A contramano de la realidad
El presidente aseguró en el Congreso que la redujo al 30 por ciento. La desconexión entre los indicadores del propio Gobierno.
02/03/2026 El PaísEl presidente aseguró en el Congreso que la redujo al 30 por ciento. La desconexión entre los indicadores del propio Gobierno.
Durante su discurso en la Asamblea Legislativa, Milei volvió a repetir que su gestión cumplió con la baja de la pobreza. Sin embargo, distintos informes cuestionan la base utilizada por el Ejecutivo para hacer referencia a un flagelo que a contramano del discurso oficial afecta a cada vez más personas en el país: las cifras que usa el presidente ocultan a más de un millón de pobres.
“Pese a los embates, logramos pasar del 57 por ciento heredado a una tasa de pobreza entorno al 30 por ciento”, afirmó Milei en una alocución cargada de insultos hacia otras fuerzas políticas.
La falacia en el indicador que muestra el Gobierno nacional para celebrar el éxito de una política económica restrictiva, se encuentra en la utilización de un cálculo desactualizado, pero también amañado. Por un lado, el de inflación, con fuertes cuestionamientos por la subponderación de los aumentos en tarifas y la dilación de los tiempos para corregirla, funcionarios expulsados mediante. Y por otro, las contradicciones entre mediciones oficiales sobre ingresos: la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). En este punto, resulta llamativo que en los grupos donde la administración Milei fundamenta la reducción de la pobreza se destacan los jubilados y los asalariados, justo dos sectores fuertemente impactados por el ajuste.
De acuerdo a un estudio del Cedaf publicado recientemente y sostenido en números oficiales que dependen de controles y auditorías, desde que asumió Milei “la pobreza no se reduce, sino que aumenta en torno al 9 por ciento en cantidad de personas. La incidencia hubiera alcanzado al 44 por ciento de los individuos, 3 puntos porcentuales más que en el primer semestre de 2023”.
Para el primer semestre de 2025, la estimación del Indec registró que la pobreza se ubicaba por debajo de la del primer semestre de 2023. La afirmación implica un logro difícil de explicar: que se consiguió sortear la escalada del indicador ocurrida con la fuerte devaluación en los inicios del Gobierno. Con este resultado, cerca de 2,3 millones de personas dejaban de ser pobres respecto del primer semestre de 2023.
La disminución de la pobreza en base a la EPH “es muy marcada entre los jubilados, donde la cantidad de personas pobres se reduce en torno al 74 por ciento, seguida por los empleados públicos (-43 por ciento), los asalariados registrados (-37 por ciento) y los asalariados no registrados (-21 por ciento)”, analiza el Cedaf sobre la matemática de la EPH – Indec.
Según consideran, si la estimación estuviera acorde a la suba de salarios y jubilaciones que muestran los registros de Gobierno, es decir con la realidad, el dato de pobreza entre 2023 y 2025 daría al alza. Con este cálculo la cantidad de pobres sube un millón, antes que reducirse 2,3 millones, como declara la administración libertaria. El problema está, señalan, en que “el aumento de los ingresos que recoge la EPH mostró importantes diferencias con lo que aparece en los registros oficiales de salarios y jubilaciones”.
Otro de los puntos conflictivos está en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) cuya actualización frenó el ministro de Economía Luis Caputo hasta tanto no se complete el “proceso de desinflación”. En consecuencia, evitó el reajuste de los datos sobre ingresos y pobreza.
El reporte del Indec detalla que mientras que en el primer semestre de 2023 casi el 47 por ciento de los asalariados no registrados residía en hogares bajo la línea de pobreza, en 2025 esa proporción se reduce al 37 por ciento. “En el caso de los jubilados, la caída es aún más pronunciada: del 19 al 8 por ciento. Estos resultados sugieren una mejora sustantiva en la capacidad de los ingresos para cubrir la canasta básica total”, detallan desde el Cedaf poniendo en la vidriera la desconexión entre el Indec y otras fuentes como el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
“Los datos oficiales sobrerrepresentan la magnitud del alivio social“, afirman desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la UCA.
Esta sobrerrepresentación, agregan, ocurre porque la medición utiliza umbrales de indigencia y de pobreza “basados en canastas básicas que responden a una estructura de consumo desactualizada, correspondiente a la ENGHO de 2004-2005 -sin haber sido ajustada según la ENGHO 2017-2018-. Los procesos de devaluación, liberación de precios y aumento en las tarifas de servicios, aumentaron esta distorsión, afectando la capacidad de la medición para reflejar con fidelidad la efectiva capacidad de consumo de los hogares”.
La EPH se construye en base a entrevistas y tiene como finalidad principal poder incluir a trabajadores informales o cuentapropistas que quedan por fuera de otros indicadores. Las respuestas de los encuestados están sujetas a variaciones importantes en tiempos de inflación alta.
“En el caso de los trabajadores registrados, la EPH arroja una mejora real cercana al 12 por ciento interanual en el primer semestre de 2025, un registro sensiblemente más elevado que el observado en las fuentes administrativas: el SIPA muestra apenas un crecimiento real del 1 por ciento, mientras que el índice de salarios del sector privado registrado incluso exhibe una caída del 2,3 por ciento”, compara el estudio del Cedaf.
La distancia es aún mayor en el sector público: la contracción para la EPH es del 3 por ciento, y para las estadísticas salariales oficiales supera el 18 por ciento.
Un informe de CEPA revela además que a la EPH se le incorporaron preguntas para acomodar los resultados hacia la mejora de ingresos, lo que calificaron como artificial. “La Canasta Básica Total (CBT) subestima el peso de los servicios y el transporte. Hoy la Canasta Básica Alimentaria (CBA) explica el 45 por ciento de la CBT, muy por encima de encuestas previas. A la vez, los cambios en la EPH elevan el ingreso medido sin reflejar mejoras reales. El resultado es una medición de pobreza con problemas de comparabilidad y confiabilidad”, advierten.