“No nos han vencido”

Taty Almeida suele repetirlo y no por eso deja de ser una gran verdad. Hoy, desde todas las plazas del país, se le demostró al gobierno de Javier Milei, a los negacionistas y los Videla que “no nos han vencido”.

Taty Almeida suele repetirlo y no por eso deja de ser una gran verdad. Hoy, desde todas las plazas del país, se le demostró al gobierno de Javier Milei, a los negacionistas y los Videla que “no nos han vencido”. Mal que les pese, la memoria no se clausura con una polémica por el número de desaparecidos. Borges lo dijo a su manera: “Con que hubiera sido uno solo estaba de más”.

Esa marea que cubrió a la Argentina envió varios mensajes, tanto al gobierno como a las organizaciones políticas y sindicales de la oposición. Son muchos, son miles, varias decenas de miles que salieron a tomar las calles, las avenidas, las plazas para repudiar aquel último golpe de Estado, para reclamar justicia por los desaparecidos, para que de una buena vez los responsables de este plan sistemático digan donde están. Pero no se olvidaron del presente.

Por caso, demostraron que hay una muy importante porción del pueblo que no solo reivindica la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, sino que en estos tiempos los traduce también -atenta la CGT, atento el PJ- en la defensa de los derechos laborales que el gobierno conculca a través de una indigna ley que votó el Congreso, incluso con la ayuda de algunos peronistas.

Este mensaje, cada vez más masivo, se amplía, se extiende hacia otros reclamos como la necesaria organización política que se requiere para recuperar el gobierno y devolverle lo quitado (robado) al pueblo.

Entonces, este 24 de marzo bien puede ser considerado como el comienzo de un nuevo proceso político-social. En primer lugar la toma de conciencia de que el modelo libertario no es vencedor, que se puede doblegar.

Por otra parte quedó claro que la juventud no es libertaria. La cantidad de jóvenes, adolescentes y niños que poblaron las calles argentinas dan cuenta de que hay rebeldía y que hoy se expresa en no ser libertario.

Y aunque parezca una nimiedad, también quedó claro que la alegría sigue estando de este lado. Porque el reclamo de justicia, de defensa de la vida no requiere ceños fruncidos, ni gritos de guerra ni de desprecios. Los cánticos, las batucadas, el corretear de niños entre la multitud, los padres y madres jugando con ellos, da cuenta que la alegría es fuerza, compromiso, militancia, reclamo, exigencia por un país más justo para todos y, sobre todo, la confianza de que, como nos recuerda siempre Taty, “no nos han vencido”.

Por Felipe Yapur

Fuente: Página 12