noticia para Rosario, para Santa Fe y para toda Argentina».

Aun así, advirtió, algunas de esas metas cumplidas, como la escolarización u otras «buenas políticas de primera infancia», constituyen «condiciones necesarias, pero no suficientes, para evitar la repetición intergeneracional de la pobreza».

Para eso, afirmó, serán indispensables «intervenciones de otro tipo». Por ejemplo, del «sector productivo» para que haya «condiciones de empleo decente». Una competencia que excede —al menos en términos de exclusividad— al nivel provincial e interpela a la Nación.

Inversión

El Plan Abre lleva invertidos mil millones de pesos en infraestructura: 500 millones en pavimentación, apertura de calles, mejoras hidráulicas y pluviales en 13 barrios de Rosario y su área metropolitana, y otros 500 millones en obras de cloacas hasta cubrir hoy el 80 por ciento de la ciudad.

Fuente: La Capital Rosario