Gualeguaychú: La ciudad que no toma agua de la canilla por miedo al cáncer

Los casos nuevos crecieron un 70% en la ciudad del sur entrerriano. Al Garrahan llegan cada vez más niños y niñas que viven en la región.

Los casos nuevos crecieron un 70% en la ciudad del sur entrerriano. Al Garrahan llegan cada vez más niños y niñas que viven en la región.

En Gualeguaychú ya nadie toma agua de la canilla. Muchos también dejaron de bañarse en el río. Una mujer reconoce que siente miedo hasta de respirar. Ninguno que conozca su historia se atrevería a decir que está exagerando.

«Anto era una nena sana –empieza Natalia Bazán–, andaba en bicicleta, iba a pescar. Pero un día me la arrancaron, comenzó un infierno y ahora la tengo adentro de una urna en mi dormitorio. No le deseo a nadie ver a un hijo morirse así».

Antonella González tenía la vida que quería tener a los nueve años. Mamá, papá, cuatro hermanos y la playa de Ñandubaysal cerca de casa. La alegría sólo se interrumpía cuando los neumonólogos insistían en el uso del puff. «Algunos decían que tenía asma y otros, una alergia bronquial, pero Anto solamente había tenido una crisis respiratoria a los cinco años. Lo único que hacía el puff era generarle muchas palpitaciones».

El año pasado Antonella viajó a Santa Fe para pasar las vacaciones de invierno con su tía, que aprovechó para incorporar una nueva opinión. El médico que revisó a Antonella no necesitó hacerle ningún análisis para descubrir que el problema era otro. «Con sólo tocarla se dio cuenta de que tenía el bazo inflamado y que debía internarla de inmediato porque podía ser leucemia», recuerda Natalia.

Antonella volvió a Entre Ríos y un médico privado confirmó el diagnóstico. «La tuve que llevar a un consultorio porque en el hospital de Gualeguaychú no hay niños con cáncer, no hay una lista de chicos que hayan sido diagnosticados alguna vez y tampoco hay oncopediatras. El médico me dijo ‘hasta acá llegué’ y me aconsejó que la llevara a Buenos Aires.»

La mañana del 28 de julio de 2016, Antonella ingresó al Hospital Garrahan. Le pincharon un dedo y a las pocas horas la dejaron internada. «Una vez que nos acomodamos –cuenta Natalia– una de las enfermeras me preguntó qué pasaba en Entre Ríos, porque la mayoría de los chicos con cáncer que eran atendidos en el hospital venían de ahí».

Lo que pasa en Entre Ríos es el glifosato. Una investigación publicada por la revista internacional Environmental Pollution y realizada por científicos del Conicet reveló que el herbicida volcado en los campos argentinos por el agronegocio no se degrada –por lo tanto, se acumula– y que la concentración de glifosato constatada en Entre Ríos –con epicentro en la localidad de Urdinarrain, dentro del departamento de Gualeguaychú– se encuentra entre las más altas a nivel mundial.

Ya en marzo de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), concluyó que «existe evidencia suficiente» para relacionar al glifosato con, precisamente, la proliferación de la enfermedad.

«Lo comprobé yo misma hablando con las madres –dice Natalia–. Me acuerdo de Amber y Lourdes, dos chiquitas que tienen cáncer en el riñón y que todavía siguen internadas en el Garrahan y también de Aixa, otra nena que al igual que Anto fue trasplantada y la sigue luchando, pero hay muchos más.»

«En el hospital se atienden un montón de chicos de Entre Ríos pero también de otras provincias sojeras, como Santa Fe. Nosotros presentamos notas a la dirección para tener un protocolo de atención especial para estos casos que incluya, por ejemplo, preguntas sobre el lugar donde viven, si están cerca de campos fumigados, pero seguimos esperando una respuesta. Los trabajadores venimos alertando sobre los agrotóxicos hace mucho, pero nadie asume la responsabilidad», se queja Gustavo Lerer, bioquímico y delegado de ATE en el Garrahan.

Antonella soportó cinco bloques de quimioterapia que, en palabras de su mamá, la destrozaron por dentro. También sufrió infecciones y contrajo bacterias. Pese a todo, estando internada terminó 4° grado y hasta juró a la Bandera. El 16 de mayo pasado, luego de una espera de casi un año, Antonella fue trasplantada, pero sólo reaccionó bien el primer mes. El lunes 6 de noviembre, a las 10.25, murió en una cama de terapia intensiva.

Fuente: Uno Entre Ríos