La marcha del 24 tal vez marcó un quiebre

Lo que se sintió en una mayoría de lugares centrales o apartados de todo el país, con epicentro en una Plaza de Mayo desbordada como pocas veces o ninguna, no fue solamente el Nunca Más.

Lo que se sintió en una mayoría de lugares centrales o apartados de todo el país, con epicentro en una Plaza de Mayo desbordada como pocas veces o ninguna, no fue solamente el Nunca Más. Fue salir a protestar contra Milei, diríase que en proporción directa con el reclamo de una alternativa opositora.

24M marcha Plaza de Mayo Aerial people gathering at Mayo Square on the 50th anniversary of the beginning of the last military dictatorship (1976-1983) in Buenos Aires on March 24, 2026. In Argentina, March 24th is a day of mourning, marches and political disputes. Fifty years on from the coup d’etat, thousands of people are taking to the streets again to commemorate the victims of a dictatorship that the government of far-right leader Javier Milei is seeking to rewrite. (Photo by Juan Mabromata / AFP) (JUAN MABROMATA/AFP)
El Presidente que supimos conseguir sufrió dos golpes de aquellos esta semana. Uno, indisimulable hasta el punto de guarecerse en las redes y terminar reivindicando a Alfonsín, radicó en las concentraciones populares por el 24 de marzo. Al otro, la sentencia en Nueva York por el caso YPF, se lo atribuyó como victoria exclusiva para intentar encubrirlo.

El Gobierno no se esperaba lo sucedido el martes. O podría ser que lo haya intuido porque, por ejemplo, el engendro fílmico que perpetró para hablar de “memoria completa” se diluyó de inmediato. Careció de garra. El que lanzó el año pasado para la misma fecha, bajo idea de un service histórico como el Tata Yofre, sí tuvo su impacto. Éste, en cambio, pareció hecho casi hasta con desgano. Ni siquiera fue tomado en cuenta por los loros oficiales.

La cantidad y composición de las manifestaciones, según reconocieron en obvio off desde Casa Rosada, los impresionó aún más que la marcha en defensa de la Universidad pública, hace pronto un año. Pero hubo un agregado.

El Gobierno lo tradujo como una salida a la calle de protesta generalizada contra su gestión. Y lo tradujo bien.

Lo que se sintió en una mayoría de lugares centrales o apartados de todo el país, con epicentro en una Plaza de Mayo desbordada como pocas veces o ninguna, no fue solamente el Nunca Más. Fue salir a protestar contra Milei, diríase que en proporción directa con el reclamo de una alternativa opositora.

El Gobierno tuvo que llamarse a silencio y “reaccionó” con la desopilante conferencia de prensa de su jefe de Gabinete, quien no parece haberse enterado de que es un occiso político. Las caras de los ministros que lo acompañaron daban para una película de Buñuel. Y apenas lo respaldó con un mensaje de pocas líneas la Presidenta operativa. La Hermana. El Hermano, en términos prácticos, se dedica a twitear a cualquier hora, viajar a costa de “la nuestra” rumbo a actos o premios truchísimos y ser entrevistado por sus pajes. El Gobierno administrativo propiamente dicho, el cotidiano, lo delega en Karina.

Luego o a propósito, ante el fallo histórico de la Justicia estadounidense en favor de YPF, Milei posteó “Ganamos” en su cuenta de X. Lo reforzó con una cadena nacional que, como se describió en un meme, más parecía una rueda de reconocimiento.

La desfachatez del Presidente es inconmensurable, pero no insólita.

Por un lado, ignora que la Cámara de Apelaciones neoyorkina justificó que nuestra Constitución está por encima del estatuto de una empresa.

Eso es exactamente lo que, por decisión de Cristina, esgrimió Axel Kicillof en 2012. Era viceministro económico y se tomó el control de la compañía, a 20 años de que el menemato la privatizara.

Vale la pena, y cómo, conmemorar lo que dijo ante el Congreso el gobernador bonaerense que, por entonces, era también interventor en YPF. Varios articulistas y parlantes mediáticos, en todos estos años, se dedicaron a reproducir las palabras de Kicillof ante el Congreso como símbolo de su irresponsabilidad, matonismo e ignorancia. Y ahora resulta que la Justicia estadounidense le dio la razón.

“Créanme que si uno quería comprar acciones para entrar a la compañía y pasaba el 15 por ciento, pisaba la trampa del oso y tenía que comprar el ciento por ciento a un valor equivalente a US$ 19 mil millones. Porque los tarados son los que piensan que el Estado tiene que ser estúpido y comprar todo según la ley de la propia YPF, respetando su estatuto, (porque) si no dónde está la seguridad jurídica. Señores, fue una empresa, se reunieron y dijeron “¿cómo podemos hacer para que nadie nunca intervenga en el control de la economía?”.

