Salta: La médula de la pobreza

El último informe de Indec revela que la provincia de Salta registra menores niveles de pobreza que el país (dato del primer semestre de 2017). Las estimaciones son llamativas, teniendo en cuenta que Salta se encuentra en la región más postergada del país

El último informe de Indec revela que la provincia de Salta registra menores niveles de pobreza que el país (dato del primer semestre de 2017). Las estimaciones son llamativas, teniendo en cuenta que Salta se encuentra en la región más postergada del país y que sistemáticamente apareció como una de las provincias más pobres. Sin poner bajo tela de juicio el procedimiento llevado a cabo por el organismo, cabe advertir que la pobreza que mide el Indec es la pobreza monetaria. Según su metodología, un hogar típico compuesto por un matrimonio (ambos de 40 años) que tienen 3 hijos deja de ser pobre si el ingreso del hogar iguala o supera los $15.578 por mes.

No obstante, la pobreza es un fenómeno que va más allá de la escasez de ingresos. La pobreza es un fenómeno complejo que se constituye a partir de la suma de privaciones que enfrentan las familias. Estas privaciones van desde la dificultad para acceder a agua segura o a educación de calidad, hasta la posibilidad trunca de conseguir un trabajo bien pago o formalizado. En un intento del Ielde (Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico de la UNSa) por medir la pobreza abarcando varias de sus dimensiones, Salta registra una incidencia de 40,3% contra un 25,2% a nivel país.

Pensar el problema de la pobreza a través sus privaciones no materiales es verdaderamente útil, fundamentalmente porque hay problemas que no pueden ser resueltos por el ingreso de las familias. Mucho menos si ese ingreso apenas supera la línea de pobreza. Esta semana salió a la luz que una comunidad salteña en la Quebrada del Toro debía recorrer 6 km para conseguir agua potable. Las consecuencias negativas de esa carencia es casi lineal, mucho más para los niños que no tienen los elementos necesarios para resistir o revertir la situación (muy probablemente sus padres tampoco).

El problema de la pobreza es hereditario. La pobreza se reproduce y las desigualdades dentro del país, pero también dentro de la provincia postergan su erradicación (por no decir que la arraigan más). Para comprender mejor esta idea, nos pongamos en el lugar de un niño que asiste a la escuela primaria en el departamento Rivadavia (el más pobre de la provincia según el último censo de población). O, sin ir más lejos, en los zapatos de una niña que asiste a la escuela de un barrio o de una villa de la ciudad. Ahora nos preguntemos ¿Qué posibilidades tienen estos niños de interrumpir la transmisión intergeneracional de la pobreza? ¿Tienen las mismas oportunidades que un niño que asiste a una “escuela del centro”? ¿Hace falta plantearnos la diferencia entre las herramientas que les damos a estos y las que adquieren los niños que acceden a una institución educativa privada? Finalmente pensemos: qué probabilidad existe de que la situación futura sea diferente a la actual.

Fuente: El Tribuno