La canasta de consumo se va achicando

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El relevamiento de una consultora internacional sobre la evolución del consumo detectó un quiebre de tendencia desde principios de año, tras la devaluación y la quita de retenciones.

El consumo de sesenta bienes que componen una canasta básica cayó 8 por ciento en enero con respecto al mismo mes del año anterior, la mayor baja desde 2002. Esa conclusión presentó la consultora internacional Kantar Worldpanel en el foro de cadenas regionales que tuvo lugar ayer en Mar del Plata. Ese comportamiento de la demanda es la consecuencia lógica de la retracción del poder adquisitivo, particularmente en el segmento más pobre de la población. La cadena de transmisión sigue con la inversión, que también está en baja a raíz de la incertidumbre económica.

Una secuencia básica de los eventos económicos en el mercado interno consiste en el aumento (o caída) del poder adquisitivo, luego el aumento (o caída) de la demanda y a partir de ese comportamiento, la respuesta de la inversión empresaria, al alza si se esperan mayores ventas o a la baja si las perspectivas son malas. El encadenamiento de esos acontecimientos en la economía argentina quedó al desnudo en los últimos meses.

Una reciente investigación del Conicet realizada por el Centro de Innovación de los Trabajadores (Citra-Umet) demostró que desde noviembre de 2015 los hogares humildes perdieron más del doble del poder adquisitivo que los hogares mejor acomodados, de lo que dio cuenta este diario el último lunes. El 10 por ciento más vulnerable de la sociedad registró una caída del 23,8 por ciento en su capacidad de compra, mientras que el 10 por ciento de mayores recursos anotó una baja del poder adquisitivo del 11,1 por ciento. Esa diferencia se explica esencialmente por el impacto de la suba de los bienes de consumo básico, que tienen mayor peso en el presupuesto de las familias humildes. La fuerte suba de los productos masivos se explica por la devaluación de la moneda, la eliminación de retenciones y cupos de exportación. También la quita de subsidios afecta proporcionalmente más a los sectores de menores ingresos.

El informe que presentó ayer Kantar Worldpanel da cuenta del impacto de la caída del poder adquisitivo sobre el consumo. “En términos comparativos, hasta el año pasado el consumo se mantenía estable, sin embargo en enero mostró signos de contracción y una perspectiva similar para los próximos meses. En un contexto de incrementos de precios e incertidumbre sobre los ingresos futuros, los hogares priorizan estrategias que les permiten optimizar el rendimiento de su dinero: van menos veces a comprar, incorporan marcas propias y buscan promociones”, explicó Juan Manuel Primbas, director del Cono Sur de la consultora.

El informe detalla que las menores visitas a los comercios se explican tanto por la caída de la frecuencia como por el menor tamaño de las compras. Además, las primeras marcas perdieron participación, mientras que ganó peso la marca propia del distribuidor “como la opción más atractiva en cuanto a desembolso ayudando a los hogares a ahorrar”, advierte el documento. Pone los ejemplos del café instantáneo, las papas fritas y la pasta dental, en donde la marca propia permite ahorrar 35, 43 y 55 por ciento, respectivamente. Otra forma de ahorro son las promociones, que en los últimos dos años subieron del 15 al 20 por ciento dentro de los gastos totales de las familias en los supermercados.

El eslabón que sigue a la demanda es la inversión, porque si los empresarios observan que no hay ventas, no contratan más trabajadores ni adquieren bienes de capital, a la espera de que el panorama aclare. Si bien no hay datos oficiales sobre el comportamiento de la inversión privada a raíz del apagón estadístico del Indec bajo la conducción de Jorge Todesca, un componente de la inversión está dado por la construcción, sector para el que sí hay números a través de los cálculos de las empresas. Según el Indice Construya, la actividad de la construcción bajó en febrero un 4 por ciento interanual, lo que consolida la merma que empezó en noviembre, cuando se quebró la tendencia positiva que se verificaba desde mayo de 2015. Entre los economistas se considera que el comportamiento de la construcción suele anticipar la evolución del ciclo económico y de la inversión en particular.

Fuente: Página 12