Es sensacional que el tribunal estadounidense acabe por confirmar la lógica de aquél argumento de Kicillof aprobado por el Congreso de la Nación. Pero lo es más todavía que nuestra caricatura presidencial se arrogue el derecho de adjudicarse la victoria jurídica y, como si fuera poco, adjudicándola a su alianza como vasallo de los Estados Unidos.

¿O sea que la independencia judicial tampoco existe allí, porque según Milei su paraíso liberal también se rige por las transas políticas y de sujeción a los dictados del otrora Imperio? Chocolate por la noticia, pero de ahí a pretender negarlo desde el manual del anarco-capitalismo hay una distancia “moral” que, vaya, reíte de Manuel Adorno.

Andan en problemas dialécticos quienes justifican cuanta cosa haga o diga el Gobierno en función de su “rumbo”.

¿Cómo hacen ahora? ¿Reconocerán que Cristina, Kicillof y los pérfidos kukas estaban en lo cierto y proyectual cuando tomaron la mayoría accionaria de YPF, que es lo que permitió impulsar nada menos que Vaca Muerta porque la compañía es su operadora principal liderando la producción y, junto con ello, todas las líneas de reconversión y exportación energética?

¿O se ampararán en la deshonestidad intelectual de decir que, en efecto, “ganó Milei” porque queda demostrado que trae sus beneficios ser una mascota de Washington?

De hecho, ya ocurre esto último. Pero la pregunta es, antes, cuánto influye esta noticia -y otras- en la interpretación masiva.

Por supuesto, lo dictaminado por la Justicia estadounidense no le quita el sueño, mayormente, a nadie. No está, ni de lejos, a la altura de la preocupación por los precios, el poder adquisitivo, los alquileres, etcétera. Y eso es un símbolo preciso de que en lo cultural, bien que normado por “lo político”, hay asimismo problemas desafiantes.

¿Quiénes están ganando la batalla cultural por el sentido común?

En el suplemento especial que publicó La Tecl@ Eñe por el aniversario del golpe hay, entre otros, un artículo magnífico de María Pía López.

La socióloga y ensayista dice allí que este Gobierno es el de una decidida transformación económica, que sabe que para persistir debe ser cultural.

Cita una entrevista de los últimos meses de 2019 realizada por la Agencia Paco Urondo, en la que Horacio González advierte que “la cultura es lo que nos baña, nos identifica, lo que nos hace hablar como hablamos y discutir como discutimos (…) La cultura es la estructura secreta de todo lo que se hace, incluso en materia de economía”.

María Pía agrega que esa idea anima la batalla, justamente cultural, que lleva adelante la ultraderecha.

Y refuerza que, mientras en el campo de los movimientos y partidos democráticos y populares aparece, no pocas veces, la noción de que lo cultural es superfluo o secundario, las derechas más agresivas saben que las permanencias se juegan en esa dimensión simbólica y material a la vez.

En ese sentido, las impresionantes manifestaciones en todo el país por el quincuagésimo aniversario del golpe establecieron, quizás, un punto de inflexión. O un principio de tal cosa.

Además del número de gente, muchos se sorprendieron y conmovieron por la cantidad de piberío. En este mismo espacio, hace una semana, reflexionamos en torno a la necesidad de mantener consignas básicas pero con otra dinámica, otras palabras, otra renovación. Lo cultural, precisamente.

De cara a eso, sirva un primer apunte mucho más intuitivo que elaborado. Como se charlaba en medio y al cabo de las marchas por el 24, en grupos de colegas y analistas diversos, se notó que la participación adolescente y juvenil fue superlativa. No eran, sólo, las minorías intensas que siempre producen las grandes sorpresas argentinas.

Hubo, hay, habría, la novedad de algo más significativo. Hablamos de pibes y no tanto, sueltos o en agrupaciones inorgánicas, ajenos a los aparatos, que ya no son el “producto” individualista, desconcientizado, aparecido inmediatamente después de la pandemia y capaz de votar a Milei.

Son, o parecen, esos pibes y no tanto que ya constatan el sufrimiento de sus familias, y de ellos mismos, sin laburo o con varios acumulados para gracias si llegar a unos días antes de fin de mes. Endeudados, deprimidos, sin horizonte de mejoría. Con una suerte de loquito puesto a Presidente que sigue vociferando en torno al equilibrio fiscal y a las operetas mediáticas que sufre, mientras sus funcionarios son más casta que nunca. Igual o más corruptos que “siempre”.

Tal vez, ese tipo de participación no es una novedad.

Tal vez sea que venía gestándose y que -para variar- periodistas, intelectuales, analistas y sabihondos varios no la vimos venir.

En cualquier caso, bienvenidos a esa Argentina que siempre, sin comillas, vuelve a descubrirnos que puede o podría deparar algo mejor.

Por Eduardo Aliverti

Fuente: Página 12